Resistencia en el flanco débil

marzo 06, 2011

Tanto porno gratis cansa



No nos engañemos tampoco, con la literatura pasa como con el poder de la sangre de Drácula, así por un ponernos hammerianos, que sí, que sí, que lo sabemos todos, que la sangre es la vida y toda la pesca, quién lo niega, pero también un cansinamiento servil, una chufa. Estar vivo, chufa; muerto, chufa también; y ya muerto pero no muerto, pues qué va a ser, la rechufa de dios es cristo, un ni chicha ni limoná de hacinamiento aburridor, sobre todo por las noches, claro. Pues la literatura eso, la literatura lo mismo, una chufa bien gorda. Lo guapo es la escritura, qué duda cabe, como lo guapo de lo vampiro es el morder, bien chupar las carótidas de las lozanas mozas neumáticas del villorrio y de tanto en cuando, por qué no, pimplar también de sus blanquísimas tetas de porcelana tierna, si es menester. ¡Ay de mí!, la de tiempo que eché al barro de crío queriendo ser Clint Eastwood cuando en el forro del ínterin lo que quería es ser Christopher Lee... Lo mío es y ha sido siempre la minusvalía, está visto, y digo yo que será por eso que de repente todos los abrigos me van anchos y enseguida el frío me mete un gol por lo bajini: me siento en franca disminución. Y es que va todo tan rápido y tan a trampantojo que no me alcanza el día para parpadeos de estupefacción. Aún me acuerdo, no sé cuántos de ustedes, pero yo desde luego, cuando no existía la mierda esta del internet y cosas como hacerse una buena paja, Private en mano, o robarle media hora al sueño del sobre para leer un mal libro marcaban el límite y la diferencia entre el garboso donaire y lo patibulario. La Hez de los Tiempos es ahora...

Así como nota al pie de esto que digo, contaré, por ejemplo, que el otro día S. me recordó que yo, como él, como tantos, aún formamos parte de esa generación de hijos intrumentalizados, adiestrados en la técnica y la ciencia del cambio de canal manual, cuando nuestro padre, desde lo apoltronado del sofá, nos instaba tan amablemente y sin pedirnos voluntarios a levantar nuestro culo y cambiarle de cadena, a ver qué ponen en la segunda, ya que el mando a distancia era aún un porvenir o un esnobismo de pijo. Y henos aquí ahora, adheridos a la pantalla y el teclado y el facefuck hijoputa, que hasta levantarnos a cagar nos sabe mal, no sea que nos perdamos la última soplapollez de ingenio machihembrado... La próxima hiperrevolución que me pille bajo el mar y ceniza.

Lo mejor, lo más divertido, lo más súper, es este subidón de falsa libertad que te imprime en el alma y sobre todo en los dedos cantores. La Red, qué gran impostura, qué trampa para ratas de barrotes invisibles tan bien currada, con esos aires logradísimos de ser cada cual tan libre de soltar lo que buenamente quiera o le venga en gana a la punta de su chorra. Cuando aquí el único libre de verdad sigue siendo el de toda la vida, el malvado, el cabrón mal nacido de coño de mujer, ya desde el primer día sin el vello del escrúpulo o la vacilación.



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