Resistencia en el flanco débil

septiembre 27, 2012

Las noches del Buen Retiro de Pío Baroja



Las noches del Buen Retiro, Baroja cosecha del 34, Baroja último o casi casi; Baroja antepenúltimo. En esta novela Baroja hace el retrato de un trepa, de un advenedizo, cuenta la historia de un mierdas, pero lo hace por oposición, es decir, que cuenta la historia de Jaime Thierry, un tipo que es todo lo contrario de un advenedizo y un trepa, un tipo, en suma, de los que apenas hay ni apenas hubo, cuya única obsesión en la vida no es la posición ni es la comodidad ni es la tibieza; no es evitar a toda costa el pasarlas putas. Thierry es un idealista, un romántico, un remador contracorriente, o lo que es lo mismo: un perdedor. Una de esas raras almas que antes prefieren dejarse morir de amor que el indigno engordar y el envejecer cicatero de la buena sombra que cobija. A todos, antes o después, nos llega la ocasión de enomorarnos de la mujer equivocada, pero sólo unos muy pocos se avienen a semejante insensatez. Y de entres estos pocos ajenados, son locos contadísimos los que, además, saben tirarse a las vías de ese tren con prestancia y estilo.

septiembre 09, 2012

Last Night

Digue de Mer, Ostende, reflets de lumière (1908) de León Spilliaert                                                  

¿Qué pasa?

¿Qué?

¿Que qué pasa? ¿Por qué tienes esa cara?

No sé... "qué pasa"... Estoy triste. Supongo que eso pasa.

¿Por?

No soporto la idea de que las noches deban acabar. La idea de que el silencio y la oscuridad morirán en apenas unas horas. La idea de que el sol y la madrugada quemarán todo esto por sobreexposición. Todo esto que ahora respiramos, todo esto que ahora somos, todo esto que no volveremos a ser más. La idea de que mañana toda la maldita pesadilla empezará otra vez de cero, y de que habremos de sobrevivir a los estragos del día y de los hombres si es que queremos volver a sentir la noche en los huesos. Apenas un par de horas de sagrada nocturnidad refrescando nuestros castigados huesos. Como ahora...

Pero habrá más noches...

Yo no quiero otras, quiero ésta, sólo ésta... Eso es lo terrible... La idea de que ésta no pueda ser la última noche, la última y eterna oscuridad. La idea de que no podamos coger ahora mismo una carretera y enfilar la nada, de que antes de poder llegar a cualquier sitio, cualquier ningún lugar, habrá amanecido, la penumbra y el silencio se esfumarán, y con ellos la locura, y con ella todo lo mejor de nosotros mismos.

¿Sabes?, la melancolía puede llegar a ser una enfermedad...

Tampoco esperaba que lo entendieras.

   

septiembre 06, 2012

Lo opuesto de lo british



Lo pongo aquí y volveré a ponerlo donde fuere menester, hay que ver qué bueno es Graham Greene, coño. La de años que me he pasado sin leer todo lo suyo, eso es lo que pica. Qué gilipollas.

Viajes con mi tía es un alegato contra lo british. Todo lo british. Ser british y sentirse british apesta como una mala cosa, ser british es una atonía, ser british es aburridor. No te da apenas el sol y siempre está húmedo, hay que llevar paraguas en todo momento, se bebe té en lugar de café y se folla siempre con la luz apagada y en la del misionero. Eso si se folla. Greene pudo dimitir del catolicismo algunos años más tarde, a las puertas de la muerte, le entró el canguelis y volvió a comulgar, por si aquello de las moscas... No seré yo quien me atreva a reprocharle el feo, pero pudo dimitir del catolicismo, como decía, pero jamás le alargó lo suficiente el pundonor como para hacerse saltar los sesos de lo british. Él lo supo. Fue consciente. Por eso se lanzó este ladrillazo, este boomerang, este responso de Viajes con mi tía contra la cabeza, a ver si por un casual se acertaba en plena mochera y se le iba tanta estirada tontería.

A George Cukor le gustó tanto cómo Greene puso a caer de una burra a sus camaradas british que hizo una peli que podría estar bien ver cualquier día de éstos, si es que alguna vez volvemos a oír llover.

Lo opuesto de lo british es lo hardcore. Folla siempre, folla mucho, folla bien y no mires con quién. Folla hasta los noventa años. Habrá quienes a eso lo llamen fornicación, pero se trata de gente a la que toda la sed de vida se les desagüa por el diccionario mojigato.

Lo opuesto de lo british, como decía, es fumarse las flores en lugar de sentarse a verlas crecer. 



Travels with my aunt (1969) de Graham Greene