jueves 4 de febrero de 2010

Todo lo demás es porno

Me pregunta S. que si me volvió a dar por ahí, a si volví a escribir algo se refería, ya saben, actualizar y todo el rollo; que si ya me podía dar por perdido definitivamente para el blogogallinero o qué coño estaba pasando conmigo; que si tenía en cuenta qué imagen estaba dando de mi persona tener en primera plana tanto tiempo a Hitler con el lagrimal abierto, tal que si fuese humano y demás tremendismos. Que si basta ya de este silencio y esta indolencia, en suma, como si en verdad me hubiesen de quitar el sueño aquellos que no sabiendo leer entre líneas piensan que toda imagen ha de ser por fuerza como su sentido de las vidas —no sólo la suya, también las de los demás, tiene cojones—, esto es, contumaz y monosémica. O lo que es lo mismo, como si el problema lo tuviese yo en lugar de ellos... Acabáramos.

Pero es cierto, me debo un momento fuera de este mundo patibulario en el que el rigen bifrontes tanto la ley del más mentecato como la irregular cadencia de los intestinos. Cinco minutos aquí y veinte allá para asuntos y entremeses prohibidos en el manual de instrucciones de los adictos al meridiano de la tibieza. Benditas anormalidades, rarezas, exangües ilusiones cuyo soslayo me diezma a la par que me posterga. En este caso la responsabilidad es sólo mía, lo reconozco.

Otro tema bien distinto es que de un tiempo a esta parte, no sé cómo demonios, recala por aquí puntual gente que sabe apreciar, dejando huella además, lo que me desconcierta no poco, justo cuando yo ya me siento ajeno a cualquier solución de continuidad y/o escape, pero en fin, les agradezco la molestia y les aprecio los parabienes. Si algún día alcanzo a recucitarme o bien sobreseerme quizá sus ojos pacientes lo contemplen y en ese preciso entonces exclamarán: ¡¿pero qué coño?!

Conque a la mierda un poco todo, supongo que algunos comprenderán.


miércoles 6 de enero de 2010

Portraits of Adolf


Der Bannerträger ("The Standard Bearer")
de Hubert Lanzinger (1935)


"Nunca he olvidado la impresión que me produjo Hitler al entrar en la sala. Yo había visto al Führer una vez, en la primavera de 1939, en un gran desfile militar organizado con motivo de la visita del príncipe regente de Yugoslavia. Mi regimiento participaba en ese desfile y yo estuve a unos treinta metros de la tribuna donde se encontraba el Führer. No hacía niguna falta ser nacionalsocialista para dejarse impresionar por su fuerza, su dinamismo y su vitalidad. Ésta era la imagen que yo conservaba, reforzada por las que ofrecían los noticiarios y los periódicos. La persona que se presentaba ante mí aquel 23 de julio de 1944 no se parecía a aquélla. Ya no era el "Füher del Reich de la gran Alemania combatiendo por su destino", sino un hombre de cincuenta y cinco años con aspecto de anciano, encorvado, jorobado, con la cabeza hundida entre los hombros, el rostro muy pálido, los ojos apagados y la piel grisácea. Caminaba despacio, arrastrando la pierna izquierda, y tenía una herida leve en el brazo como consecuencia del atentado. Guderian se encargó de las presentaciones. Con una sonrisa fatigada, me tendió una mando blanda mientras murmuraba unas palabras de bienvenida. Me quedé estupefacto. El héroe celebrado por la propaganda del régimen era una ruina. ¿Cómo era posible? Con el paso de los meses, empecé a entenderlo. En aquel momento, tuve la impresión de estar contemplando una figura de cera. Me dije que el Reich estaba regido por una ruina humana".

En el Búnker con Hitler
Bernd Freytag Von Loringhoven
(en traducción de María Pons Irazazábal)

Hitler, la novela gráfica (Gekiga Hitler), de Shigeru Mizuki (1971)

sábado 2 de enero de 2010

Watch TV

Volvió el frío y volvió el viento. Son las cinco y casi media de la madrugada. Creo que soporto bien el frío. Pero odio el viento. Claro que morir de frío es una de las peores muertes que puedo imaginar. Otra que tira para atrás es morir ahogado. El viento aquí nunca es noticia, forma parte del pan nuestro, de los que vivimos por aquí, o mejor: de los que habitamos esto. Se utiliza la palabra "vivir" con demasiada alegría. He encendido la estufa. Me estaba helando. Me gusta el frío, sí, pero qué le voy a hacer, soy de gen meditarráneo. Querría más norte en las venas, ser más escandinavo, que no inglés. Danés, noruego, sueco. Finés no, que ya bastante afán suicida acarreo de serie... El viento ahora ya no se escucha apenas, pero ha pegado duro todo el día. Hay que estar atento y cerrarle la puerta en las narices antes de que se te cuele dentro. Si no, estás perdido. Te vuelves loco. Te vuelve loco. Más que del revés, te vuelve del envés la cabeza. Como un calcetín. Un cerebro detonado. Las circunvoluciones fuera de tiesto: espagueti-western, Sam Peckimpah. Por eso hay que domarlo, de alguna manera, al viento; zafarte de su aliento vampiro. Por eso quiero que sea el principio de un relato que empieza y acaba en Philip K. Dick: a uno de los personajes, de buen inicio, lo despierta el viento. El viento contra las ventanas, asiendo del gañote a las persianas, zarandeándolas. Luego está el tema de las distopías que vienen. Lo que es un absurdo, porque nunca se entra ni se sale de la utopía negativa. Todo allá afuera —y acá dentro— es distopía y es tránsito y es feísmo. Locos de atar y para que nos encierren. Por el viento que sopla, por el tiempo que se escapa. No la distopía que vendrá ni la utopía que pudo ser, sino la heterotopía que somos... Otra cosa para el apunte: desde ayer no hay publicidad en la televisión pública, según parece; por lo que Agustín Fernández Mallo debe andar de luto. Requiescat in pace, sí. Pero queda telecinco y queda antena tres, y también la cuatro. Y, cómo no, queda la sexta, ella y sus presentadoras, tan reguapas, y cada una con su par de tetitas, tan pien puesto. A mí es que lo afterpop debe haberme pillado tarde. Soy de la vieja escuela. Así que donde haya pechuga no me pongas al negrito del africa tropical. Que me rebelo.


Solomon Kane El Puritano en el año 2010

Sombras de Robert E. Howard (1):


Cubierta original de The Sword of Solomon Kane, nº 3 (enero 1986)


"En el fondo de los sombríos ojos de Kane había comenzado a relucir una luz brillante, como un fuego mágico que resplandeciese bajo inmensas capas de frío hielo gris. La sangre fluyó más rápida en sus venas. ¡La aventura! ¡La dramática atracción del vivir peligrosamente! Sin embargo, Kane no era consciente de tales sensaciones. Le pareció que expresaba con toda sinceridad sus sentimientos cuando dijo:
—Tales sucesos han de ser obra de alguna potencia demoníaca. Los señores de las tinieblas han desatado una maldición sobre la comarca. Precisaréis de un hombre fuerte para combatir a Satanás y a su poderío. Por eso iré yo, ya que he desafiado a ambos en más de una ocasión."
"Skulls in the Stars"
(Weird Tales, enero 1929)
Calaveras en las estrellas, relato de Robert E. Howard
en traducción de Javier Martín Lalanda



Solomon Kane de Neal Adams para Kull and the Barbarians nº 1 (mayo 1975)

viernes 1 de enero de 2010

¡¡¡Tolkien sin adulterar, tío, que yo paso de metadonas!!!



Miren por dónde, por una vez, y sin que sirva de precedente, el tal José Mota dio en el clavo...


miércoles 30 de diciembre de 2009

Si la mochila ajusta...

Ya ven, perdiendo el tiempo con el Photoshop en lugar de dormir las horas que a uno le pide el cuerpo. Les invito a hallar las diferencias que, a la vista está, no llegan a siete...




Imagen: José Ortiz, 1986



¿Y total para qué? Para perpetrar barbaridades... Como de costumbre.

domingo 27 de diciembre de 2009

Emiten Piratas del Caribe 2, o lo que es lo mismo: La Disney méandose en William Hope Hodgson


1) Artículo sin desperdicio de José Ramón Vázquez en Prospectiva: ¿Steampunk, Retrofuturismo o CF Vintage... Quién da más?


"Al rebufo del éxito que está cosechando el steampunk han aparecido dos nuevas visiones retrofuturistas, que cambian la energía que mueve la tecnología imposible y, por supuesto, las constantes propias del escenario. Quizá las más pujantes hoy día sean el clockpunk (en la que los mecanismos de relojería y las invenciones de Leonardo son de uso cotidiano en el Renacimiento) y el dieselpunk (radicado en el periodo de entreguerras con el art-decó y las dictaduras nazi y stalinista, aunque en amplio sentido podría entenderse obras como Mad Max dentro de la definición), aunque de acuerdo a este espíritu y clasificación no es descabellado que un futuro surjan términos como atomicpunk (del que la saga de videojuegos Fallout sería un claro exponente) o stonepunk (encabezado por Pedro Picapiedra y su uso de dinosaurios como objetos tecnológicos de uso cotidiano)."

No hay nostalgia peor que añorar lo que jamás sucedió
José Ramón Vázquez

2) A través de El Sitio me entero de que el fantasma de las navidades futuras se adelantó una barbaridad y se nos llevó al gran Dan O'Bannon, guionista de un montón de películas grandes del moderno fantástico; Alien, Dark Star, Muertos y enterrados, Heavy Metal, Lifeforce, El regreso de los muertos vivientes, Invasores de Marte (1986) y Desafío total, entre otras.


3) Sombras de Edgar Allan Poe (1):



y 4) Fragmento (literal) para la saca: Alimentar la mente de Lewis Carroll, Gadir Editorial, 2009.




viernes 25 de diciembre de 2009

De cuando tenerlos bien puestos no era políticamente incorrecto...



En la navidad más que en cualquier otro calendario se hace bueno el dicho aquél, ése que canta: a cada cerdo le acaba llegando su San Martín... Miren si no lo de Berlusconi el otro día, ¡zas!, en la boca; y ahora lo del Sumo Padre Ratzinger, besando el suelo, sí, la lona, pero a lo bestiajo y en modo involuntario. Está claro que en Italia están que lo tiran, que andan con la iconoclastia por las nubes y hasta los cojones de mamonadas, con ese afán de navidulear el mundo que ya les dio allá por el 45, cuando colgaron a Mussolini y la Petacci a curarse al sol en plan pernil camisa negra con denominación de origen. Pena que hoy día para darle a los tiranos y demás impresentables de turno lo suyo, sin por ello caer hasta los restos en la casilla del talego, previamente se habría de desatar una guerra, mundial a ser posible, con mucha profesión de barbaridades explosivas y sangrientos sinsentidos, abundante en crímenes contra la humanidad y demás genocidios. Y no parece estar el horno para semejantes bollos, aún... El tema, empero, no es tanto saber que antes o después, cabronaco o no, hideputa o no, te van a acabar dando pasaporte. La cuestión reside más en qué clase de jamón se va a convertir uno. No sé ustedes pero yo me siento cada vez más perro verde, más extraterrestre, alienado y ajenado y exógeno de todo cuanto se suele convenir por vida, por existencia, por mundo. Me la suda un poco todo y me resbala todo un mucho. De ahí, por supuesto, el largo silencio, este inescribir de prácticamente dos meses que fue hasta ahora y aquí, que aquí y ahora tengo el mal gusto y el indecoro de destruir. Espero me excusen el ripio y la cursi eufonía, este finolis esteticismo barato y de marca blanca, si les confieso que al menos el tiempo lo empleé en la mayor salud que puede haber, esto es, leer cosas chulas, de bien ponderar, que a nada bueno conducen, cierto, que a ninguno salvarán de la quema, pero que ahí están. Como Berlusconi-Nosferatu, que ahí lo tienen también, está visto, ardiendo en deseos de ponerse a las órdenes de la autora de cul(t)o por excelencia, la de los chupasangres fashion, Stephenie Meyer: de aquí a seis meses disponible en sus librerías y la próxima Pascua en sus pantallas... Qué bonito es el mundo sin el olor del napalm por la mañana... ¡y qué soplagaitas!

jueves 29 de octubre de 2009

De pedidos al río



Yo es que lo asimilo todo del revés, a contrapié, un poco como el tiburón aquél del chiste, que nadaba para atrás y vomitaba personas, fíjense qué hallazgo, maravillas, más que del rewind, del ingenio idiota, que hay mucho por ahí y muy bien repartido. De modo que alguien mencionó al manco de Lepanto no sé dónde y a partir de ahí ya mi mente antónima se puso en harina: la noche siguiente soñé que era un provecto y orondoescente Don Francisco de Quevedo y Villegas, y que dos de las tres piernas me hacían declive. Ahora que está por venir el día chorra de todos sus muertos, Los Muertos, qué menos que llenarme la locura de honores para con este ilustre cadáver, maestro de cinismos. Hablando de cojitrancos, ya por desvariar, me dice el diablo bueno y cojuelo del vecino de arriba que si no estoy ya más que harto y yo como si oyendo llover, ni caso, pero el tipo contraataca, se me pone pesado, en plan tenemos la mejor oferta en telefonía para su body, cómo se atreve usted a rechazar que le perdone la vida... A lo que respondo de qué: "¿de qué debería andar hasta aquí, mamarracho?". Me suelta que soy gilipollas, que tome el dinero y corra, a vivir y follar y zampar pralinés, que son dos días, para qué amargarse el entremés con tanta bilis... Nos ha jodido el aladino de los huevos, que tengan que correr por ahí sin bozal semejante turba de iluminados, con la de gente guapa que anda en el paro. Enseguida lo espanto de un manotazo, luego otro, tres, uno más, van cuatro, pero no sirven, dispone, al parecer, de radar a la cornamenta incorporado. Le vaporizo orín de gato en la tochana, a ver si ahueca, y eso sí lo desanima. Se desustancia acto seguido echando pestes de mis muertos, Los Muertos, y algún que otro mefistofélico pedo de propina. Hiede a hospital y a sala de espera: a inesperanza y cafeína. Sobre este particular, el del metano a traición, si seguimos a Quevedo y le damos la vuelta que más nos avenga, el pedo es un regüeldo dichoso que por buena ventura consiguió dejar atrás la bocaza y llegar al ojo del culo. De modo que no se me sorprenda ninguno si cualquier día de estos me planto y me fulmino con cualquier chiquillería. Que no, que no, que esta vida es todo aire enrarecido, me parece, pirotecnia maliciosa y mucílago en el alma rebasada la treintena. ¿Para qué alargar? No hay reserva ni hay conmiseración. Con una superfortaleza B-29 lo arreglaba, nos mandaba a todos allí donde el pedo pierde cuerpo a costa de nombre. Gas fuimos y en gas nos convertiremos. Y además, no sé, me parece que Carla Gugino ha perdido tetas, y esa es ya una recesión glandular que no puedo ni quiero aceptar. A la mierda.


martes 27 de octubre de 2009

Cravan ¿golpeador?



Viéndolo así, inmortalizado por la camarografía de entonces y facturado por youtube para que lo ría el mundo, el bueno de Arthur Cravan no parece ir mucho más allá de un monstruo de final de pantalla de videojuego de aquéllos, de hostias como panes, Final Fight, por ejemplo. Y un boss final, además, de los mediocres, de los primeros con los que te las tenías, de los de petarte con poca o ninguna dificultad. No extraña nada, visto lo visto, que los combates de verdad, contra boxeadores con todas las letras, con tablas, con técnica, con puños como tifones, los perdiese todos, del primero al último, aunque también está la posibilidad más que solícita de que se dejase ganar ex profeso, porque había apostado contra sí —asumiendo que la vitoria no estaba entre sus posibles—, y ello le proveía del dinero suficiente para ir tirando un tiempo y seguir de este modo sin pegar palo al agua, que al cabo era lo que importaba. Porque los intelectuales convencidos, letraheridos, diletantes y demás fauna de la bohemia, cualesquiera, los de ahora como los de entonces, lo último que quieren en la vida es trabajar. Y Cravan no fue esa excepción a la regla que confirme el axioma. Cravan fue sobre todo un querer y no poder. Un saberse en la ruta y en la encrucijada sin permitirse, por ello, dar un solo paso en dirección alguna. El marasmo lo devoraba. Todo era y a la vez nada era. Mejor crítico que poeta y mejor poeta que boxeador, por el sencillo hecho de que era difícil ser en nada peor que con los puños, su especialidad primera, no obstante, fue la provocación, quién sabe si por aquello de tener a Oscar Wilde en alguna perdida rama del árbol genealógico. Luego, llegado cierto punto de ignición, de masa crítica, atenazado por el miedo a las trincheras, su único impulso fue la huída hacia adelante, fabricarse a trampantojo esa insólita biografía y esa mistérica muerte —un poco al estilo Rimbaud, pero con menos clase—, que ganasen para él y para su memoria la posteridad que sus letras jamás le granjearían. Del hombre que tuvo por bandera que su felicidad no estaba en su cerebro, "está en mi juventud", no cabía esperar otro legado: todo brillantes promesas por confirmar... Claro que cuántos hay que ni siquiera prometen.