Resistencia en el flanco débil

noviembre 16, 2017

Harry Houdini




No echaré al fuego tus cartas, 
nuestras fotos, 
eso sería negarles en ese ajusticiamiento 
la obligación y el derecho 
de probar su número y su envergadura:
el íntimo contenido de su verdad.

Voy a dejarlas tiradas aquí,
a la intemperie de tu renuncia,
al sol y la sal
y el castigo del viento del desengaño;
ocre óxido de los días...

Voy a dejarlas tiradas aquí,
al abrigo de tu desalojo;
pierdo cuidado;
sé que no regresarás a salvarlas...

Yo me marcho lejos pero no me moveré de aquí;
voy a encerrarme en esta trampa de supervivencia,
sarcófago de puños cerrados,
agujero negro de masa incombatible:
me encierro para seguir viviendo,
lastrado de cadenas,
preguntas cuyo albur ya no reclamo,
sólo para traspasar el horizonte de tus sucesos...

Es demasiado peso.
Pero pierde cuidado;
escaparé a tu vórtice;
voy a lograrlo...

Y una vez fuera,
quién sabe,
tal vez algún rastro de cuanto fuimos
aún se sostenga en pie,
vestigio en ruinas de una civilización en colapso,
señal de que algún dios menor estaba de nuestra parte...



Será un entonces que hace noches que es pasado.
Tu tiempo y mi tiempo ya nunca han de ser el mismo... 

noviembre 14, 2017

Algún día...





Huídas hacia adelante, dejándome la boca llena de palabras interruptas, la mirada esclava, ovillo del terror en las costillas, sólo por esa sed melodramática de saber que si te giras, nunca lo hiciste, tenerme allí, saberme aquí, en el decorado del naufragio, viéndote irte; esa película barata, ápice de tu fiebre, que nunca protagonizaremos... Y no sólo eso: cuyo estreno nos sorprenderá exiliados de nosotros mismos, uno del otro, ajenos, cada cual en su silencio, a aquélla, nuestra estrecha indecible patria: lábiles minutos de fulgor eléctrico y un violeta transitorio. Ese algún día que ya no se sobrepondrá a nuestra frontera.

noviembre 13, 2017

El tiempo que se nos conceda...




Llegó la luz a duras penas, con el tiempo justo de vestir nuestra última esquina, voló después a hacerse otoño, y esta quietud de sombras que me ampara no la sospechará tu sueño, no quemará tu pecho con grutesca incertidumbre. 

La vida ya no nos espera, el viento combate los techos encendidos de la noche insomne en pos de una íntima locura que nos doblegue al fin, después de tantos años de incoherencia.

Llegó el invierno a su hora, como de costumbre, con la luz justa para desenfocar la esfera de lo que fuimos, volamos después, a hacernos noviembre, y este silencio de sol agónico de los últimos días, nos va poco a poco solidificando en la secreta y serena verdad de los muertos.