Memorial del búnker

diciembre 07, 2014

Rabia, rabia contra esa quieta noche...







No te adentres dócilmente en esa quieta noche.
La vejez debería delirar y arder ante el ocaso del día.
¡Rabia!, ¡rabia contra la luz que agoniza...!

Aunque asumen los hombres sabios que, al final, la oscuridad es justa
porque sus palabras no consiguieron desentrañar el relámpago,
no se adentrarán dócilmente en esa quieta noche.

Hombres buenos, los últimos hombres buenos, lloran por cómo
sus frágiles obras pudieron brillar al danzar en la verde bahía.
¡Rabia!, ¡rabia contra la luz que agoniza...!

Hombres audaces que en su vuelo tocaron el sol, le cantaron,
y aprendieron, demasiado tarde, que aquélla era también una senda de aflicción,
no se adentrarán dócilmente en esa quieta noche.

Hombres severos, cercanos al fin, que siguen mirando sin ver,
con ojos ciegos que podrían arder como se incendian los meteoros.
¡Rabia!, ¡rabia contra la luz que agoniza...!

Y tú, Padre, allá en tu Alta Tristeza,
maldíceme, bendíceme con tus feroces lágrimas, te lo ruego,
tampoco te adentres dócilmente en esa quieta noche.
¡Rabia!, ¡rabia contra la luz que agoniza...!


Versión libre de Javi Iglesias




noviembre 25, 2014

Opio de Jean Cocteau



Está la literatura de la droga y luego está la literatura del mono de la droga. 

Hay un buen fajote grande y pirindolo de literatura de la droga. Libros drogáceos que no te los acabas. 


La literatura del mono de la droga, en cambio, es bien poquita cosa. Hay que ponerse a buscar y rebuscar entre los estantes para encontrar algo de buena mierda.

La literatura de la droga es multimorfe y coloroide y garbosa y alegrosa. A todo jodido homínido a una pluma pegado y con el cerebro hasta las trancas de droga le sale fácil y de corrido manuscribir infolios en pleno subidón, con los que meses después el editor fachenda de turno hace su agosto.

La literatura del mono de la droga, sin embargo, es gris y escuchimizada, nada trempante, no invita más que a la inmunodepresión y el suicidio, y si es que al fin encuentra editores que la saquen al ruedo es sencillamente porque la de editor, amigos míos, es una profesión fenicia como las hay pocas.

Así las cosas, los únicos libros de la literatura del mono de la droga con los que vale la pena dilapidar el tiempo son los de William S. Burroughs. Cualquier libro de este pirado señor es a la vez literatura de la droga y literatura del mono de la droga. William S. Burroughs es la montaña rusa bipolar de la letra de la droga. El único problema es que para leer bien a este pendejo tenías que estar como una puta cabra y aún así, mochales de la cabeza, tampoco lo entendías un pijote. Lo cual no es óbice, fíjense qué bueno el dato, para que siga habiendo editores buitre que le  sigan dando mecha.

No obstante, yo vengo a hablar de Opio. Opium. Del Cocteau, Jean, padre de la Bella y peluquero de la Bestia. 

Opio es el diario desabrido y sin interés del mono de la droga del bueno de Jean. Qué cosas. Cosas de la náusea de la ausencia de la droga, se entiende...

Lo que cuenta es intrascendente. Lo que escribe importa tres carajos. Lo único que vale la pena son esos dibujitos guarros y trotones, dibujotes-esputo del mono del opio del bueno de Jean. Observen cómo a medida que pasan los días y el estado de carencia se hace apenas soportable, todo su pensamiento se vuelve verborrea aburridora y dibujitos a reventar de canutos de droga. 

Canutos, canutos, CANUTOS, CANUTOS, ¡por Dios que alguien me dé un CANUTO!... Dibujos del hombre-canuto y la mujer-canuto y el coño-canuto y el perro-canuto y el gato-canuto y la liendre-canuto y así hasta llegar al canuto-canuto, que es el día del alta de la clínica de desintoxicación y también el punto y final de este diario soponcio, también titulable, consejo para futuros editores sin escrúpulos, como "Diario de una Tostonación".

Así que no molestarse ninguno en leer este libro, recorten los dibujos marranos y forren con ellos sus antiguas carpetas de la TeleIndiscreta.







septiembre 23, 2014

Pinocho de Carlo Collodi



Literatura infantil. Reflexiones sobre la literatura para niños. Y niñas. Y niños. Y gente por lo general menuda de ambos sexos pero con la supervisión de un adulto. Dos puntos:

En antiguamente la literatura infantil no era para enseñar valores morales a los niños, qué va. En antiguamente los niños que tenían acceso a la literatura para niños eran niños de buena cuna todos, de padres con posibles casi siempre de derechas o al menos siempre lo justo reaccionarios, y esos niños, sus hijos, los hijos de los derechones, se entiende, venían siempre, además de con el pan de oro, con los valores morales bajo el sobaco. Así que no. En antiguamente la literatura infantil no era otra cosa que un pretexto para darle uso, lustre y vidilla a la chimenea esplendorosa del caserón: ¡Venid, hijos míos, que os voy a leer un cuento al calor del fuego del sudor de la frente del esclavo proletariado!

En modernamente, en cambio, los valores morales los enseñan todos, del primero al último, Maese Wert, con la inestimable ayuda del sin par buddy compi don Gallardonazo (ese dúo de cómicos), de modo que la literatura infantil ya no tiene otro objeto que el de sustentar las barrigas y las papadas de los popes del Negocio del Libro, entiéndase editores & distribuidores & libreros: ¡Venid, hijos míos, a desenvolver todos los tochanacos Stiltons majotes que os he comprado estas navidades, y luego os volvéis a reenganchar al Internete, copón!

A pesar de ello, la literatura infantil, la literatura para niños y enanos coñones, tanto la de en antiguamente como la de en modernamente, está repleta de reconvenciones, lecturas de cartilla y moralinas recalcitrantes. Digamos, pues, que la moralina es a la literatura infantil como el valor al soldado: no sólo se le supone, también se le espera. Y si no, nos enfadamos...

Es por ello que Pinocho, del don Carlo Collodi, si es que hay que leerlo... Y repito: "Si es que hay que leerlo", si no queda otra que leerlo, mecachis, en fin... en ese caso hay que leerlo sí o sí en la edición de Alianza Bolsillo, con prologuillo de don Sánchez "Jarama" Ferlosio, en el cual ya desde la primera página nos pone las verdades negro sobre blanco y sin ambages: Pinocho es una puta mierda reaccionaria y el único momento chupi es cuando cogen al muñecajo de marras y lo ajorcan del pino más alto... Toma ya. Eso. Ahí. Bien...

Ahora vamos con la repetición de la jugada, por si a alguien se le ha escapado detalle y no tiene acceso a iutub. La cosa fue tal que así:

Señor Alianza: ¡Hombreee!, ¡Rafa, qué alegría verte! ¡Cuánto tiempo, coño!

Rafa Ferlosio: Ya ves...

Señor Alianza: ¡Bueno qué!  ¡Cómo va todo, hostia puta! ¿Qué te cuentas jachondón?

Sánchez Fer: Pues ná... Por aquí... Tirandillo...

Señor Alianza: Jajaja... ¡Qué tío, qué tío!... ¡Oyes, contigo quería yo hablar, joder! Estooo... ¿Por qué no me escribes un prólogo pal Pinocho?, que lo tengo en el horno y a puntito de salir. Te doy tres mil pesetas.

Don Ca$h: ¿Tres mil dices?

Señor Alianza: Sí, tío, tres mil. Más no puedo, que la cosa anda flojarucha. Pero ojo, tres mil pesetas de las de antes, de cuando había Dios, no la mierda esa de euros que corren por ahí...

Mr. Alfanhuí: Bueno. Pues que sean tres mil, pues. Te lo hago... Pero que conste que voy a decir que el Pinocho es una puta mierda y el Collodi un cura cagón de las narices. Eso es innegociable...

Señor Alianza: Jajaja ¡Qué tío, Rafa! ¡Qué jachondo eres, la leche! Tú tranqui, hombre, escribe lo que te salga de la punta del nabo, que total esto es España y aquí no lee ni Cristo.

Fin.