Resistencia en el flanco débil

octubre 25, 2011

Carcelona cry


¿Otro blog pasado a libro? Sí, otro. Y la mili que nos queda... Lo de Melusina es de recibo. El arrojo de editar en formato libro blogs como en su día Juan Mal-herido y ahora Carcelona hay que reconocérselo. Ahí queda eso. Marc Caellas es un francotirador que habla de francotiradores que apuntan desde afuera, disparan desde la calle y no sobre ella, abren fuego sobre los edificios del establishment, no desde sus ventanas. Carcelona es el libro de un blog de una indignación que quiere responder a esta simple pero concisa pregunta: ¿POR QUÉ HABÉIS CONVERTIDO MI CIUDAD EN UNA PUTA MIERDA? Se trata de la indignación por una ciudad perdida, o mejor, una ciudad robada, sustraída día a día hasta convertirla en prisión. Eso sí, cárcel con marca registrada, cárcel de diseño. Barcelona es la isla penitenciaria de John Carpenter (1997/2013), pero con Presidente autonómico de por medio...

Caellas reparte la leña que es justa y aun otro poco de propina, su sorna y sátira, sobrias y sin embargo aceradísimas, van dirigidas a tres blancos bien diferenciados: de un lado los políticos y demás caterva de establecidos, trajeados chupópteros vendehumo que han visto en la ciudad condal la perfecta carótida sobre la que ensayar sus colmillos, llenar sus bolsillos y de paso tratar al respetable como si fuese gilipuertas; del otro lado los verdaderos gilipuertas del meollo, esas nuevas piaras tribales, todas ellas legión, que han transformado las calles de la ciudad otrora cosmopolita en un nuevo y patético freakshow de pesadilla: snobs, pedantes, posculturetas, moderniquis, fashion-weekers, guiris a tutiplén, goticazos, hiperconectados, blogomierders, twitterzombis, starbuckmaníacos y demás fauna impresentable, a la que en su día tan bien ya les enmendó la plana Carlo Padial en su hilarante Dinero gratis; y en tercer lugar están los durmientes, esos reclusos ensimismados en un falso sueño de libertad, ni siquiera conscientes de su condición de reos sumisos y obedientes. Vencidos y cabezas gachas transigentes que, como el kafkiano personaje del cuento Ante la ley, ni siquiera alumbran la posibilidad de estar habitando una prisión de muros transparentes.

Y parace que sí, que razones no le faltan a Caellas para todo su abanico de invectivas, pese al cual aquella mítica Barcelona de Vázquez Montalbán —la de Carvalho, por tanto— se antoja ya algo irremediablemente perdido, otra Atlántida para la lista, y que bien podríamos intercambiar el nombre de Barcelona con el de tantísimas otras ciudades, españolas y no, obteniendo en el empeño una más o menos idéntica radiogafía. Los rayos X de una mal degenerado y degenarativo. La placa de una demencia. Tal vez no haya remedio, pero al menos debería quedarnos el gritar desde lo hondo de nuestra celda acolchada. O bien el reírnos en la puta cara de tanto celador sinvergüenza.



octubre 20, 2011

Estasis de la memoria



Si no recuerdo mal fue Stephen Hawking quien dijo que la prueba de que el viaje al pasado es imposible está en no haber tenido aún noticia de ningún turista del futuro, que nos haya venido a contar qué tal nos pintará el pelo en los años por venir. Lo que Hawking da por sentado es que ese hipotético viajero, sí o sí, lo primero que haría es darse a conocer, anunciar a los cuatro vientos su venida, cual mesías. Pero cabe la posibilidad de que tal vez no le fuese posible rebelarnos su condición de hombre venido de otro tiempo. O bien no quisiese hacerlo, tal vez lo último que querría sería desvelar su secreto. Tal vez, de querer desvelarlo, otros como él se lo impedirían a cualquier precio... La jetée perfila la geografía de todas las historias que no pueden ser. Alguien aparece en nuestra vida. O aparecemos. Un breve encuentro. Un más o menos dilatado regalo de tiempo. Después desaparece. O somos nosotros los que desaparecemos. ¿De dónde surgió? ¿Dónde había estado viviendo toda su vida? ¿Adónde se fue? ¿Qué será de él?... A partir de ahí el Tiempo se liquida como dimensión, reedificándose en daño y en melancolía. Nos convertimos y nos convierten en viajeros al pasado, atrapados sin solución de continuidad en la estasis de la memoria. Muy probablemente Stephen Hawking no ha leído ni leerá a Rodrigo Fresán: "No hay calmantes que funcionen, no hay pastillas lo suficientemente poderosas o mágicas, que te ayuden a soportar o superar el dolor que te produce pensar en un nombre en tiempo pasado". Físicos y poetas no suelen ir a las mismas fiestas.


octubre 18, 2011

Cómo ser puta y además pagar la cama o Me encanta que me mangoneen


Este apenas libro entrañable comienza con una verdad luminiscente y vivaracha, léase así: "La mayoría de quienes opinan sobre el éxito tienen un corazón tan inequívocamente bueno que terminan escribiendo cosas perversamente falsas. La base de su argumentación es que prácticamente cualquiera que se lo proponga puede tener éxito. Esto es, un una palabra, mentira". Esto es cierto y no es cierto pero de cualquier modo mola un cacho. Un pedazo grande. Un pedazo gordo. Dijo Borges que este hombre, su autor, Enoch Arnold Bennett, fue un letraherido de porte tranquilo y domesticón, y en verdad que leyendo este opúsculo suyo, Cómo vivir con veinticuatro horas al día su título, parece que al porteño cegarruto no le faltaba razón. Qué garbo y qué desenvoltura, qué fino sentido de la ironía y que hábil uso de la psicología inversa, todo para decirte en la puta cara, eso sí, con la mejor de las intenciones: ¡Ey, man, que el mundo también necesita gañanes, qué te creías!... Que no todo el que aprende el abecedario puede ser un Marías ni todo el que sabe contar puede robar con la elegancia y apostura de un ex directivo de la CAM. Conque asume tu papel de arriero, anda. Sé un buen patán. Pero no cualquier patán, no un bracero del montón. Eso no. No me seas ordinario ni me seas zafio ni me seas basto. Lee poesía. Aprende Historia. Estudia Filosofía. En tu mano y sólo en tu mano, si te organizas bien la semana, está el ser o no ser de tu futuro como estibador ilustrado. Coño, qué risa.



octubre 15, 2011

Paisajes de azúfre y ceniza


Partiendo de la base de que el protagonista principal de todos los films de Werner Herzog, aun —y sobre todo— los documentales, es siempre el propio Herzog, no extraña mucho que la lectura de La soufrière sea algo así como yo, Werner Herzog, denuncio que los negros de la isla de Guadalupe están fatal de lo suyo, ¡antes de que yo denunciase este hecho nadie antes lo hubiera siquiera imaginado!... En fin. Herzog arriesgó el pellejo para filmar un pequeño fin del mundo desde dentro y en directo y al final el volcán se hizo el melindroso y le dio por no estallar. Putada grande. Conque Herzog tuvo que redirigir el discurso rápidamente, aprovechando de paso la coyuntura para hacer de su documental cataclísmico otra pieza angular de su particular museo del fracaso y de lo inútil. En realidad nada de esto importa demasiado, porque la fuerza de sus imágenes dice mucho más, imponiéndose sobre la voz narradora del mismo Herzog. Ahora que ya nadie habla del Fukushima feroz, ni por lo visto lo teme, ya que la radiación sólo es mortal mientras es noticia, el terror sólo es terror en la medida en que da cancha y cuartel a los medios de tergiversación masiva, está bien volver a ver La soufrière, pues ambos fenómenos se antojan de la misma naturaleza, sus paisajes quietos, ensordecidos por el rumor del silencio fantasmático previo a la catástrofe, nos remiten a un horizonte de futuro puede que no demasiado lejano: el de una civilización que una vez extirpado su principal cáncer, el hombre, no deja de ser un sitio agradable y tranquilo. Feo de cojones, pero agradable y tranquilo.


octubre 14, 2011

Le bunker de la dernière rafale o el Síndrome Maginot mal curado



La sombra de Caligari es alargada. La de Métal Hurlant, también lo suyo. Si a Kafka le hubiese tocado vivir la Segunda Guerra Mundial desde la trinchera, y hubiese sobrevivido, muy probablemente hubiese parido algo semejante a esto: Le bunker de la dernière rafale. Pesadilla en la que cierta suerte de expresionismo retroactivo y cierta suerte de grand guignol tóxico se dan la mano para hiperbolizar esta metáfora de la sinrazón intempestiva. (Sí, me han descubierto, en realidad cobro a tanto el adjetivo encasquetado...) La maquinaria de la locura devorando a sus hijos, los hombres, desde dentro. Los aceros y el cemento y la radiación y los circuitos eléctricos de la cumpulsión exterminadora alimentándose de la sangre y la carne y la razón vaciada de sueños. Aunque vestuario y simbología sean filofascistas y denuncien horrores totalitarios, tampoco se lleven a engaño: Jeunet y Caro, como buenos franceses, no remiten más que a su propia esencia de país invadido, su propia versión y experiencia del cataclismo europeo, conque este bunker de la ráfaga de ametralladora final debe tomarse, primero de todo, como el exudado maligno de cierta suerte de Síndrome Maginot... Luego vino Terry Gilliam, que ha visto mucho cine francés y es un tipo que siempre, sí o sí, cae así como simpático, y en cobrándonos por sus 12 monos, nos dijo: esto es un remake guapo que me ha salido de La jetée... Pero resulta que no, que el tío nos la estaba dando con queso.

LE BUNKER from kapelaans on Vimeo.


octubre 12, 2011

Moreau's Island, Remake


Brian Aldiss, como también Stephen King a su manera, es de esos autores que no sienten escrúpulo ninguno a la hora de reincidir en el nada velado tributo a sus mayores. Más concretamente, Aldiss revisitó a Mary Shelley y Bram Stoker, respectivamente, en sus Frankenstein desencadenado y Drácula desencadenado. Pero antes de éstos escribió su particular relectura de H. G. Wells: La otra isla del doctor Moreau, novela que no sólo pretende ser homenaje y remake del clásico de Wells, también se lee como secuela de aquél, y cabe decir que en todas estas pretensiones, a la vista de los resultados, naufraga con todo el equipo. Lo que es una pena, porque al principio promete, Aldiss apunta en un buen montón de líneas interesantes que, sin embargo, nunca explota hasta sus últimas consecuencias: Nueva Carne, sexo interespecie, cobayas humanos, el estigma prometeico, sometimiento y poder, la Guerra Total y las armas de destrucción masiva de diseño, así como el sempiterno debate acerca de la fe en un Dios que consiente el dolor y el padecimiento... Decididamente, mucho relleno para un pavo tan raquítico.

Como todo remake que se precie de semejante nombre, si no hay vuelta de tuerca sobre el original la cosa no tiene razón de ser, de modo que mientras el Moreau de Wells era un alma podrida que actuaba acicateada por la típica y gótica locura de conocimiento, esa suerte de science fever tan propia del XIX, el Moreau de Aldiss es, como aquél, otro monstruo en lo espiritual, pero también, y he aquí el giro, en lo físico: un tullido de la era de la farmacología, un residuo mutado de la era del bienestar, un tarado desde su mismo nacimiento que, movido por el rencor hacia ese mundo de la normalidad que lo convirtió en desecho, consagra su tarada existencia a investigar la plasticidad y los límites de la carne. Un igual y un semejante, por tanto, de los humanimales habitantes de la isla wellsiana.

Corría el año 1980 y este Aldiss bajo de forma, lejos sus días de pilar de la New Wave, finiquitaba su particular Frankenstein's Island no sin cierto maniqueísmo milenarista: cuando los monstruos de la Razón choquen y hagan la Tierra pedazos, transformándola en un infierno de radiación y ceniza, habrá llegado la hora del circo de la tinieblas y su dantesco espectáculo de freaks neocárnicos... Pero cinco años antes, un jovencísimo Cronenberg, ya por aquel entonces ballardiano, nos había insinuado sin ambages que el fin de los tiempos —del tiempo del hombre, se entiende— sería implosivo, que se haría desde dentro y que se engendraría en el sexo.



octubre 10, 2011

Welcome to Humanimal's Park



De las cuatro principales de H. G. Wells, La isla del Doctor Moreau la barrunto la más floja. Oro para El hombre invisible, plata para La guerra de los mundos y el tercer puesto del cajón para La máquina del tiempo. Así que el buen doctor bisturí tendrá que conformarse con un diploma olímpico. No hay más. Lo que aún no he decidido es si eso significa que es lo peorcillo de la camada o simplemente lo menos bueno. En general con Wells siempre me ocurre lo mismo, que lo acabo leyendo con el piloto automático, como por consenso: como esos profesores brillantes que jamás debieron pisar un aula: antes de iluminarte con su talento ya te han noqueado con su murga. Un poco eso.

De cualquier modo, que no se diga que sólo me interesa la ruina, que no se diga que digo que ésta novela es poco más que un Mad Doctor de pacotilla, si es que al final hay que sacar algo en claro que sea esto: lo que diferencia al hombre de las bestias no es la laringe, es decir, el lenguaje, o lo que es lo mismo, el pensamiento, sino el uso que uno y otras le dan, sobre todo si conduce a engaño, de tal modo que el hombre no es tal, el bebé no deja de ser bestia para convertirse en hombre hasta que llega el día en que aprende a mentir. Sea.

Por lo demás, La isla del doctor Moreau es un Michael Chrichton anticipado, un Jurassic Park victoriano.



octubre 05, 2011

El poeta que quiso ser río



Hoy me he puesto en faena pensando que yo también quería decir la mía sobre la traída y llevada polémica Kodama-Remake, pero enseguida me han entrado ganas de mear, y sucedió que en orinando me dio por echarme otra cuenta y he decidido que no, que paso, que basta; sólo diré, eso sí, que de un lado está María Kodama, viuda de Jorge Luis Borges, autor de Pierre Menard, autor del Quijote (este dato es relevante); y del otro está Agustín Fernández Mallo, autor de El Hacedor (de Borges), remake, libro que ya se había secuestrado a sí mismo mucho antes de que los abogados de Kodama lo secuestraran, esto es, que nadie hablaba ni había hablado de él hasta la fecha de la dicha polémica, ni lo compraban, ni lo leían, ni lo entregaban a las llamas, y digo yo que por algo sería (este dato es relevante también). Y después están los de en medio, aquellos terceros, multitud en discordia, ansiosos por de decir cada uno la suya respecto a la tan traída y llevada polémica Kodama-Remake (todas ellas, ésta inclusive, del todo irrelevantes). Sin comentarios. Todo el conjunto en sí daría bastante risa si no fuese porque es mucho más patético que gracioso.

Así que en lugar de decir lo que pienso de la tan traída y llevada polémica Kodama-Remake, lo que voy a hacer es hablar de James Dickey.

Al parecer James Dickey fue un pez gordo de la poesía norteamericana. Los años 60 fueron su cresta de la ola. Escribió algunos buenos libros de poesía y ganó algún que otro premio de categoría. Luego se pasó a la novela y eso fue el punto de inflexión: escribió Liberación, primera novela con la que dio la campanada al convertirla más tarde John Boorman en película de culto, semilla del subgénero american redneck. El mismo Dickey escribió el guión del film, por el que fue nominado al Oscar. También se guardó para sí un pequeño papel de Sheriff local con pocas ganas de papeleo. Dickey estaba de moda. Incluso el Presidente Carter le encargó en 1977 el poema para su Investidura... Poetas escribiendo para políticos. ¿Se lo imaginan aquí?... Yo casi puedo verlo: Leopoldo María Panero recitando en el Congreso uno de los suyos en la Investidura de Rajoy. Eso sí sería gracioso... El caso es que después de aquello Dickey siguió escribiendo y publicando libros, pero ya nada fue lo mismo, su estrella se había apagado. Y hoy día de él casi no se acuerda ni Dios.

Sobre todo si hablamos de un Dios en castellano. No tengo noticia de ninguna traducción de sus libros de poemas, y sólo de dos de sus novelas, Hacia el mar blanco, y la mencionada Liberación, ninguna de las dos, por cierto, actualmente en catálogo de sus respectivas editoriales. Liberación figuraba en la lista de las 100 mejores novelas de todos los tiempos de la revista Time y en la de las 100 mejores del siglo XX de la Modern Library, pero yo tuve que comprar mi ejemplar a través de un ciberportal de coleccionismo siruja. Tirado de precio, eso sí: tres euros de nada. Aunque también lo entiendo. ¿Quién querría en su casa un libro cuya portada es Burt Reynolds despechugado y en pose chulesca? Yo, por ejemplo... Pero bueno, tampoco estoy descubriendo nada nuevo, lo de la poesía traducida en este país también es de chiste: no sólo no puedes encontrar nada de Dickey, tampoco puedes ya conseguir nada de lo muy poco editado en su día de Ferlinghetti, pero sí en cambio nuestros editores andan locos por traducir cualquier zurullo que Kerouac decidió dejar por escrito —en rollo de papel higiénico o no—. Ni que decir tiene que Kerouac me parece un poeta mediocrísimo.

Así pues, ¿qué es Liberación? Que la adaptación tendenciosa de Boorman no les lleve a engaño, Boorman filmó la piel de esta novela pero no su carne, su fibra; nada de lo esencial del texto de Dickey está en las imágenes de esa película. De modo que no se queden en los mensajes de legítima defensa y reivindicación de la supervivencia del más fuerte, tampoco en el retrato de cierto gótico profundo americano —sospechemos que hasta cierto punto amañado—, porque el corazón de la novela nada tiene que ver con eso. Como indica ya desde su mismo título Liberación es el rescabrajamiento de una moral, la rotura de una presa, la liberación, en ocasiones incluso la eyaculación de un fuerte instinto panteísta: voluntad de fundirse con la naturaleza, ser uno con la tierra. Liberación es la voz de un poeta que quisiera dejar de ser hombre para convertirse en río. Tal cual. El aserto de que la ciudad, con su ruido, su miseria, su tristeza, su agonía, esta puta mierda de civilización que entre todos hemos montado, poco o nada tienen que ver con la vida.



octubre 02, 2011

Todos los hemingways El Hemingway




El engaño Hemingway es una novela de ciencia ficción sin ciencia y a la vez una novela de serie negra sin macguffin. Su excusa argumental no se tiene en pie pero aun así hace cosquillas, y es ésta: que existen multitud de universos paralelos en los que la literatura primeriza de Hemingway, la famosa maleta perdida llena de sus primeros cuentos, de verdad interesa a alguien... Que nosotros habitemos este universo idiota en el que ya ni siquiera la buena literatura de Hemingway apenas es capaz de interesar a unos pocos no obsta el goce de esta pequeña joyita de Haldeman, quien, a pesar de ser muy consciente de que no podrá escribir nunca un libro mejor que Guerra interminable, ni en éste ni en cualesquiera otros universos, idiotas o no, sigue intentándolo y de tanto en cuanto se acerca, como aquí, como en ésta, El engaño Hemingway, que se antoja, se cata y se degusta, ante todo y sobre todo, como un inteligentísimo ejercicio de metaliteratura, aderezado aquí y allá con escenas de sexo yanqui, esto es, pacato y más bien destrempador... Y sí, en efecto, en la medida en que están leyendo esto y no otra cosa, a mí en lugar de a otros cualesquiera, habitan ustedes un universo muy del lado equivocao de las vías. Conque suerte y al toro.