Resistencia en el flanco débil

marzo 21, 2011

Near Future: Distopías Posibles y Cocos Temibles

Miren por dónde, aprovecho que ya es primavera nuclear en el corte inglés y me cambio la fotico, sustituyo entrecejo malalelehe por jeto de panoli enteradillo tan falsamente seguro de sí mismo, y de paso me cargo la sección de comentarios, que con eso ahora va y barrunto que pasa un poco como con Borges, aquello de los espejos y las mujeres, que son malvados y perversos porque multiplican el número de los hombres. Pues los comentarios lo mismo, multiplican sus voces, que suele ser casi casi lo peor de cualquier hombre, su voz y su aliento y su esencia a sobaquillo, y total, para voces estúpidas con la mía basta y hasta sobra. De todos modos, ya saben, si tienen algún hijoputa o tus muertos que tirarme a la cara, no se corten, por ahí anda mi correo, es muy fácil, es sólo un clic, seguro que la mayoría están en posibles de hacerlo. Que no se diga que la LOGSE fue en vano, coño.

Aprovecho también esta entrañable coyuntura de sangrías africanas y bombardeos varios, y que ayer en la pachanga de los domingos me reventaron las pelotas de un balonazo, y me siento, en consecuencia, más ligero, más cabrón, más inhumano, más me importa todo tres carajos, para darle un poco de bola a la vena egomaníaca y tirarme el moco de escritorzuelo con maneras, que a veces incluso eso, a veces incluso escribe mierdas distintas, mierdas que no son ésta.

Así, por ejemplo, esta semana sale de las imprentas el CaldodeCultivo nº 6. Near Future: Distopías Posibles, con un cuento de aquí este menda, de título "La última ola", y que es algo así como una Road Short Story bastante incómoda, con mucho colorín apocalíptico y también, ironías de esta vida chusca, con un tsunami dentro. Qué cosas.




Este viernes 25 de marzo, a las 20 horas, en la sala EAT MEAT de Barcelona (C/Alzina 20. Metro L3 Fontana), habrá presentación oficial de este número distópico, con recital apoacalíptico-poético a cargo de Riot Über Alles y Joana Abrines, performances sonoras de Rocket in My Pocket y concierto de Edith Crash, chansonnière post-punk. Fiesta a lo grande, vamos.

Por lo demás, aquí va la nómina de escritores y artista gráficos que colaboran en este número:

TEXTOS:

SERGI PUERTAS — SOFÍA RHEI — JULIO D. WALLOVITS — CARLO PADIAL — PILAR ADÓN — MARIO CUENCA SANDOVAL — ROBERT JUAN-CANTAVELLA — JOANA ABRINES — GERARD GIL — FCO. JAVIER PÉREZ — RIOT ÜBER ALLES — CARLOS ALMIRA PICAZO — JAVIER MIJE — ALBERTO R. TORICES — JOAN RIPOLLÈS IRANZO — KATY VIVES PHIPPS — DANIEL MARES — MARÍA ARRANZ — CARLOS BE — PABLO FRAILE DORADO — JAVIER IGLESIAS PLAZA — LUIS A. TORRES MORENO — IVÁN DÍAZ SANCHO —

OBRA GRÁFICA:

BAS KOOPMANS “BASTER” — MARCO ZAMORA — MIKE SWANEY — DANIEL MUÑOZ “SAN” — ESCIF — LEVI VAN VELUW — RIOT ÜBER ALLES — AXEL VOID — IRENA ZABLOTSKA — JORDI EROLA — ROSH — MANO DE PAPEL — ALBERT BERTOLÍN — RAI ESCALÉ — EULÀLIA ROSAS — ROGER HAUS — JÚLIO DOLBETH — MËGAN — ROUGHTATTITUDE — EVA ALONSO — NIL BARTOLOZZI — SANTIAGO MORILLA — JULIÀ PANADÈS — ASIONE — ROBRIOT — MARTÍN LÓPEZ LAM — UNAI REGLERO —


A pie de página y a título personal, en mi papel de, ejem... ¿"editor literario"? de este invento distópico caldocultivense, figure y parta desde aquí mi más sincero agradecimiento a todos los escritores y plumíferos que he tenido la oportunidad de conocer y tratar gracias a este número, y que se avinieron desde el principio a aportar su parte para que semejante proyecto fuese posible: Pilar Adón, Joan "Laputta" Ripollès, Alberto Torices, Sergi Puertas, Fco. Javier Pérez, Pablo Fraile Dorado, Sofía Rhei, Daniel Mares, Mario Cuenca Sandoval, Javier Mije, Carlo Padial y Joana Abrines. Un agradeciemiento especial para todos vosotros.

Cambiando de tercio, dar noticia también de que el que será último número de El Casco, el número 25, dedicado al "Coco" —sí ya saben, "o si no vendrá el coco y te cogerá y toda la demás mierda..."— y publicado por la gente de Aristas Martínez, también está en la calle desde hace un tiempo. Mi cuentecillo para este número, "Estibando almas", tiene el honor de figurar en el índice junto a los de tipos que admiro cantidad, como Javier Esteban y Fco. Javier Pérez, sin ir más lejos. Un lujazo. Y la revista otro lujazo. Qué menos. Gracias a Cisco Bellabestia y Sara Herculano por este regalo.


marzo 14, 2011

La bestia de la guerra




Despierto más de lo que amanezco
Y allá fuera la Ciudad Muerta
Me contempla con una sonrisa de diente
Sabiendo que me enterrará
Con todos los silentes honores reservados a la medianía


Despierto más de lo que amanezco
Y allá fuera la Ciudad Muerta
Es el desierto
Arenas rojas, marcianas de puro locas
Dunas en tsunami con la cresta infectada de soledad


Despierto más de lo que amanezco
Y allá fuera la Ciudad Muerta
Ensaya Desdre
La he vuelto a bombardear en sueños
Hedor a napalm y carne quemada por la mañana
Huele a victoria virtual, es decir, a derrota


Despierto más de lo que amanezco
Y allá fuera la Ciudad Muerta
Es un paisaje lunar
Recurro al cáncer del insomnio
Como metástasis para llegar al hígado oculto de la pesadilla


Despierto más de lo que amanezco
Y allá fuera la Ciudad Muerta
Me echa el humo de tabaco a la cara
Dos de cada cuarenta de sus cadáveres habitantes
Morirán de nicotina, al resto los despachará el hastío


Despierto más de lo que amanezco
Y allá fuera la Ciudad Muerta
Susurra irrefragable mi nombre
Lanza contra mí flotillas de Enola Gays
Sus bodegas hasta las trancas de Hiroshimas de recuerdos



Despierto más de lo que amanezco
Y allá fuera la Ciudad Muerta
Es la trinchera total
Nunca más te volveré a ver
Sólo nos unirá esta carta última teñida de muerte
Manando tu sangre de mi pecho acribillado


Despierto más de lo que amanezco
Y allá fuera la Ciudad Muerta
Machaca mi cordura con el viento del absurdo:
Se muere como se vive
Repite
Se vive
Solo
Y se muere
Solo
Y pienso en Asimov
Aquel título suyo:
“Estoy en Puerto Marte sin Hilda”
Y de pronto me parece, aquello, sólo el título
Lo mejor que escribió aquel ególatra cabrón
De patillas imposibles
En sus más de 500 libros…

Luego despierto
Aún no ha amanecido


marzo 12, 2011

La media horita del rencor



Con lo bien que se estaba en casa, en modo uterino y con gana ninguna de asomar la tocha por el chochito del mundo y echar un vistazo, a ver qué se cuece. Este invierno empieza a sentirse más que nada como tabarra, es un latoso, un agonías. Anda ya a la mierda, hombre de dios, que caducaste hace semanas. Estos últimos coletazos danzudos son ante todo la pataleta rabiosa de un niño mimado, que no le compran lo suyo ni le están pendientes ni le ríen los mocos. Estás acabado. Afuera la lluvia, meando calvas y paredes, tiende la mano y da el toque de atención. Tu señorío de sombras está por durar el canto de un duro. Dura cada cosa lo que ha de durar, y todo lo que sea alargarlo aunque sea media hora ya más que una osadía es un detrimento.

Pese a todo, cuidado, que aquí la lluvia siempre contemporiza, nunca declara la guerra, lo pretende todo por la vía diplomática y sin arruinarse los bajos del pantalón, o lo que es lo mismo y a la vez paradójico, nunca se moja. Por eso llueve así, este llover sin hígado y sin pulpa de coraje, tibio como una pose, sin carácter, todo cicatería. Aun así la lluvia es lluvia siempre, eso también, eso por supuesto, y ésta de hoy no habrá que despreciarla, pues, si es que queremos que la anatomía de la melancolía vuelva a ser ella, si es que asumimos que necesitamos que recupere todo su fuelle. Y algunos lo hacemos, asimos dicha asunción. Porque algunos, no sé exactamente cuántos, pocos, cierto, pero algunos, los justos y suficientes más algún que otro espontáneo, lo necesitamos, así, sin más, que no decaiga, que no medre, que no eche la rodilla a tierra o se deje decapitar, que la anatomía de la melancolía, su íntima geografía de angustia y desasosiego quietos siga siendo ese estrecho equilibrio entre la furia y el silencio. Y esto que digo, que queda tan bien, así de plástico, tan de escaparate de barrio pudiente, pero que a la vez se entiende tan poco, tan nada, bueno, algo sí, espero, confío, algo mucho en función, digo yo, de quién o quiénes y lo que les pague el esfuerzo, se me presenta como revelación, casi como la exégesis de una nueva fiebre mesiánica, un satanismo de birlibirloque, procaz, aún con los restos de sangre y placenta por toda la cara, feúcho y estragado, sin pulir. Ya habrá tiempo, o no, cualquiera sabe, pero lo suyo es pensar que sí, de irle echando tientos, mordiscos de razón, por ver si apunta a algo o es más que nada una ñoñez, una pedorreta neural y si te he visto no me acuerdo: que viva el lugar común como vivieron en su tiempo las caenas.

Conque en éstas andamos, cuando sea que escampe esta mala hostia y regrese por donde vine, al útero de la casa y dentro una estufa, agua caliente, un sofá en el que apoltronarme a masticar las horas, los gatos encima, ronroneando la nada, lo sé, voy a releer lo de hasta aquí y lo primero que voy a decirme es esto: válgame Dios si estás hecho todo un gilipollas...


marzo 09, 2011

La flema que devoró París




Yo me hallaba allí más en calidad de desesperado chico de los recados que de corresponsal, hacía meses que había perdido la esperanza de encontrar un volumen anotado de la correspondencia entre Henry Miller y Anaïs Nin. Era un encargo de Nicasio, Nicasio Térpolo, un amigo de Malpartida de Plasencia, quien a su vez lo quería para regalárselo a una monja de clausura. Del convento de San Miguel de Trujillo. Que le hacía unos dulces que para qué... Y como muestra de agradecimiento —o pago por mejor no sepamos qué—, Térpolo quería regalarle el libro de marras, las guarrerías epistolares entre «el Henry» y «la June», y además en francés, que da más morbo... Hasta ahí bien, no parece demasiado complicado, ¿no? ¡No!, ¡no!, desde luego... el problema de base es que la monja dulcera del demonio el libraco ¡lo quería intonso!... Que si no es intonso no lo tocan sus manos beatas, me dice Térpolo que le dijo la servidora de Dios, y a partir de ahí quien estuvo bien jodido no fue otro que este servidor, pobre pecador.

Pues el tema fue, como decía, que yo había perdido toda esperanza, pero aun así tenía dicho a Marienne, ama y dueña de la librería Ferdinand Destouches, para más señas, sita en un oscuro confín parisién de cuya dirección concreta mejor no acordarse, que si alguna vez le caía en las manos semejante rareza bibliográfica y bibliofrénica tuviese a bien el guardármelo. Así que allí estaba yo, haciendo tiempo mientras esperaba a Marienne, que había salido a un recado, por ver si tenía buenas nuevas respecto a lo mío —lo de Nicasio y su dulcera beata, en puridad—, ojeando distraída pero estrechamente unos rarísimos ejemplares de Signal muy bien de precio, cuando el chaval aquél con cara de perro le dijo al padre, «¡que no!, ¡que nooo!, cómprame El Principito, ¡El Principito con dibujos, vengaaa!... », de lo que cabe deducir, así a bote pronto, que el niñato en cuestión lo que se dice muchas tablas no tenía, porque a ver quién es el guapo que me encuentra hoy en día una edición del susodicho principito sin sus monigotes made in «Saint-Ex». Entonces el padre, que debía sentirse muy maldito por haber contribuido a traer al mundo un vástago tan mostrenco, le contestó, «No hijo, no, esas mariconadas no... Te voy a comprar el Hazañas Bélicas». El niño hizo un mohín de cagarse en sus abuelos y acto seguido se sopló los mocos de su morro de carlino. El padre totalitario y paramilitar acudió al dependiente: «Quiero un Hazañas Bélicas, por favor... Es para mi hijo, sabe usted. Voy a hacerlo un HOMBRE... », a lo que éste le respondió tal que lo siguiente: «Aquí ya no vendemos esa basura, señor», quedándose tan ancho, el tío. El señor padre del hijo bobo y cara chucho se quedó poco menos que paralizado. Transido por la muerte y algo más. Aún más duro que la muerte. La ignominia. El deshonor. Lo habían acribillado los boches nada más abrirse la compuerta de su barcaza. Estaba frito. Cadáver inerte en las arenas de Omaha Beach, tan lejos de las medallas. Salvas al aire y banderas dobladas y festín de gusanos. Entonces el niño, que al parecer, todo y lo tonto y lo cánido, llegará a ser más listo que su viejo, se llegó hasta el mostrador gritando: «!¿Y El Principito, el Princi... El Principitooo, eh, eeeh?!... ¡¿EEEEH?!"... ». «Sí, mira niño, aquí tienes todos estos...».

Y así sucedió que en tanto el chavalillo mendaz empezaba a degustar —y olisquear— visual y táctilmente los principescos ejemplares del gran, del enorme Saint-Exupéry, los ojos desorbitados de emoción, desencajados los gordos carrillos por la alegría, fue que me apercibí de cómo el padre, rastrero y subrepticio, conseguía permutar su condición de petrificado por la de huido con el rabo entre las piernas y hacía mutis por el foro, ganando así la puerta de entrada, tan cerdamente.

De todo esto fui testigo yo no hace mucho, en la librería Ferdinand Destouches, el enésimo día que no conseguí la correspondencia intonsa de Henry Miller y Anaïs Nin, y cabe reseñar que lo fui en castellano, tal como lo oyen, lo leen, porque de todos es sabido que si hay una palabra en el orbe con la que los franceses no comulgan desde los días de la Liberación, ésa palabra es «colaboracionista», fenómeno sin par que explica, sin ir más lejos, por qué ningún francés, salvo su dueña y ama, Marienne, haya hollado jamás el cuidado parqué de tan pintoresco comercio, que distribuye buenos libros y mala leche desde 1983.




marzo 06, 2011

Tanto porno gratis cansa



No nos engañemos tampoco, con la literatura pasa como con el poder de la sangre de Drácula, así por un ponernos hammerianos, que sí, que sí, que lo sabemos todos, que la sangre es la vida y toda la pesca, quién lo niega, pero también un cansinamiento servil, una chufa. Estar vivo, chufa; muerto, chufa también; y ya muerto pero no muerto, pues qué va a ser, la rechufa de dios es cristo, un ni chicha ni limoná de hacinamiento aburridor, sobre todo por las noches, claro. Pues la literatura eso, la literatura lo mismo, una chufa bien gorda. Lo guapo es la escritura, qué duda cabe, como lo guapo de lo vampiro es el morder, bien chupar las carótidas de las lozanas mozas neumáticas del villorrio y de tanto en cuando, por qué no, pimplar también de sus blanquísimas tetas de porcelana tierna, si es menester. ¡Ay de mí!, la de tiempo que eché al barro de crío queriendo ser Clint Eastwood cuando en el forro del ínterin lo que quería es ser Christopher Lee... Lo mío es y ha sido siempre la minusvalía, está visto, y digo yo que será por eso que de repente todos los abrigos me van anchos y enseguida el frío me mete un gol por lo bajini: me siento en franca disminución. Y es que va todo tan rápido y tan a trampantojo que no me alcanza el día para parpadeos de estupefacción. Aún me acuerdo, no sé cuántos de ustedes, pero yo desde luego, cuando no existía la mierda esta del internet y cosas como hacerse una buena paja, Private en mano, o robarle media hora al sueño del sobre para leer un mal libro marcaban el límite y la diferencia entre el garboso donaire y lo patibulario. La Hez de los Tiempos es ahora...

Así como nota al pie de esto que digo, contaré, por ejemplo, que el otro día S. me recordó que yo, como él, como tantos, aún formamos parte de esa generación de hijos intrumentalizados, adiestrados en la técnica y la ciencia del cambio de canal manual, cuando nuestro padre, desde lo apoltronado del sofá, nos instaba tan amablemente y sin pedirnos voluntarios a levantar nuestro culo y cambiarle de cadena, a ver qué ponen en la segunda, ya que el mando a distancia era aún un porvenir o un esnobismo de pijo. Y henos aquí ahora, adheridos a la pantalla y el teclado y el facefuck hijoputa, que hasta levantarnos a cagar nos sabe mal, no sea que nos perdamos la última soplapollez de ingenio machihembrado... La próxima hiperrevolución que me pille bajo el mar y ceniza.

Lo mejor, lo más divertido, lo más súper, es este subidón de falsa libertad que te imprime en el alma y sobre todo en los dedos cantores. La Red, qué gran impostura, qué trampa para ratas de barrotes invisibles tan bien currada, con esos aires logradísimos de ser cada cual tan libre de soltar lo que buenamente quiera o le venga en gana a la punta de su chorra. Cuando aquí el único libre de verdad sigue siendo el de toda la vida, el malvado, el cabrón mal nacido de coño de mujer, ya desde el primer día sin el vello del escrúpulo o la vacilación.