Resistencia en el flanco débil

noviembre 11, 2011

La raro es la delicadeza



Llegó el año largo como llegan las buenas, desusadas noticias, aguacero a mitad de sequía, y duró apenas algo más de lo que tardan en deshacerse de sus cachorros los niños mimados. Duró tres inviernos, un verano. Duró lo que alargan los tifones en la sala de jugar de los dioses cuando éstos se han aburrido: ya nadie andaba mirando. Por eso se marchó impune, como parten los barcos de guerra de un puerto sin ciudadela. Nunca estuvo en su ruta, a su altura, recalar tan bajo, tan intempestivo, y hallar de repente –tremenda sorpresa– semejante vida, tan rico botín en aquella orilla, histórico lado equivocado de las vías. Se fue el año largo tras el saqueo, como se dice, a la francesa, sin adiós, sin siquiera el valor, en último término, de izar la escondida bandera pirata. Sólo dejó odio. Sólo sembró rencor. Noches en cuchilla sobre la garganta. La luz amarilla de la boca apretada. El lado de afuera de la delicadeza. Un buen puñado de arrasadas palabras. Palabras que cesan aquí.