Resistencia en el flanco débil

julio 12, 2009

Cartas desde el filo



Cuantos más julios acumula uno en el archivo de sus fracasos más en la licencia se nota y se sabe de asegurar que el verano, cualquier verano, todo verano, es una abrasión de las posibilidades. Sobre todo aquí. ¿De qué verano iba a hablar si no? La primavera apenas dura un mes, los más de los años tres semanas, a las que siguen de tres a cinco meses a los que ni siquiera se les puede calificar de purgatorio envenenado. Sales de casa recién duchado y un cuarto de hora después ya vuelves a ser una sopa de transpiración. Todavía no son las nueve de la mañana y ya te ganan la tráquea los primeros impulsos de cagarte en dios. A partir de aquí, todo cuesta arriba.

Quizá el tiempo sea elástico y yo venga aquí en tantas ocasiones a pasarme tres pueblos, eso es algo que ni se me ocurrirá cuestionar. Tal vez mi tiempo sea elástico, cierto, pero como lo puede ser un chicle mascado, por ejemplo, da de sí lo justo como para acercarte a la papelera más próxima y una vez allí evacuar. Claro que el mundo está lleno de hijos de puta que no tienen apuro ni escrúpulo en tirar sus chicles baqueteados al suelo. Son la misma clase de hijos de puta que dejan la mierda de sus chuchos al fresco, cuales escultores experimentales posmodernetas, en espera del ingenuo despistado que las pise, otorgándoles con ello la verdadera marca de espontánea originalidad... Esta suerte de raza de mamones bastardos de mil padres son algo así como los escultores del pueblo, no hay sociedad que pueda permitirse prescindir de ellos. Ni pretendiéndolo... ¿Soy un impresentable? Pues lo tienes fácil. Dejar de leer aquí y ahora.

Volviendo al tema. El tiempo, que no es elástico ni por asomo, más bien condenación de la propia e instransferible sustancia. Le debo correos a un montón de gente, cartas a otro montón, más reducido, pero montón, así como reseñas y lecturas a otros varios entes humanoides. En una palabra: tiempo. Que ni tengo ni quiero tener. Al fin y al cabo derrochar la vida y los discos intervertebrales en un trabajo de mierda sea eso: no tanto el tenerte reventado, con la lengua fuera en todo momento, como quitarte ese tiempo necesario para ser la persona que quieres ser. Poco a poco se deja uno upgradar a versiones cada vez más depauperadas de sí mismo, y así hasta que se da cuenta de que le han dado gato por liebre, como en Matrix, te dispones a subir la persiana de la ventana de lo posible porque en tu vida ya no hay un carajo de luz y de repente te encuentras con una tapia. ¿Hubo ventana alguna vez? No alcanzarías a darte una respuesta...

Michael Ende tiene el libro ese, Momo, que no he leído y muy probablemente nunca leeré. Por lo visto en él las personas mayores nunca tienen tiempo o algo así. Hay que joderse con el amigo Ende, qué preclaridad... El tiempo propio. El verdadero oro negro del asco de los días... Claro, pero está el reverso de la moneda: ¿y si de repente dispusieses de todo ese tiempo? ¿Serías entonces la persona que quieres ser? La respuesta es no. Por supuesto. FOMARE. O mejor: FUBAR: fucked up beyond all resignation.

Tan machacados y jodidos que ya no nos reconoce ni la madre que nos parió.



4 comentarios:

  1. Ende???

    Sí bueno, fue él el que escribió :" El tiempo es vida. Y la vida reside en el corazón."

    ??

    y luego vino Saint-Exupery, ¿ o fue antes?, y escribió :" No debí haberle escuchado- me confió un día-, nunca hay que escuchar a las flores. Hay que mirarlas y aspirar su aroma..."


    Dicen en los geriátricos que los viejos somos como niños, quizá por eso volvamos a releer los clásicos juveniles.

    Un saludo.

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  2. No sé si eres el mismo anónimo que creo, aunque diría que sí. Si estoy en lo cierto, creo que ya te recomendé en su momento, hace bastante, "Vuelo Nocturno" de Saint-Exupéry.

    En cualquier caso, ya que tú, que usted se me pone en plan geriátrico vengo yo y me planto en plan patagónico, y le recomiendo una película rijosa y entrañable: "Un novio para mi mujer".

    A ver si va a resultar ahora que aquellos que estamos -o parecemos- enfadados con el mundo las 24 horas de nuestra amargada existencia no podremos apreciar el aroma del tiempo y de la vida.

    Saludos.

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  3. Lo tendrá jodido cuando amplíen los días a 36 horas.

    Lo de enfadarse 24x7, digo.

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  4. Amigo Jorozez, no me cabe la menor duda de que cuando sea que los días se amplíen a 36 horas, esas 8 de más serán todas laborables, de modo que ni el asunto y ni la coyuntura cambian demasiado... con la salvedad de que si eso llegase a suceder estando yo entre los vivos, tendré el buen juicio de suicidarme a las primeras de cambio.

    Saludo.

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