Resistencia en el flanco débil

enero 29, 2026

Editoras de lo extraño (2024) de Amparo y José R. Montejano

 


 

   Comenzando en modo formulario, diré que este Editoras de lo extraño es, como su propio subtítulo indica, "Una historia cultural de editoras de lo fantástico", es decir, que hace un recorrido a través de la historia, sobre todo, de las revistas norteamericanas de ciencia ficción y fantasía, a través del trabajo en la sombra —las más de las veces ensombrecido— de un buen puñado de editoras, y cómo en varias ocasiones su intuición literaria —y femenina— y su firme voluntad de explorar nuevos caminos, hizo al género fantástico avanzar y ensancharse, por supuesto y por ende, enriqueciéndolo.

   El libro me ha gustado mucho, el libro me lo he bebido en día y medio, y lo primero y a bote pronto que se me ocurre decir es que no puedo por menos de aplaudir que un libro semejante no sea una traducción, sino que es obra e intención de autores y cerebros de aquí, los Montejano, y proyecto de una editorial tan pequeña pero tan osada como Dilatando Mentes. Bravo.

  Disfruté especialmente la historia y recorrido de August Derleth y herederos, al frente del proyecto Arkham House, sin cuyo sacrificio muy difícilmente el "edificio Lovecraft" sería hoy día el ciclópeo mastodonte que es. También me interesó muchísimo la parte dedicada a Judy-Lynn Benjamin, figura para mí del todo desconocida, y que fue en gran parte partícipe y responsable de un buen montón de clásicos de la ciencia ficción y la fantasía americanas en los años 70.

    En el debe, esencialmente, está que el libro se me quedó algo corto y, quizá lo peor, que evidencia cierto desequilibrio. El libro se vende como un muestrario de editoras weird e incluso los autores se cuidan mucho de darte una definición clara de qué consideran ellos es la "literatura weird", pero después con lo que te topas es con muchas editoras de ciencia ficción y algunas otras, las menos, de literatura weird. Y literatura de ciencia ficción y literatura weird no son la misma cosa, por más que compartan los gastos del piso... Vaya por delante que no me molesta en absoluto la atención dedicada a la ciencia ficción, antes al contrario, pero eché muy en falta la parte weird. Teniendo en cuenta que el libro llega históricamente hasta prácticamente nuestros días, se me hace difícil entender cómo es que no hay al menos un par de capítulos finales dedicados a las editoras, que sin duda debe haberlas, responsables de que hoy día prácticamente todas las colecciones de terror, fantasía y ficción oscura estén copadas por autoras.

   Esto es algo que no sólo no entiendo, sino que, en cierto modo, socava y sabotea la intención principal de la obra. Y aquí quien quiera entender, que entienda... Qué me diréis: ¿Que hoy día las condiciones laborales de las editoras han mejorado y se han igualado tanto que ya no es necesario incluirlas en un estudio que, no lo olvidemos, hace también las veces de pequeña denuncia? Me cuesta creerlo... ¿Que eso que pido requería mucha más horas de investigación, de documentación, y que, precisamente por el actual éxito arrollador de las mujeres en este nicho, se antojaba una tarea no sé si ímproba pero desde luego sí un un tanto abrumadora? Muy probablemente...

   En cualquier caso a mí, como lector, me interesaba más eso que saber que Isaac Asimov era un faldero y un sobón. Por ejemplo. 

   Para acabar, y a título personal, algo que no me gustó en absoluto y me sacó un tanto de la lectura precisamente en sus páginas finales, fue el que los autores dieran cancha y pábulo al sobado y ya un poco tostón y estomagante debate sobre si Lovecraft y demás autores clásicos del pulp, por supuesto todos ellos en su día grandes xenófobos, sexistas y reaccionarios, debían ser o no borrados de la faz de la tierra y del recuerdo y por supuesto de los anales de la literatura de género, o lo que es lo mismo: "cancelados". Me pregunto hasta qué punto no es contraproducente hacerse eco de estas posturas. Hasta qué punto hacerles de altavoz, aunque sea para dejarlas en evidencia, no es al mismo tiempo otorgarles carta de naturaleza y arrojarse uno encima barreños de quintacolumnismo.

    Abrir la puerta a los cretinos abanderados de la cancelación, por más que editen y publiquen literatura, y aunque sólo sea para dar fe de que existen, no es más que abonar la tierra para que su idiota simiente siga extendiéndose por doquier. Me parece que no hacía ninguna falta.


 

                                           Judy Lynn Benjamin y su esposo, Lester del Rey

 

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