Resistencia en el flanco débil

febrero 01, 2026

Reiraku (2017), de Inio Asano

 



    Me he bebido esta novela gráfica de una sentada, la mar de bien, aunque el tema que trata sea tan la mar de mal, o ni eso, la mar de normal, de triste, de amargo, la mar de la vida misma, vamos. Reiraku va de hacerse lo que va después de hacerse adulto, de ir asumiendo mal que bien, que el periodo esplenderoso ya pasó, y ahora lo que queda es en mayor o menor medida, la desilusión en casi todo, el inicio del en apariencia tan lento pero en realidad tan rápido declive de todas las cosas que fuimos y las cada vez menos cosas que nos quedan por ser. Hacerse estrecho día a día. Empequeñecerse ante el cuchillo romo de los días abrasándonos el cuero cabelludo. Órbitas cada vez más bajas y más aceleradas sobre el pozo helado.

    También va de los creadores, por supuesto, y de su egoísmo e individualismo, que son, me parece, innatos y probablemente sustanciales a la condición misma de espíritu creador. Y de su locura. Aunque también hay locura en los espíritus no creadores. Todo el puto mundo está loco a su manera. Y una de las diferencias esenciales, tal vez, resida en que los locos creadores expresan y escupen su locura al restos de sus semejantes, mientras el resto de semejantes y locos simplemente se limitan a vivir dejando que su singular locura los vaya royendo por dentro, a ellos y a todos los otros locos expuestos a su radio de alcance emocional.

    Y Asano sabe bien cómo retratar las interacciones entre locos de una naturaleza y locos de la otra, y cómo a veces un par de palabras arrojadas a la cara como el que te tira una palangana de agua hirviendo, dichas en el momento justo de la vida y pronunciadas por quien crees más importante en ese momento de la vida, pueden determinar tu destino y tu carácter de mierda para el resto de tus años en este mundo, sin que siquiera tomes verdadera consciencia de que acabas de trasponer tu cenit, y de que ya todo lo que queda por delante, siendo aún tanto, sólo va a ser desmoronamiento.

    Ningún segundo en este mundo es inofensivo. Ninguna palabra, inocua.

 



enero 29, 2026

Editoras de lo extraño (2024) de Amparo y José R. Montejano

 


 

   Comenzando en modo formulario, diré que este Editoras de lo extraño es, como su propio subtítulo indica, "Una historia cultural de editoras de lo fantástico", es decir, que hace un recorrido a través de la historia, sobre todo, de las revistas norteamericanas de ciencia ficción y fantasía, a través del trabajo en la sombra —las más de las veces ensombrecido— de un buen puñado de editoras, y cómo en varias ocasiones su intuición literaria —y femenina— y su firme voluntad de explorar nuevos caminos, hizo al género fantástico avanzar y ensancharse, por supuesto y por ende, enriqueciéndolo.

   El libro me ha gustado mucho, el libro me lo he bebido en día y medio, y lo primero y a bote pronto que se me ocurre decir es que no puedo por menos de aplaudir que un libro semejante no sea una traducción, sino que es obra e intención de autores y cerebros de aquí, los Montejano, y proyecto de una editorial tan pequeña pero tan osada como Dilatando Mentes. Bravo.

  Disfruté especialmente la historia y recorrido de August Derleth y herederos, al frente del proyecto Arkham House, sin cuyo sacrificio muy difícilmente el "edificio Lovecraft" sería hoy día el ciclópeo mastodonte que es. También me interesó muchísimo la parte dedicada a Judy-Lynn Benjamin, figura para mí del todo desconocida, y que fue en gran parte partícipe y responsable de un buen montón de clásicos de la ciencia ficción y la fantasía americanas en los años 70.

    En el debe, esencialmente, está que el libro se me quedó algo corto y, quizá lo peor, que evidencia cierto desequilibrio. El libro se vende como un muestrario de editoras weird e incluso los autores se cuidan mucho de darte una definición clara de qué consideran ellos es la "literatura weird", pero después con lo que te topas es con muchas editoras de ciencia ficción y algunas otras, las menos, de literatura weird. Y literatura de ciencia ficción y literatura weird no son la misma cosa, por más que compartan los gastos del piso... Vaya por delante que no me molesta en absoluto la atención dedicada a la ciencia ficción, antes al contrario, pero eché muy en falta la parte weird. Teniendo en cuenta que el libro llega históricamente hasta prácticamente nuestros días, se me hace difícil entender cómo es que no hay al menos un par de capítulos finales dedicados a las editoras, que sin duda debe haberlas, responsables de que hoy día prácticamente todas las colecciones de terror, fantasía y ficción oscura estén copadas por autoras.

   Esto es algo que no sólo no entiendo, sino que, en cierto modo, socava y sabotea la intención principal de la obra. Y aquí quien quiera entender, que entienda... Qué me diréis: ¿Que hoy día las condiciones laborales de las editoras han mejorado y se han igualado tanto que ya no es necesario incluirlas en un estudio que, no lo olvidemos, hace también las veces de pequeña denuncia? Me cuesta creerlo... ¿Que eso que pido requería mucha más horas de investigación, de documentación, y que, precisamente por el actual éxito arrollador de las mujeres en este nicho, se antojaba una tarea no sé si ímproba pero desde luego sí un un tanto abrumadora? Muy probablemente...

   En cualquier caso a mí, como lector, me interesaba más eso que saber que Isaac Asimov era un faldero y un sobón. Por ejemplo. 

   Para acabar, y a título personal, algo que no me gustó en absoluto y me sacó un tanto de la lectura precisamente en sus páginas finales, fue el que los autores dieran cancha y pábulo al sobado y ya un poco tostón y estomagante debate sobre si Lovecraft y demás autores clásicos del pulp, por supuesto todos ellos en su día grandes xenófobos, sexistas y reaccionarios, debían ser o no borrados de la faz de la tierra y del recuerdo y por supuesto de los anales de la literatura de género, o lo que es lo mismo: "cancelados". Me pregunto hasta qué punto no es contraproducente hacerse eco de estas posturas. Hasta qué punto hacerles de altavoz, aunque sea para dejarlas en evidencia, no es al mismo tiempo otorgarles carta de naturaleza y arrojarse uno encima barreños de quintacolumnismo.

    Abrir la puerta a los cretinos abanderados de la cancelación, por más que editen y publiquen literatura, y aunque sólo sea para dar fe de que existen, no es más que abonar la tierra para que su idiota simiente siga extendiéndose por doquier. Me parece que no hacía ninguna falta.


 

                                           Judy Lynn Benjamin y su esposo, Lester del Rey

 

enero 25, 2026

La decimotercera planta (Vol.I), de José Ortiz, John Wagner y Alan Grant

 


 

    Cómic con ya 40 años a sus espaldas que, sin embargo, encuentra hoy día una escalofriante relectura en los tiempos que vivimos, donde nos empieza a costar mucho trabajo distinguir qué imágenes están o no generadas con Inteligencia Artificial, Max es una calabaza de Halloween parlante inserta en el cerebro del superordenador de un edificio high tech experimental, capaz de crear tan terroríficas como falsas realidades sin otro objeto que amedrentar, y tantas veces matar, a sus enemigos de puro terror.  

    Si eres capaz de poner en un segundo plano lo repetitivo tanto de la fórmula como del esquema narrativos, no en vano estamos ante una publicación periódica, "La decimotercera planta" acaba siendo el para nada desfasado relato de una IA que comienza por ser el típico Vigilante Reaccionario, al tiempo juez, jurado y verdugo, para acabar mutando en un desatado y en colapso serial killer de muy armas tomar.

    José Ortiz, como de costumbre, deslumbrante.

enero 22, 2026

En busca de un personaje (1961), de Graham Greene




    Este libro es el diario que llevó Greene en su viaje a un lazareto del Congo belga como preparación/inspiración para su novela "Un caso acabado". En sí mismo, no tiene mayor interés que el de leer a Graham Greene reaccionando, por reflejo negativo, al absurdo que supone la escritura. Novelista ya ampliamente reconocido, Greene no hace más que recibir durante todo el viaje las más variopintas peticiones de escritorzuelos o aspirantes a serlo: ¿Por qué a todo el mundo le da por escribir? Greene acaba haciéndose siempre esta o preguntas similares... No es para menos... Escribir... Qué absurda monomanía... Y escribir del escribir, ya ni te cuento. ¿Será por el afán de posteridad connatural a una razón que se sabe condenada a su disolución? ¿Será por el connatural afán del individuo a darle la murga, la serenata y el tostonazo al resto de sus semejantes? Sea por lo que fuere, se ha escrito y se sigue escribiendo demasiado... Peña que no tiene nada que decir, escribiendo; peña que no sabe expresar lo que tiene que decir, escribiendo; Peña que ya escribió todo lo que tenía dentro, escribiendo; Peña que tenía cosas que contar, pero que nunca supo ni jamás sabrá cómo carajo hacerlo, escribiendo... Es de locos.

    Me queda la vaga esperanza de que ahora que vivimos la era del influencer y el bocazas tiktoker, el espacio aéreo de la escritura se vaya poco a poco liberando de una pizca de tanto ruido, no en vano escribir, aunque sea mal y sobre nada, es y será siempre mucho más difícil y laborioso que simplemente darle al botón de grabar y desovillar el terror de la sin hueso.

    Por lo demás, pese a que no son muchos los escritores a los que se me antoja necesario leerles absolutamente todo, hasta las servilletas con su lista de la compra, Greene me sigue pareciendo uno de ellos.  

 

 

enero 11, 2026

Cómo ser Bill Murray (2016) de Gavin Edwards

 

 


 

    Curiosa forma de biografía, confeccionada a base de anécdotas en las que Bill Murray es la salsa picante que lo mueve todo, supuestamente reales todas ellas, aunque ve tú a saber qué hay en cada una de verdad o de apócrifo. Libro extraño, porque el autor juega a vendérnoslo como "de autoayuda", pero hay que pensar que no es más que otro chiste, porque de lo contrario no cuela; para empezar, porque resulta difícil creer que todo lo que se nos cuenta pasó como se nos cuenta y todos los personajes implicados se tomaron lo que pasó como se nos cuenta que se lo tomaron; y para continuar, y aun suponiendo que todo pasó y se encajó como se nos cuenta, para un lector, digamos, "europeo", el conjunto no tiene ni la mitad de gracia de la que se pretende... Pese a todo, ojalá Bill Murray fuese de verdad al menos la mitad del retrato que de él se nos hace, y la gente pudiésemos también aplicarnos el cuento del "murray's way of life" esa misma mitad a nuestras propias vidas, sin duda el mundo sería un sitio mejor de lo que es.

    Libro extraño, como decía, que en Estados Unidos se publica porque en Estados Unidos la palabra extraño no es ningún impedimento para nada que tenga que ver con el ámbito comercial, y aquí en España la única editorial que realmente podía sacarlo, que es Blackie Books, no sólo lo publica sino que hasta lo reimprime varias veces, fenómeno que es aún más extraño y bizarro y que, dentro de mi cabeza recalcirota sólo se explica porque Blackie Books es de las pocas editoriales en este país que puede permitirse vender muchos libros más por lo cuqui de su presentación que por el libro mismo, lo que no me parece ni bien ni mal, no es más que otra forma de estrategia para no echar el cierre.

    El problema en este país, como siempre, no es que la peña compre libros, sino que se los lea, y una vez pasas por caja a la editorial le tendría que importar bien poco qué hagas con el libro. Su estrategia acaba ahí.

    Pese a todo, yo me lo he leído, supongo que un buen montón de peña acabó leyéndoselo también. Yo lo leo porque se lo debo a Murray, que fue el motor de dos de las películas que, en diferentes momentos de mi vida, más veces he visto, los Cazafantasmas y la del Whisky japonés. Gracias.

    Leído hoy, leído ahora, cuando Murray también ha caído en la pira sagrada de la cancelación sumaria, cuando seguramente ya en Estados Unidos todas las copias han sido también quemadas, adquiere una insospechada y del todo paradójica dimensión que no deja de ser, al tiempo y en sí misma, un chiste malo que hasta el propio Murray habría quizá aplaudido desde la oscuridad de su arrepentimiento.

 

 

enero 01, 2026

Punzadas de fantasmas (2010), de Hirokatu Kihara y Junji Ito

 


   Qué raro título es punzadas de fantasmas. Punzadas. Luego lees el epílogo del autor en el que explica, entre otras cosas intrascendentes, por qué el editor decidió que la cosa se llamase "punzadas" y aún lo entiendes menos. Parece que el concepto viene a ser —o mi cerebro retarded entiende que viene a ser— las historias de fantasmas estas, insertándose a picahielo en tu cocorota para no poder salirte de ellas nunca jamás. De los jamases. Es decir: de repente, en mitad de la noche, te despierta un pinchazo que te crió a la altura del hígado. ¿Qué ha sido eso? ¿Un pedo extraviado o un fantasma?.. Nunca lo sabrás del cierto. Bizarrías del imperio del sol naciente.

   Por lo demás, tenemos aquí un buen puñado disfrutón de historias mistéricas y weirdosas del amigo Kihara —en realidad quién lo conoce—, ilustradas por el gran Junji Ito. No son historias de terror. Cuidado. Son historias que ocurren antes de que empiece el terror, justo en esos extraños segundos y/o abruptas disrupciones de energía en las que el otro mundo consigue rasgar el tejido de nuestra ordinaria realidad y nos guiña el ojo.

   La historieta final a cargo de Junji Ito lo explica bien. Terror y horror y casi me cago encima del susto es lo que viene después, cuando en lugar de hacer como si no hubieras visto nada y aguardas con la mirada gacha a que el tejido de la realidad se remiende, le devuelves el guiño a las tinieblas... Ahí sí que ya empiezan tus problemas. Estás marcado. Para un siemprejamás en el que muy probablemente no has de durar demasiado...


Pepping Toom:

 

Junji Ito, Viaje de graduacion en verano (en Punzadas de fantasmas)


El intituto (1991) de Solano López y Ricardo Barreiro,

 

     

   Tomito rústica  de erotismo fluffer y ponofilfa gauchesca recopilatorio de historias anteriormente aparecidas en revistas guarrix de La Cúpula. Nos explica una historia como de mujeres empoderadas avant la lettre...

    Hay un instituto victoriano para señoritas que hace las veces de tapadera para una secta. La dicha secta rinde culto a Ishtar, diosa sumerio-asirio-babilónica, y puede incluso más adjetivos que ahora no me vienen... La tal Ishtar es diosa de la guerra. Diosa del Amor. Diosa de la Fertilidad. Y Diosa también de la coyunda, por supuesto. Las sectarias aspiran al retorno del Matriarcado. Las sectarias aspiran a la emasculación del Patriarcado. Luego sabemos que toda esa palabrería no es más que un pretexto para sacar cochino dinero, lo de siempre... Asistimos al duro aprendizaje de Lilian Cunington, que es como la Paul Atreides de Ishtar en la Tierra. No sabemos si su poder le alcanzará para liberar Arrakis, pero sí, desde luego, le da para destruir el Instituto, con su Institutriz Führer y todas sus sectarias feminazis dentro. Mola.

    Como a los argentinos librepensadores lo de las dictaduras es una herida que les duele mucho, les sangra siempre, no les deja dormir ni hacer la digestión, Barreiro y Solano no dejan aquí de hacer su pequeño alegato antifascio, por mucho que al fin y al cabo no estén haciendo más que un tebeo de tetas.

   Hoy día, treinta años después, su interés es ante todo y sobre todo antropológico, pues, como ya sabemos, en estos tiempos de cancelación que nos ha tocado vivir hacer un tebeo de tetas podría catalogarse directamente como trabajo de riesgo...

   A nivel de fantastiqueverso y ominosidades, tiene poderes psi y telequinesis venusina. También se sacan de la manga el Necronomicón. Cómo no, siempre el Necronomicón... Hay también un pseudo hunchback-de-Notredame, que hace las veces de chiste interno y sutil (o no tan sutil, depende de quién tenga que reírlo...). Ah, y hay también la típica mansión envuelta en la tormenta primero, y en purificadoras llamas después: toda alma nacida bajo el influjo mágico de la casa Usher sabe que allá donde haya un casoplón gótico y maldito yéndose al carajo, siempre hay que estar.

   Además, por lo visto, tuvo continuación con el Dr. Jekyll y Jack el Destripador de por medio, ahí es nada...

   La Special Guest Star de todo el asunto, aunque sea por omisión, es, por supuesto, Leopold von Sacher-Masoch, quien sin duda habría firmado la novela. Si hubiese nacido en tiempos de Lovecraft. O aún mejor: de Jodorowsky. Suerte para todos que ninguna de las dos...

Pepping Toom:

 
Francisco Solano López, El instituto (1991).


diciembre 06, 2024

Incidente en Green Round (The Green Round, 1933) de Arthur Machen

 


    Novela tardía y probablemente no del todo conseguida, habida cuenta su carácter alimenticio, «Incidente en Green Round» de Arthur Machen tiene, sin embargo, dos puntos fuertes que por sí solos la deberían justificar ante un buen lector de literatura fantástica.

    De un lado, la idea de un personaje que es seguido a todas partes por un ser de dudosa apariencia y más que aviesas intenciones. Un ser que todo el mundo percibe excepto el propio protagonista, del cual dicho ente se ha convertido en maligna sombra...

    Del otro, la imagen terrorífica de un amigo que de repente, entre parpadeo y parpadeo, justo ante nuestros ojos petrificados, se convierte en una forma de horror indescriptible para acto seguido desaparecer en una oscuridad llena de pavor. Un segundo de horror tan potente como para colapsar una vida de puro terror. Y después la pregunta... ¿Una pesadilla? Pero... ¿estaba soñando realmente? No podría asegurar ni una cosa ni la opuesta.

     La clave de la mejor ficción de horror es precisamente esa sombría frontera de incertidumbre, no poder estar cien por cien al cabo de la seguridad de ninguna imagen ni de ningún pensamiento, pero tener que afrontar los extremas sensaciones que los acompañan.

    Cuando terminamos «Incidente en Green Round» no tenemos la seguridad de si la tenebrosa compañía que acosa a Lawrence Hyllier, su protagonista, provenía del mundo de lo sobrenatural o del fondo de su mente enferma de lecturas, pero sospechamos, no sin un ápice de inquietud recorriéndonos el espinazo,  que el miedo, fuere cual fuere su fuente, podría llegar a ser tan fuerte y tan poderoso como para traspasar el umbral que separa la carne de la pesadilla. Y una vez hecho carne... ¿Dónde esconderse?

 

 



noviembre 04, 2024

La estancia oscura (The Dark Chamber, 1927) de Leonard Cline

 


 

     La estancia oscura a la que alude el título es la desmemoria. O el sueño reparador. La desconexión necesaria para mantenerse a este lado de la cordura. Sin la capacidad de dormir y olvidar nuestro cerebro podría, tal vez, recordar a la perfección todos y cada uno de los momentos de nuestra vida. Y no sólo eso. Rememorar y retrotraer todas las vidas y formas de vida que nos precedieron desde al albur de los tiempos. En tales circunstancias, ¿acaso no estaríamos a un paso de la Divinidad? De una monstruosa e insostenible Divinidad, por otro lado...

    En mi cabeza le doy vueltas al chicle de si ésta es o no una novela de terror, ya ni siquiera me planteo la encrucijada de si es o no una buena novela, que no lo es, por supuesto, por mucho que agradase a Lovecraft, y a veces lo elástico del chicle me alcanza hasta para pasear por la incertidumbre de qué destino hubiese tenido este libro si al solitario de Providence no le llega a dar por hablar bien de él... Obviamente tiene elementos que, mejor aprovechados, habrían dado para una gran novela de horror ontológico. Desde luego, si Cline hubiese sido un escritor más competente, muy probablemente «La estancia oscura» no habría necesitado de los parabienes de Lovecraft para acumular lectores a sus espaldas, se habría defendido por sí misma.

    Su problema principal es querer tocar demasiados palos, y si hay un género que no perdona la dispersión, ése es sin duda el terror. La historia gana y pierde impulso en la misma medida que su narrador, Fitzalan, se va dejando llevar por diferentes impulsos y meandros: ahora el miedo, después el deseo, el amor entre medias, una pizca de culpa por aquí, otro de hálito creador frustrado por allá, para volver en última instancia al horror primero y al amor redentor después. Y la cosa no se sostiene porque ninguna de esas emociones acaba teniendo ni la suficiente fuerza ni el suficiente protagonismo.

    Aunque semejante amalgama no termine de cuajar, sin embargo, mantiene aciertos lo justo notables para acabar sosteniendo el libro en pie. Estoy pensando en la propia mansión, Mordance Hall, que, a la manera de la mítica casa Usher, acaba reflejando en su soledad y lobreguez finales la decadencia moral de sus disolutos moradores; por supuesto pienso también en Richard Price, hombre de acción convertido en decrépito monstruo debido a su inveterada obsesión por el ejercicio de la memoria; pienso en ese enorme edificio de tres plantas incrustado en la roca, que sirve de almacén a los recuerdos y archivos de Price, un hombre que lleva 35 años sin vivir la vida porque decidió que su única prioridad debía ser recuperar la esencia y la fotografía exacta de los 40 que ya había agotado; pienso incluso en el fiero y negro perrazo, Tod, trasunto de muerte ya desde su mismo nombre, pero que, inopinadamente, nos guarda alguna que otra sorpresa para el final.

    No obstante, el verdadero hallazgo de «La habitación oscura» es el contraste entre exterior e interior, o la acción corrosiva del tiempo sobre el espacio, con su abanico de estaciones, todas ellas, empero, disfrazadas de invierno, ovillándose sutilmente sobre una mansión que no conoce la luz eléctrica y a la que, poco a poco, se le van apagando todos los fuegos, hasta dejarla congelada de frío y de desolación. Incluso cuando finalmente la primavera llega y se produce el deshielo, ya es tarde, el invierno persiste, su humedad ha calado en la casa, pudriéndola, y sus ocupantes han enfermado fatalmente, de frío, de locura y de desamor.

    Resulta curioso, pues, que Leonard Cline no fuese capaz de legarnos una buena novela de horror acorde a su tiempo, pero sí en cambio un bello retablo gótico de extraña atmósfera, en pleno siglo XX, cuando ya se suponía que todos los castillos azotados por la tempestad estaban gozando de su más que merecidos años de jubilación.

 

 


 

octubre 30, 2024

El Enigma de las Palabras Muertas (Dying Words, 2006) de Shaun Hutson

 



    El primer enigma de la cosa ésta es cómo coño un libro que en shakespiriano se intitula "Dying Words" se acaba traduciendo en quixotesco como «El Enigma de las palabras muertas», la responsabilidad de esta sandez, como sabemos, fue indirecta pero enterita del ínclito Dan Brown. 

    Otra cosa que ni se entiende, por marciana, es que novela semejante saliese al mercado español bajo el auspicio de Minotauro, lo que demuestra, junto con otros no menos marcianos títulos de su catálogo en aquellos años (muchos de ellos, como éste que nos ocupa, en su Colección Hades), lo perdida que anduvo la dirección del sello en los años que sucedieron a la compra de la mítica editorial del gran Paco Porrúa por parte de Grupo Planeta.  

    El resto de sandeces, es decir, la novela entera, fue toda ella, sí,  culpa directa de Shaun Hutson. Que quién coño es Shaun Hutson. Pues Shaun Hutson es y será siempre el autor de la novela que nuestro querido Juan Piquer Simón convirtió en la truñopeli de las babosas asesinas: «Slugs. Muerte Viscosa». Si no sabes de qué peli te estoy hablando, amigo mío, no sé en qué dilapidaste tu adolescencia, pero tengo claro que videoclubs no pisaste ni uno...   Por lo demás, quién sabe, algún día puede que hasta me le lea la novela y todo.

    La que sí leí fue ésta, "Dying words", que es una cosa bastante mala y bastante reaccionaria, pero me interesaba la idea central de la trama, del enigma de marras, y que, en resumiendo, viene a exponer que, en ciertas circunstancias, la escritura puede cobrar vida, cuerpo, carne y sangre y, ya puestos, las más homicidas y sanguinarias intenciones.

    Al margen de esta idea, que me parece lo mejor y prácticamente lo único salvable del libro, uno asiste con cierta sonrisa cómplice a los pequeños ajustes de cuentas para con la industria editorial que Hutson va perpetrando a lo largo de sus páginas. No conforme con irse ventilando, uno a uno, y de las formas más cafres y gore imaginables, a un editor, un crítico literario y una relaciones públicas (editorial), Hutson guarda el peor de los finales para Frank Denton, un escritor de terror superventas que dejaría en pañales al gran Sutter Cane de John Carpenter. Cuesta muy poco imaginarse el estudio de Hutson mientras escribía esta novela, con la cara de todo un Stephen King sonriente colgando de la pared, a modo de diana, y seis o siete dardos perforándole los ojos miopes...

    Otra cosa muy interesante que le encuentro a perder el tiempo escribiendo sobre estos libros de mierda es que tirando del hilo del internete me topo con cosas surrealistas y del todo psicotrónicas, como que al bueno Shaun Hutson, a parte de encargarle la novelización UK de "The Terminator",  le invitaron también a meter la cuchara en escrituras mercenarias tan chachis como novelizar pelis de la Hammer:  "Twins of Evil", "The Revenge of Frankenstein", "X The Unknown"... 

    Joder. Ganarte las garrofas haciendo eso es muchísimo más divertido que escribir tu propia mierda. ¿O qué? 

      


"Slugs, muerte viscosa", de Juan Piquer Simón