Resistencia en el flanco débil

julio 18, 2009

Mis espermas de Frolik-8




Para cuando Stefan Piersbowski decidió que definitivamente se había hecho de noche para la ordinaria lujuria, que de aquel entonces en adelante sólo le interesarían las mujeres con rayos X en los ojos y un horno industrial por bajovientre, Maria Kudrow, única en su especie, ya había doblado la esquina. Si él hubiese asentado el estómago de sus prostáticas determinaciones un minuto antes o bien ella hubiese tenido por costumbre no hiperventilar el sonsonete de sus zancadas, muy probablemente, y más: del todo cierto: se habrían encontrado, casi topado, lo más seguro, a las puertas del Café Bistrot, el que linda con Discos Deckard, no el de Avenida Corrientes... Pero todo esto son hipótesis desangradas y son pasados paralelos que se suman a la larga nómina de potenciales desechados, y Stefan es A en tanto Maria es B, puntos equidistantes ya para siempre sin posible trayectoria intersectoria. Ahora, cinco minutos después del colapso de una ventana de futuro que no será otra cosa que vacío hasta los restos, Stefan se rasca la andropierna con cierto indisimulo, sin saber, pobre, que ése es un prurito y un ardor y un afán hormonal de polvo intergaláctico que nunca le será dado saciar.



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