Resistencia en el flanco débil

enero 27, 2009

La Biblioteca Von Krolock




No te diré que no añoro

El invierno

Su mar de hielo y nieve ingobernables

La piedra helada y desnuda

En las paredes

De imposible arquitectura

Rezumando humedad gótica

Y el fuego encendido a todas horas

Alimentándose de una leña más vieja que la propia vida;

Preternatural



La última vez que la luz

Del sol

Me quemó la cara

Verdún era una balsa de muerte

Hoy la oscuridad ha invadido el día

Noche eterna para todos

Llueve

En todo momento llueve

La piel de los Replicantes exuda una ligerísima

Fragancia a rebotica con la lluvia



Tengo todo el tiempo del mundo

Para leer

Y hace décadas que no compro libros

Pueden aún encontrarse en el mercado negro

Únicamente releo

Peor que sentirse viejo es saber

Que no habrá tiempo para llegar a muerto

Hace tiempo que todo se impregnó de la acre peste

Del déjà vu

Me sé de memoria todas las páginas

Conozco todas las miradas

Incluida la tuya.



Así que no temas

Sólo será un poco de tu sangre

Lo justo para hacerte mía...

enero 26, 2009

Alégrame el día...





REFLEJOS SOBRE UNA SMITH & WESSON CROMADA



Me cago en la poesía colibrí
Droga blanda manufacturada para hipoglucémicos
&
Me cago en sus editores/camello
Accionistas mayoritarios de Azúcares d’España! (S.A)
&
Me cago en los productores/apicultores de versos (jamás “poetas”)
Del tipo: “amor, amor... ¿dónde te has ido?”
“te aguardo melancólica y núbil en el lago desolado de mis sentimientos”
&
“leyendo novelas de Danielle Steele y del Highlander travieso” (Yum!, Yum!)




Nietzsche hizo filosofía con el martillo antes de dejarse en el intento
la chaveta y un mostacho de invierno nuclear
&
Yo vengo dispuesto a impartir “poética” con la parabellum
Hostias a diestro y siniestro
&
Partirme la cara, si hace falta, con el próximo tiñalpa de diseño
Que pretenda enchufarme a Bécquer o Neruda en formato SMS
¿Cómo puede haber cretino nacido de hombre y mujer
que ose loar la innata belleza de una realidad que convive con Ana Rosa Quintana?
&
Que ensalce la vida, que cante al amor, que clame pasión...
¡Cuando no hay día que no te planten en los morros a la ínclita Obregón!



Habitamos un orbe mastuerzo y gañán,
Pestífero como una patada en los huevos
Pues sólo cuando te doblas sobre tus gónadas recién pisoteadas (una vez más)
Desciendes de “esa” manera al suelo
En el que siempre, sin excepción, te aguarda una caca de perro.




Esto es ser poeta en un mundo
En el que Antonio Gala sigue siendo súper ventas
Hedor a manos llenas...

enero 22, 2009

Melissa for President!





Pues bien, ya estamos en ello: Obama Presidente, y si queda alma en pie que todavía no se haya enterado del "EVENTO" ello sólo puede responder a que sea ciega, sorda y subnormal, las tres taras al tiempo... Bombardeo sin escrúpulos sobre la población civil. "Ondas" de destrucción masiva -que nadie combatirá en ninguna guerra, justa o injusta-. Repetición machacona de los mismos jodidos titulares, los mismas condenadas imágenes, los mismos malditos clichés y lugares comunes. En todos los canales y todos los medios la misma cháchara inmunda y manipulada... Si esto es la "Sociedad de la Información" paren aquí que me bajo... ¿Que no puedo? Cierto, cierto... Olvidaba que de cierto tiempo a esta parte volvemos a ser esclavos -nunca dejamos de serlo-. Microsiervos de la Información. No están demasiado lejos los días en los que el Tercer Mundo empiece a remontar tímidamente el vuelo porque el Primero se halle en plena agonía, bajo el yugo de su propio cepo mediático. Orwelliana sociedad de unívocos bienpensantes, solidos consumidores de vida tóxica, infectados del sida moral al tiempo que incubando el cáncer que fulminará toda la Medicina, fruto del insensato e insensible uso y abuso de la radiación inalámbrica y radiotelefónica.

El feto de Kubrick, epítome del superhombre nietzscheano, vendrá con un tumor definitivo y global debajo del brazo, sediento de sangre, histrión, apretados los dientes, encarnizado; como mandan los cánones de la locución del siglo 21: será el último boletín informativo de la Historia y cantará algo del siguiente estilo: "¡¿A que al final la hemos cagado, Fukuyama?!"...

Por suerte, el feisbuk sirve para algo de tanto en cuando, y los buenos de Juanma y Javi Esteban acaban de recordarme, para refocilo de mi entrepierna, cuánto y cómo me ponía, en lo físico y en lo profesional, aquella pedazo de pelirroja cantatriz: Melissa Auf Der Maur.




enero 19, 2009

Entre el Pozo y el Péndulo



El amigo Poe hizo mutis por el foro a los 40 tacos, a medio camino entre la locura y el delirio, enfermo de alcohol y soledad e, imagino, ascorizado de un mundo que lo trató a patadas. Un genio tan jodidamente desgraciado que al palmar redondeando la cifra de sus días, enero del 1809 a octubre del 49, celebra sus aniversarios de muerte y nacimiento el mismo año. Mataremos dos cuervos del mismo tiro. Total, los cuatro gatos negros que le rendimos tributo sabemos que no se le va a leer más por ser bicentenario...

Las efemérides de toda estirpe nos la ponen dura porque forman parte de esa suerte de (des)educación sentimental de magazín y tentetieso que poco a poco nos hemos ido dejando clavar en lo hondo de la retaguardia. Hoy, 200 años de Poe. En marzo lo serán de Larra. Seguro que si nos ponemos a escarbar terminarán por salirnos las cuentas de los 70 del alma culpable, en última instancia, del picnic aquél tan salao, allá por Chernobyl. Matemáticos de barra de bar y sabihondillos de sala de espera, siempre atentos al dato imbécil y la anécdota pusilánime.

Le damos al Tiempo la misma vida que a un chicle en nuestras cariadas ristras de dientes, nos lo pasamos por el forro del aquí y ahora mando yo, "carpe diem" y toda la hostia, cuando en realidad, tontos del haba, somos sus siervos. Él, nuestro Señor. Nuestro Enemigo... En menos que canta el gallo del alba te ha ensartado hasta la rabadilla en su derecho de pernada.

Cinco años escribiendo aquí. Es más de lo que durán muchas condenas. Comparto con los convictos el hábito de la indiferencia. Te acaban por dar igual ocho que ochenta. Igual venga quien venga. A darte palmaditas en la espalda. A llamarte hijo de puta. Tú estás en lo tuyo. Deshojar cada vez con más tino los segundos que separan tu vientre, atado al pozo, del filo agudísimo del último péndulo.


enero 08, 2009

Tristán e Isolda





Sin saber muy bien cómo demonios me volvía a encontrar otra vez en la calle, mucho más oscura y fría de lo que podría validar el más baqueteado de los tópicos, las once de la noche, helado y encogido hasta el tuétano, sólo le faltaba llover; eso sí hubiese sido el acabose. En efecto. De haberse puesto a llover todo habría acabado antes de empezar; enseguida se me hubiera arrugado la polla en lo hondo del orgullo, y me lo hubiese tragado, el orgullo y lo que fuese con tal de no caminar calada la osamenta en mitad de aquella noche de antárticos ademanes: hubiese subido, sí. Y le hubiese pedido perdón, sí. Aunque no considerase mía la culpa. Como tantas otras veces. O no.


Quién sabe si no hubiese acabado la jornada con un polvo de auténtica epifanía; los mejores, cuando justo tú sales de un estar a esto de estrellarle el mando a distancia en la cara y ella viene de un querer hacer tortilla de tus gónadas. Pero no llovió:


—Que te den por culo, loca... Estás como una puta cabra.


Un grado sobre cero en el luminoso de una farmacia cerrada, me alejé de allí maldiciendo el confuso día en que la genética decidió no hacerme marica. Todo había comenzado porque le dije que si no había cogido un par de quilitos buenos estas navidades. De ahí al infierno, pasando por el postre de la cena lanzado con insania y mala hostia contra la pared; el perro y los dos gatos poniéndose hasta el culo de tarta de queso. Mujeres... No se puede vivir sin ellas y no se puede vivir con ellas. Otro juego amañado.


A los diez minutos ya estaba exhausto, la chola congelada y las manos como brazos y piernas de click de famóvil, inarticulables y del todo monomando. Me metí en el primer café abierto. Resultó ser un garito que no conocía. Ambiente oscuro y fumador, no todo de tabaco, saltaba a la vista de mi tocha, que enseguida se puso a recordar tiempos mejores y pasados, en plan melancólico. Pedí uno doble de lo que fuese, lo dejé a discreción del barman, quien conocía bien su oficio, cabe reseñarlo, pues con apenas una ojeada a mi rostro cerúleo y demacrado indujo muy acertadamente que tres dedos de JB me vendrían al punto. A tu salud. Para adentro. Otro más...


Al tercero ya veía doble hasta con las gafas puestas, pero el calorcillo de por dentro de las entrañas y el negro abismo de tumefacción de por dentro del cerebro no tenían precio. La ataraxia del beodo. El único paraíso del que todas las Evas han huído... o eso dicen; hay también quien opina que fueron previamente lapidadas.


Trabé diálogo de besugos alcoholizados con el tipo de mi izquierda —¿fue la izquierda?—, con mucha pinta de llevar cocido ya varios días. Susurramos y tartajeamos de lo que se suele entre semejantes interlocutores, ambos dos inmersos en paralela coyuntura, huérfana de coyunda —permítaseme el chascarrillo fácil—. Es decir: un mucho de misoginia y otro poco de postración. Intercambiamos beodas y apenas inteligibles impresiones acerca de nuestras respectivas maldiciones en forma de locas arpías a un coño pegadas.


Para poder reproducir con fidelidad cuanto llegamos a decir de nuestras mujeres aquella noche necesitaría por un lado de una máquina de tiempo, ya que apenas recuerdo de la misa la mitad. Por el otro, claro está, contratar un buen abogado. Así que mejor no ahondar en aguas de dudosa potabilidad, de las que poco bueno y sí mucho dañino para los intestinos podríamos llegar a sacar en claro.


Baste decir que al tipo la suya lo había jodido bien. El drama de siempre. Él enamorado hasta las cachas y ella la mayor mentirosa que ha parido la Historia. Estas palabras sí las recuerdo con meridiana premura, no en vano trajeron de vuelta mi consciencia de las brumas etílicas de la cogorza: “La mayor mentirosa que ha parido la Historia”. "Historia" con mayúscula. Lo dijo. A estas alturas de Humanidad y a aquellas altas horas de semejante turca aquello era sin duda hilar muy fino. Conque algo de agua debía arrastrar el río...


Cuando el barman me levantó la cabeza de la barra para decirme que ahuecara el pobre desgraciado de la Mentirosa ya no estaba. Sólo estaba yo, de hecho, y por supuesto el barman, que me reclamaba la cuenta con asco en el gesto y contundencia en los empellones. Mientras él me vaciaba la visa yo pugné por reencontrarme con mi centro de gravedad... Fue entonces cuando la vi. Una carpeta. La carpeta de aquel desgraciado, pensé, pues se hallaba allí donde poco antes se hallaren —creo— sus brazos dormidos por la melopea. Me la llevé.


Dentro encontré dos puñales y una navaja, los tres de puño y letra, falta saber si los suyos. Lo más probable es que sí. Sendos planes de asesinato imperfecto y otro de suicidio. La realidad seguía girando en sentido inverso al de la rotación de cualquier sentido. Pensé en el tipo, a punto de la locura. Luego pensé en la tipa, su cuerpo sin vida en mitad de una acera. Pensé en la sangre derramada. Pensé en la soga, la sombra inerte de aquel infeliz colgano de ella, balanceándose, un péndulo que no ha de llegar ya a tiempo de nada. Intenté recordar el número de la policía... No hubo manera. De modo que terminé por pensar que al fin y al cabo aquella no era mi guerra.


Volví a casa después de tirar todo aquello a la basura. El árbol navideño seguía en pie y encendido, y estábamos ya a 13... no, 14 de enero. El gato insomne jugueteaba al toque toque de los felinos con las bolas de color oro. Me metí en la cama. Ninguno de los dos pidió perdón. Primero follamos. Después hicimos el amor. Una prórroga de sólo Satán sabe cuánto. Ninguno recuerda ya aquello que nos hizo sagrados. Gana la banca. La vida sigue estando en otro lado.


A esto se reduce todo: desgranar resignados esta cuenta atrás que ni siquiera nos reserva un esplendoroso estallido tras el cero.




diciembre 23, 2008

A mí me daban tres



Eso, eso. En realidad te hartas de cosas así; este rebanarte día a día las pelotas. La mermelada de ciruela sobre la mantequilla (siempre preferiste la de melocotón); los tumultos de caterva esperando agónicos que se abra la puerta del metro para vomitarse como carne picada y podrida y vestida sobre la máquina de raíles horadadora de oscuridades (siempre preferiste haber nacido Trífido); mires donde mires un velo de zafiedad impregna el aire en una especie de rocío mucilaginoso y letal. Respira una, dos, tres veces y ya estás listo, empiezas a transformarte; como Jekyll, o no; como Hyde si es que hubiese ido un paso más allá, se hubiese ventilado entera una barrica de absenta rebajada con líquido de frenos. Roña humana que apesta por dentro y por fuera. Y quiere hacerte partícipe de su coyuntura vital en tanto que basural genético. Aproximan su cara a tu cara, siempre peor (por lo humana y por lo cercana) a mil alfileres en lo tierno de la uretra. Y no contentos con eso, te hablan. Te expelen en la mismísima jeta, tu mismísima pituitaria, informes sartas de sonidos articulados cargados hasta las trancas de guerra bacteriológica. ¿Cómo puede haber individuos que expulsen gases más mortíferos por la garganta que por el recto? Pues ahí los tienes... Son el paso que va más allá. El apocalipsis definitivo. Doctor Moreau desatado y perdido de la chaveta. Reíros de los anticuerpos, mofaos de los ultracuerpos: someteos esclavos a la tiranía de los roñocuerpos. ¡Coming soon! Dios no necesita televisión digital, mira constantemente el VideoCirco: Canal Atrocity Exhibition; sorbe hidromiel todo el rato, esnifa chocolatina en polvo y come nachos con la mano con que no se la pela... No estoy hablando de una maldita metamorfosis (jódete Kafka!!!), ni de una involución (jódete Ballard!!!) , es más bien una "transpestación"; dejas de ser una mierda para ser otra distinta. Que todo cambie para que todo apeste igual (jódete Lampedusa!!!), sobre todo si a mediodía has comido judías pintas. O acelgas. O un telediario... Pero te quedan el recato y la baturra sabiduría: ¿quién es el guapo que no apestaría a topillo de las marismas a poco que se lo propusiese?, esto es, ¿se dejase un tanto y otro poco?... Ahora bien, por lo que no pasas, por ahí ya no, es la falta de maneras. De estilo. De educación. Un mínimo común múltiplo de vergüenza. Seres que se creen en la potestad y la prerrogativa de abordarte e invadirte sin siquiera pasar por el sencillo y tan barato peaje de un "Disculpe usted (es mi intención mearme en su tiempo)", un "Hola, muy buenas tardes (venía a a ver si era posible timarle unos euros)", un "Perdona, pero es que (no vengo más que a cagarme en tus muertos)". De las hijoputadas no hay quien se salve, cierto, pero ¡ojo!, al menos con la putísima educación por delante, coño... Mi padre, mal rayo lo parta, siempre tuvo una cantinela popular para estas cosas mundanas: "Los buenos modos, Maruja, con sangre no, pero a hostias sí entran... Mira si no... SPLAF! SPLAF! PLATAF!!!!". Anda que no me cayeron chuflas... Y así sucedió que encajé una tras otra cientos de palizas hasta que aprendí a dirigirme al prójimo como es de recibo. De aquellos polvos estos lodos. Y estas pajas. De ahí mi chufflo nombre. De ahí, también, que tan a menudo te topes circulando por este puerco mundo —por un cerdo Dios sintonizado (jódete Rouco Varela!!!)— con interfectos pestosos y maleducados a los que propinarías una hostia tras otra, tras otra, tras otra, tras otra, tras otra, tras otra... y así hasta que al tipo lo llamasen Trinidad.

diciembre 19, 2008

Ángeles de alas sucias

El día sucedió al día, y digo "el día" en lugar de "un día" porque fue como si lo conociese de siempre, desde canijo, como si cada maldito día estuviese siendo el mismo maldito día; como visitar la taza con prisas y cagándote; como rascarte el culo por debajo del pijama, recién levantado, camino del lavabo; o masticar pan, contarte las arrugas ante el espejo, darle sorbos a un café siempre peor que la propia vida... Siempre igual y siempre lo mismo; nada de temerario o luminoso en todo ello. Sólo veinticuatro horas más lejos de todo y de todos. Veinticuatro más acá del umbral que arruinará a todos los cerrajeros. Y ocurre que al escucharme así: "El día sucedió al día", me dije, y acto seguido me puse hecho una furia y me quise matar. Las manos convertidas en garras que hubiesen oscurecido de envidia a las grandes águilas. "Morirás, morirás, ¡morirás!", me susurré al oído, emprendiendo la carrera en pos de mi sombra en plan basilisco, rojo de rabia. Eché a correr al instante, preventivo, abusando del reptil instinto, y salí por piernas. Me dejé allí, plantado en mitad de una nada terrosa y con olor a espermicida, las manos en garfio buscando la presa perdida en su propio cerebro —que era el mío también—, enterito él —enterito yo— copado de enajenaciones. Sí, me dije, "la diñaré", no te preocupes... un día de estos... Y a partir de ahí nada más, salvo que desaparezco: siempre se le espera a uno en algún lugar.

diciembre 11, 2008

Escaneando la Oscuridad: huele a orines y a podrido

El Gran Sbragia te vigila...


Andaba ocupado en no hacer nada, optimizando mi alma en la vagancia, cuando sonó el teléfono. Sólo pensar en la muy hipotética posibilidad de tener que levantarme y coger la llamada ya me cortó el rollo: me destrempó en un segundo la caraja mental. Giré sobre mí mismo, apoltronado en el sofá, dándole el culo al aparato. Dejó de sonar. Segundos de silencio. Retorno a la divinidad… Intenté imaginar cómo picaría tener el hemisferio izquierdo de la chola infestado de piojos.

Al poco el trasto volvió a sonar. Sus muertos. Rastreé pretextos en mi cabeza. Un motivo con cara y ojos por el que levantarme y coger el maldito teléfono. Pronto encontré una tipa bien buena, su voz sensual al otro lado del hilo intentando camelarme; que comprase, contratase su servicio; mierdas de esas; y mientras yo, ni que sí ni no te digo, guapa, tocándome la entrepierna a costa de tu escala de agudos untada en mi maná semental… Así que fui y contesté: "Diga lo que sea". Y lo hizo, una voz de tía, sí, pero castrante y camionera, con caja de resonancia de cómo poco los cien kilos en báscula farmacéutica: "Buenos días, ¿es usted Wilson el interconectado?". ¡Mierda, no! Una vez más me habían descubierto. Maldito programa de protección de testigos… Estaba claro aquel desliz en el lavabo de tías jamás me dejaría vivir en paz.

Tenía que volver a despistarlos a cualquier precio. Debía hacerlo por mi integridad; la de ellos, los dos, mi par de innombrables. Conque puse en ello todo mi ingenio: "Sí, joder, soy yo, qué coño pasa…". "Ah, bien, bien, lo sabía... Verá, caballero, llamo en nombre de la Compañía QWERTY y quería hablarle acerca de nuestras ofertas en desconexión alámbrica, inálambrica, alambicada, guayrless y blutúz... Según observo en mis ficheros ha sufrido usted problemas de caídas en la interconexión últimamente y bla bla bla…".

Me tenían pillado, joder si me tenían. Del todo, me habían pillado el culo, hasta los últimos pelillos del ojal, vaya que sí… "Estoo… errr… se equivoca usted, preciosa… yo estoy muy satisfecho con mi servicio de lavandería… Es más, incluso me atrevería a decir que la palabra es ‹‹TERRIBLEMENTE››. Eso es: te-rri-ble-men-te satisfecho con mi servicio de lavandería". "¡¿Lavandería?!... pero... oiga, yo le llamo de QWERT...". "No, no, nooo… me parece que te has equivocado de interconectado, nena; yo soy el Wilson que repara neveras en Trafalgar Escuer. Conque adiós". "Pero oigame, yo...".

Y fin: colgué. Ya estaba hecho. Tenía ganas de fruta, un zumito. Sentía una como sed enfermiza en el fondo del hígado. Fui al frigorífico, había uno de leche con plátano... y luego... luego... bueno… Luego ya no supe cómo narices continuar esta basura. Tampoco ahora, así que mejor dejarlo estar...

En otro orden de cosas, ahora que caigo, el otro día vi a Sbragia por la calle y me dio mucha vergüenza porque todavía me acordaba de cuando me había reído de él en su misma cara, pero como no se dio mucha cuenta y además es un completo ingenuo, va el tío y me saluda. Se paró a charlar. Así que yo me tuve que parar también. Hasta acabó invitándome a unas pintas. El tipo tenía que soltar su mierda a alguien y ese día yo me hallé en el momento y lugar contraindicados.

Estuvimos allí un buen rato, repantingados en las sillas, estirados como gatos allí, con nuestras cervezas, al calorcito, y mientras me hablaba y hablaba, el majo de Sbragia, yo no podía dejar de pensar: "Pues no es tonto ni nada, el bragas éste", y luego echaba un buen trago de birra, y me reía mucho por dentro, por donde no se notara.

Yo acababa de leer A Scanner Darkly de Phil Dick, en la pésima traducción de César Terrón, aquella de Acervo, con ilustración horrible en las sobrecubiertas blancas, y no podía parar de imaginar al bueno de Sbragia comido vivo por los áfidos, es decir, por los piojos. Y luego mi cara, la cara que él veía, la misma que las holocámaras instaladas en el bar grababan; mi cara, que no era mi auténtica cara porque era la suma de todas las caras, cambiando de rasgos constantemente gracias al “monotraje mezclador”, como si mi jeto fuese una condenada máquina tragaperras en constante tránsito hacia el Trío de Jackpots del Juicio Final.

¿Acaso soy por ello un cabrón? ¿Un auténtico hijo de puta? Bien, pues lo seré...

¿Qué más? Ah sí, luego llegué a casa de mi hermano, Lionel, que trabaja de sexador de pollos no siendo japonés, lo que bien mirado tiene mucho mérito, aunque luego todo el mérito que gana por ahí lo pierda siendo un borrachuzo fracasado que ya no pega a su mujer porque ésta hace tres años que lo abandonó en su propio charco de vómitos.

Estaba allí, en su cuchitril mierdoso, pero él no; suerte que tengo llaves de su cubil y más suerte aún que él no sabe que se las copié a hurtadillas. Le mangué otra birra de la nevera. El pobre desgraciado está obsesionado con que en su casa hay fantasmas. ¿Podéis creerlo? En fin… Luego sonó el teléfono. Me picaba la cabeza. Intenté recordar cuánto hacía que no me duchaba mientras descolgaba el aparato: "Oye, Wilson, pedazo de mierda chabacana, hicisite muy mal al colgarnos, sabeees... Ahora sí que la has cagaaado, sabeees... Ahora sí que te vamos a interconectarrrr".

Y después de aquello reconozco que ya no tuve más sed en todo el día y desde entonces observo un tanto paranoico las aristas de las esquinas...

noviembre 05, 2008

Visto y no visto

una paja cyberpunk


La liquidación del tiempo considerada como una carrera en cuesta descendente hacia el agujero del infierno de la nada; rojo glacial de silencios encadenados. En ésas andamos. Viajamos más rápido que nunca hacia cierta suerte de ninguna parte, ese no-lugar, ese no-transcurso que nos tiene reservada, al fin, la tan trabajada y merecida ataraxia. Entropía acelerada. Los ciberciudadanos del primer mundo muy pronto podrán disfrutar de las comodidades y ventajas lúdicas del siglo 22: domingos de petanca con Yul Brinner; partidas de mus con Gregory Peck; polvos mágicos con una Scarlett Johansson robotizada y hologramática, de paredes vaginales, empero, del todo carnales. Guepardos de calendarios y almanaques. Nos será dado recorrer tres centurias en los apenas 40 años que separan el primer pelo púbico de la última angina de pecho. Si el XX terminó en el 89, con la farsa del muro comercializable; el 21 acaba aquí. Ha empezado la cuenta atrás. El próximo magnicidio lo viviremos en directo, desde la ubicua nitidez de la televisión digital; repetido una y mil veces en las diversas y sucesivas pantallas: ultranoticiarios; Youtube; blogociénaga; y finalmente The Obama Strike, la última de Oliver Stone, poco antes de espicharla de enfisema pulmonar. Inviernos nucleares y avernos digitales. Matt Groening for President! y Mad Max Más Allá del Hongo Nuclear ya están aguardando a la vuelta de la esquina, en espera del pistoletazo de salida.



MicroPoemos de la Era PostNocillar, 2008

noviembre 01, 2008

Lápidas



Dijo no sé quién,
que también está muerto:
‹‹quien planee vengarse, que cave dos tumbas››...
Tu sonrisa ensartada por la espada de Damocles;
he ahí mi sepultura...
MicroPoemos de la Era PostNocillar, 2008