Resistencia en el flanco débil

octubre 05, 2011

El poeta que quiso ser río



Hoy me he puesto en faena pensando que yo también quería decir la mía sobre la traída y llevada polémica Kodama-Remake, pero enseguida me han entrado ganas de mear, y sucedió que en orinando me dio por echarme otra cuenta y he decidido que no, que paso, que basta; sólo diré, eso sí, que de un lado está María Kodama, viuda de Jorge Luis Borges, autor de Pierre Menard, autor del Quijote (este dato es relevante); y del otro está Agustín Fernández Mallo, autor de El Hacedor (de Borges), remake, libro que ya se había secuestrado a sí mismo mucho antes de que los abogados de Kodama lo secuestraran, esto es, que nadie hablaba ni había hablado de él hasta la fecha de la dicha polémica, ni lo compraban, ni lo leían, ni lo entregaban a las llamas, y digo yo que por algo sería (este dato es relevante también). Y después están los de en medio, aquellos terceros, multitud en discordia, ansiosos por de decir cada uno la suya respecto a la tan traída y llevada polémica Kodama-Remake (todas ellas, ésta inclusive, del todo irrelevantes). Sin comentarios. Todo el conjunto en sí daría bastante risa si no fuese porque es mucho más patético que gracioso.

Así que en lugar de decir lo que pienso de la tan traída y llevada polémica Kodama-Remake, lo que voy a hacer es hablar de James Dickey.

Al parecer James Dickey fue un pez gordo de la poesía norteamericana. Los años 60 fueron su cresta de la ola. Escribió algunos buenos libros de poesía y ganó algún que otro premio de categoría. Luego se pasó a la novela y eso fue el punto de inflexión: escribió Liberación, primera novela con la que dio la campanada al convertirla más tarde John Boorman en película de culto, semilla del subgénero american redneck. El mismo Dickey escribió el guión del film, por el que fue nominado al Oscar. También se guardó para sí un pequeño papel de Sheriff local con pocas ganas de papeleo. Dickey estaba de moda. Incluso el Presidente Carter le encargó en 1977 el poema para su Investidura... Poetas escribiendo para políticos. ¿Se lo imaginan aquí?... Yo casi puedo verlo: Leopoldo María Panero recitando en el Congreso uno de los suyos en la Investidura de Rajoy. Eso sí sería gracioso... El caso es que después de aquello Dickey siguió escribiendo y publicando libros, pero ya nada fue lo mismo, su estrella se había apagado. Y hoy día de él casi no se acuerda ni Dios.

Sobre todo si hablamos de un Dios en castellano. No tengo noticia de ninguna traducción de sus libros de poemas, y sólo de dos de sus novelas, Hacia el mar blanco, y la mencionada Liberación, ninguna de las dos, por cierto, actualmente en catálogo de sus respectivas editoriales. Liberación figuraba en la lista de las 100 mejores novelas de todos los tiempos de la revista Time y en la de las 100 mejores del siglo XX de la Modern Library, pero yo tuve que comprar mi ejemplar a través de un ciberportal de coleccionismo siruja. Tirado de precio, eso sí: tres euros de nada. Aunque también lo entiendo. ¿Quién querría en su casa un libro cuya portada es Burt Reynolds despechugado y en pose chulesca? Yo, por ejemplo... Pero bueno, tampoco estoy descubriendo nada nuevo, lo de la poesía traducida en este país también es de chiste: no sólo no puedes encontrar nada de Dickey, tampoco puedes ya conseguir nada de lo muy poco editado en su día de Ferlinghetti, pero sí en cambio nuestros editores andan locos por traducir cualquier zurullo que Kerouac decidió dejar por escrito —en rollo de papel higiénico o no—. Ni que decir tiene que Kerouac me parece un poeta mediocrísimo.

Así pues, ¿qué es Liberación? Que la adaptación tendenciosa de Boorman no les lleve a engaño, Boorman filmó la piel de esta novela pero no su carne, su fibra; nada de lo esencial del texto de Dickey está en las imágenes de esa película. De modo que no se queden en los mensajes de legítima defensa y reivindicación de la supervivencia del más fuerte, tampoco en el retrato de cierto gótico profundo americano —sospechemos que hasta cierto punto amañado—, porque el corazón de la novela nada tiene que ver con eso. Como indica ya desde su mismo título Liberación es el rescabrajamiento de una moral, la rotura de una presa, la liberación, en ocasiones incluso la eyaculación de un fuerte instinto panteísta: voluntad de fundirse con la naturaleza, ser uno con la tierra. Liberación es la voz de un poeta que quisiera dejar de ser hombre para convertirse en río. Tal cual. El aserto de que la ciudad, con su ruido, su miseria, su tristeza, su agonía, esta puta mierda de civilización que entre todos hemos montado, poco o nada tienen que ver con la vida.



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