Resistencia en el flanco débil

agosto 24, 2009

Ponme dos de magro de Ratatouille, casicaballo...




No sé qué pasa, si será el calor o el fin del mundo, que se barrunta a todas horas, en todo lugar, o simplemente mi chola loca, que en el proceso de egresarse de sí misma me está dejando el lecho de neuronas como un bebedero de patos. El caso es que viene uno con intención de poner interesantes gajos de letras en su sitio y como es de ley, pero es plantarse ante este teclado y tornársele toda buena intención informativa, explicativa y/o narratológica en unas ganas irrefrenables de soltar idioteces... Yo le dije que iba a ser menú, dos, dos menús, y él me avisó que en el precio no entraba la bebida, bueno, entonces yo le dije que agua, dos, dos aguas, una con y la otra sin, sin gas, con gas no hay, me dijo —o nunca he tenido, o no tengo para ti, payo, aquello no me quedó muy claro—, pues en ese caso, menos del grifo, trae el agua que te dé la puta gana, le respondí, aunque no exactamente con esas palabras, de modo que nos trajo dos aguas minerales de una marca local. Lo que no me dijo el muy mierda es que en el precio del menú tampoco entraba el pan: ¿Quieren más pan?, ¿más pan?... Cabrón. ¿Cabrón yo? Sí, cabrón tú, que nos tangaste a base de bien, euro y medio por cabeza, es decir, tres, tres euros, quinientas pelas, por suplemento de pan, que encima estaba seco y duro, y no esponjoso como el océano de detritus en el que ojalá te asfixies algún día de tu maldita vida. Luego, a mitad de su primero, empanada gallega —yo iba ya atacando a dentelladas flechaces las almenas del segundo plato—, vino a decir no sé qué, ni me acuerdo, o no lo quise escuchar, conque le dije que aventase, que no importunara más mientras estuviésemos comiendo, que el precio del menú sí incluía que nos dejase en paz e incluso hasta mandarlo a tomar por culo si es que seguía inflándonos la gaita, todo y que, de nuevo, ahora que recuerdo, todo esto no se lo dije exactamente con esas propias palabras. Es todo un qué. Siempre a destiempo, tarde y mal y nunca, no sé cómo me lo monto... ¿Cómo? ¡¿Qué?!... Que no hay cosa en la vida que me dé más rabia que el que me molesten mientras jalo, que hasta me retuerce que me miren y todo, ni chistarme, ¿me oyes bien?, que si no fuese porque soy más pobre y miserable que la rata vivita y coleante que se zampó una gaviota a orillas del pútrido río Lérez a su paso por Pontevedra —y cabe añadir que hay millones de ratas en este puerco mundo muy por encima de mi nivel adquisitivo, tantas de ellas, para su suerte, no empadronadas en Pontevedra—, comería siempre en restaurantes vacíos al efecto. Al efecto de que nadie me observe ni me chiste ni me ofrezca pan a precio de usura mientras jalo. Y quienes menos vosotros, los putos camareros, que seríais todos robots. Todos robots ciegos y con nalgas y mofletes de Botero, no de formas androides sino de semiyeguas infladas a barbitúricos y clembuterol, y pronunciaríais a cada instante, voz metálica, metálico eco: "Sí, mi amo, sí, mi amo... de segundo tenemos filete de rata con salsa a la pimienta y guarnición de guisantes y papas, si le aviene". Pues tráeme dos bien hechos, ¡mecagoendiós!


Y hasta estoy contento porque no se me deslizó ni un miserable punto y coma, oigan...



6 comentarios:

  1. Así es la vida, o comes o te comen.

    O te sablan al pedir la cuenta.

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  2. Quien fuese gaviota de poco escrúpulo y anchísima bocana para acabar, una a una, con tanta asquerosísima rata, amigo Cuvric.

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  3. jeje, "intención informativa"...

    a mi también me jode que me den palique mientras intento jamar pagando, si preguntan por si quiero pan pase, si la pregunta es directa y el pan no se cobra, pero intentar que yo articule una frase amable en un evento nutritivo me parece desconsiderado por parte del garçon

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  4. Parece que dude usted de mí, amigo engelson, y no hace del todo mal, pero debe saber que en lo que mis intenciones respecta, la "informativa" sólo está desplazada del más alto puesto en mi cadena trófica de interacción social por la "copulativa", como usted muy bien comprenderá.

    En cuanto al garçon de marras, mal rayo le parta, cierto es, aunque ya tiene bastante maldición sobre sus espaldas, el pobre, sólo con tener que arrastrar su sombra por las callejuelas de la inefable Pontevedra.

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  5. Interesantes gajos de letras han sido, desde luego. Es un tema que no deja indiferente y en el que todos tenemos nuestra batallita que contar, aún recuerdo aquella pereza encarnada en forma de camarera que a toro pasado, esto es, a traición, nos comunicó a cuánto se cobraba la suplencia de vino, que no sabía yo que hubiera botellas suplentes, y el caso es que habíamos acabado con todo el banquillo.

    Me alegra ver que sigue sacudiéndose las migas de este rancio y mundano festín con el habitual brío y presencia de ánimo, Javier.

    ¡A su salud!

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  6. Querido Pustulmán, mucho más me alegro yo de volver a verle a usía por estos los míos andurriales, y que le sigan pareciendo lo suficiente cenagosos y llenos de bilis como para seguir pasándose de cuando en cuando.

    Lo de la hostelería joputesca da para uno de esos libros mendioseros que tan de moda se han puesto, del tipo "1000 anécdotas de drogadictos y proxenetas" o "101curiosidades de la politoxicomanía", pero claro, dedicado a los sufridos consumidores de menús de carretera y/o sostenedores de barra de bar.

    Saludo.

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