Resistencia en el flanco débil

junio 18, 2009

Ron Perlman sabe de qué hablo


Penitenciagite!... Penitenciagite!!!... Los días así, extraños y alienígenas y con rictus de Yul Brinner enculado, sin ir más lejos como éste que dejo atrás, habría que quemarlos a lo bonzo, sin más contemplación ni prurito en la médula del remordimiento. También está el otro tema importante de la jornada, que es que hay cabrones que no deberían dejar de tomar consciencia de que ya les va tocando estirar la pata y punto. Dejad de joder la marrana, coño ya. Que dejen a los suyos lo que les queda de fiesta en paz, aunque sean cinco minutos. Y esto, esto último, por lo que comporta y a quien concierne, puede que sea lo más duro que haya escrito y haya de escribir jamás. La gota que colmó el vaso de mis paciencias me manchó la punta de los zapatos de ácido y ahora a mi rencor en áspid sobre tu nombre ya no lo paras tú ni lo para nadie. Sangre de tu sangre contra tu sangre. Por ahí ando... Sencilla y exabruptamente hablando: nos tienes a todos hasta la polla de ti. Y no hay más. Me miro por fuera, con todo, y no acabo de discernirme el mal en el rostro. Al mal con mayúsculas me refiero. Me pienso Peter Lorre y me descubro Burt Reynolds de saldo. Me busco en vano los vértices cubistas y los dientes baconianos, enjutas las unas y apretados los otros, pura rabia y excelencia en la acedía, pero no hago otra que darme de bruces con un rostro de abogado de tercera, mendaz y gilipollas, aficionado además a la bollería industrial, dos de cada cuatro días laborables se desayuna con un par de pastelillos pantera rosa... Esto no hay por dónde cogerlo, lo sé, pero es que tampoco veo asa por la que dejarlo no sé dónde narices. Todo hubiese sido diferente, pienso, si el gatillo hubiese bajado a beber de la taza de leche que le pusimos y se hubiese dejado mimar. Qué júbilos no hubiese dado por un ronroneo de esa gatuna plenitud. Pero no bajó el animalico e id a saber qué mañana le aguarda, a lo mejor amanece muerto en cualquier esquina o motor de 16 válvulas. Hoy estoy como una puta cabra y odio como he odiado pocas veces en mi vida. Todos los átomos del orbe son espejos esta noche, y la genética la burla última, definitiva, de los dados de Dios para con mi destino.

1 comentario:

  1. Entíendamelo bien: es usted un cordero con un cáncer de lobo dentro, un tumor licántropo dentro del tamaño de un melón, y creciendo. No hay mayor putada que saberse res. Aunque al menos esto le permite exigirle a más de uno y más de dos que cierren el maldito libro, que ya han llegado a la palabra FIN.
    Alguna ventaja había que tener.
    Que se piren.
    Que nos dejen.
    Que ya no les necesitamos en el rebaño.

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