Memorial del búnker

noviembre 07, 2012

Baggage




Stone junction, Jim Dodge. La primera vez que intenté leer esta novela me quedé en la página 36. El libro no tuvo nada que ver en ello, pero quedó como fiel testigo de un naufragio. Gran parte de mi vida quedó varada en esa página 36. Y a día de hoy, ahí sigue. Quizá sea tiempo de buscar la marea que la libere. Quizá sea bueno empezar a buscarla en esa página 36.


Martirologio. Andréi Tarkovski. Puede que si sin pretenderlo he ido postergando durante tantos meses su lectura sea porque ahora, y sólo ahora, haya llegado su momento...


Los adioses, Juan Carlos Onetti; La paga del soldado, William Faulkner. Un Onetti y un Faulkner. Raül sabe por qué... El adiós a tantas cosa. La exigua paga de un trabajo que nadie quiere hacer. De algún modo melódico y triste, los títulos se imponen por sí solos.


Solaris, Stanislaw Lem. El libro que más veces he leído -que cierra, de paso, el círculo, la conexión Tarkovsky-. Este libro siempre ha tenido la capacidad de trasladarme muy lejos.


El poder cambia de manos, Czeslaw Milosz. Estar en posesión del poder no siempre implica ser dueño también de la autoridad. O lo que es lo mismo: los cheques en blanco se acaban pagando más tarde o más temprano.

Amor y obstáculos, Aleksandar Hemon. A pesar de los peores pronósticos, aún existe un lo mejor de mí al que no doy por desaparecido. Aún sigo buscando algún rastro de aquél que fui.


Compañía de sueños ilimitada. J. G. Ballard. Hay que procurar siempre tener un Ballard en la recámara...


El último enemigo, Richard Hillary; Pilotos de caza, James Salter y Piloto de guerra, Antoine de Saint-Exupéry. En el siglo XIX muchos grandes autores se fraguaron en la aventura de la mar. En el XX emprendieron el vuelo, tantos de ellos para no regresar...




Travesia de Madrid, Trilogía de Madrid y Retrato de un joven malvado, Francisco Umbral. Podría pensarse que es el lugar el que ahora impune el autor, pero no sería descabellado pensar que fue el autor quien, página a página, fue imponiendo el lugar... A mi vuelta, cuando sea, espero poder devolverle al tocayo Xavier su ejemplar de Retrato de un joven malvado. Después de todas las charlas que hemos tenido lo menos que puedo hacer es leerme este libro a orillas del Prado.


La esperanza, André Malraux. Dice el dicho que la esperanza es lo último que se pierde. Aunque desde Camus y esa Guerra Civil desde la que escribía Malraux sabemos, sin embargo, que las causas justas bien pueden ser derrotadas.