Resistencia en el flanco débil

agosto 03, 2010

De aquí parte la simetría


De repente vino el tipo aquél, Aristóteles, y soltó toda la inmunda parrafada, que si el camino del exceso, que si el camino del defecto, que si el camino de enmedio, bla, bla, bla, y aquello fue ya la semilla de la pifia suprema. Hace tiempo que he perdido el norte de mis desvaríos, eso seguro, y así no hay escritura ni subliteratura que se avengan a rumbo; la puerta del folio —la pantalla— en las narices, eso por no mencionar que a estas alturas de día —de noche— el cerebro me pide para ponerse en marcha mucho más azúcar del que mi dieta está dispuesta a ceder: pocos absurdos más colmo para cualquier pluma con arrestos que tornarse light. Me cago en la leche. Antes era el sexto hombre de un equipillo de tercera, ahora ya ni siquiera se puede decir que chupe banquillo, me llaman de tanto en tanto, cuando les falta gente y no llegan al número, para que figure en acta, poco más. Por eso me debato entre antagonismos de frenética raigambre como ese espectador de fórmula uno en que todo es pose y mostaza de perrito caliente en la comisura de la bocaza: como él, parpadeo atónito entre ensordecedores trallazos multicolor deslizándose a mi vera para después tirarme el moco y dármelas de turista moderneta, hondeando en el aire mi entrada como si fuese la bandera de una nación superior, con la que ni los klingon se atreverían... Es un decir. Pero sí, leer simultáneamente a Umbral y Marías por fuerza te ha de florear de hongos la cabeza. Con Marías compruebas que se puede y que además es lícito, que se puede hacer interesante un argumento aun escribiendo en modo tostonazo. Encima aprendes un buen fajote de palabras que ni sospechabas que estaban en el Diccionario. Umbral, por supuesto, es la Antártida de esa antípoda, una australidad negativa: que se puede escribir como los chorros del oro, a las mil maravillas —un topicazo más y hasta censuraré que no me disparen—, viniendo a explicar, en puridad, poco más que una mierda. Y te regalas, además, por el mismo precio, la vista y el hozico del morbo con un montón de increíbles palabros que tantos no querrán jamás que figuren en el Diccionario... La tele. La turba. Los caramelos sin azúcar. Las tetas con silicona. Los mundiales de fútbol en pago por visión... Cebos para una medianía menstruando tibieza. El primero que esté libre de culpa que monte una guerra.

Imagen: elreydespaña


2 comentarios:

  1. Con el sr. Iglesias también se aprenden palabras, las cuales desconocía, como: mendiós. (ya sabes que, a pesar de representar a quien represento, mi talla intelelectual deja mucho que desear...), por lo que mil gracias caballero por su contribución al enriquecimiento gratuito de mi vocabulario.

    ¡Que grande eres!.

    Anna.

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  2. Anna, no me trates de señor que automáticamente se me suben diez canas más a la barba (la cabeza ya sabemos que es una causa perdida).

    Respecto al "mendiós!", tiene su aquél, no lo niego, perfecto para los tiempos que corren, todo prisa, todo compactado: el exabrupto idóneo para los que no disponen del tiempo suficiente para cagarse en sus muertos.

    Saludos.

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