Resistencia en el flanco débil

agosto 24, 2023

La hora del diablo de Fernando Pessoa

 


 

   ¡Ay, esos libritos pequeñuelos de editoral Acantilado! ¡Te los acabas antes incluso de haberlos pagado! ¡Qué sería del mercado editorial sin estas entrañables, golfas, minutísimas y consentidas tomaduras de pelo al respetable lector! 

   Este librito es un cuento de no alcanza 40 páginas de Fernando Pessoa. Y ya. ¡Ah, sí! Más un bonus track de otras no alcanza 40 páginas de la traductora del cuento de Fernando Pessoa. Y esto último, entiendo, más que nada por aquello de que la probabilidad de que salgas de la librería con la mosca detrás de la oreja debe ser menor si te clavan 7 eurazos por 80 páginas que por 40. Concreta y exactamente el porcentaje de tu posibilidad de no mosqueo se duplica. Eso, claro está, hasta que lees las no alcanza 40 páginas de la traductora y ves que están todas plagadas de citas literales del cuento de no alcanza 40 páginas de Fernando Pessoa que recién acabas de leer. Ahí ya sí te cabreas bien cabreado y empiezas a soltar tacos, pero también es verdad que para ese entonces el berrinche te coge en casa y cenado y como que vas dejando la escopeta cargada para mejor ocasión. Siempre va a haberlas...  

   «La hora del diablo» hace referencia a la hora de cháchara, palique tostón y tentetieso que el diablo le mete a una pobre paleta embarazada, con el objeto de convencerla de que no es tan diablo el diablo como lo pintan, pero no nos engañemos, el diablo es el diablo siempre, y en realidad sus intenciones son muy otras, tan otras como ofuscar y confundir a la pobre —y lerda— muchacha con su inatajable verborrea metafísica para, en cuarto y mitad de su aturrullamiento, dejarla preñada, esto es, reembarazarla, enseminarla del hijo del Anticristo, y es entonces cuando nos apercibimos de que es debido a esta sencilla a la par que sibilina práctica diablesca, que está el humano mundo a reventar de pequeños —y no tan pequeños— hijos de satanás.

   Lo más artero y vil de este cuento de Pessoa no es que el diablo pretenda engañar a este inocente alma de provincias —y de paso también a nosotros, provincianos lectores—, con el viejo y barato truco de la estampita. Lo peor es que siendo como es el diablo, prácticamente omnipotente para tantas viles conductas, al muy tacaño no le alcance el presupuesto ni para la burundanga...

   Ni que decir tiene que éste es un cuento del todo misoginazo, muy impropio de los tiempos que corren, pero aquí nadie pone el grito en el cielo, ya lo sabemos, primero, porque es de Pessoa, y segundo, porque ni siquiera alcanza la afrenta 40 cochinas páginas.

   Una risa.




2 comentarios:

Palimp dijo...

Para evitar estos timos están las bibliotecas :D

Me encanta la frase 'Te los acabas antes de haberlos pagado'

Von Krolock dijo...

Y supongo que hasta habrá hasta que se lo lean y después ni siquier pasen por caja...