Resistencia en el flanco débil

marzo 03, 2010

Bilbao-New York-Bilbao de Kirmen Uribe


Chatwin nunca lo hizo

A mi entender, la clave de este libro reside en su mismo título, ese viaje de ida y vuelta que si no acaba en descalabro es sólo porque la altura de vuelo escogida por su autor —a la par que piloto—, Kirmen Uribe, es premeditadamente baja, comedida, no sea que nos la peguemos y depués me quieran hacer pagar el pasaje completo por nuevo. Una lectura, por tanto, de entrante o picoteo, de marear la perdiz de la espera en terminales anochecidas, asientos clase turista o apeaderos mal alumbrados, mientras se aguarda ese último tren que nos largue de una vez de la jornada. Puedes desconectar de las páginas en cualquier momento o bien saltarte un par sin llegar por ello a perderte nada relevante. Luego vuelves a conectar y como si tal cosa. Y así hasta el final del libro, que a fuerza de este tibio discurrir sin picos ni trabas acaba por no sentar ni bien ni mal, sólo un plato más, y ya para la cena, si acaso, preparamos algo con más sustancia...

El libro de Uribe naufraga —o ameriza, como prefieran— no porque se pretenda más de lo que es, sino porque no es en absoluto lo que se pretende. Ni lo que pretende su autor ni mucho menos lo que venden sus editores. En qué se estaba pensando cuando se le concedió el Premio Nacional de Narrativa 2009 a esta obra ya es un misterio de alquímico arquitrabe que se me escapa al tiempo que me intriga... Mal que les pese a todos, este Bilbao-New York-Bilbao no es una novela. A lo sumo es un entretenido libro de viajes sentimentales. Para que hubiese novela tendría que haber un planteamiento al que siguiese un nudo que condujese a un desenlace. O más fácil: tendría que darse alguna suerte de crisis. Y aquí ni hay delta ni hay desembocadura ni hay nochevieja que valga porque el texto entero es un looping constante de palimpsestos que no concretan ni amarran nada, todo lo dejan al azaroso embrujo de una cabeza pensante ebria de remembranza de los años y los rostros que dejaron de ser y curiosidad por los rostros y los años que pudieron haber sido: recuerdos, diarios, daguerrotipos, estampas, anecdotalia, pensamiento ensimismado enhebrando disquisiciones a kilómetros de altura sobre la superficie nocturna del Atlántico. Atractivo a ratos y a veces hasta poético y casi lacrimal. Refocilante pero sin garra. Otras veces un poco tostón, para qué negarlo. Pero novela no. Si acaso el making-off de la novela que Kirmen Uribe, tal vez, proyectó escribir alguna vez, pero que ya no será, porque para qué, si ya ha dado el campanazo con esto, que es más que otra cosa una narrativa de notas mentales, un cuadernillo de trabajo. Un lo apunto antes de que se me olvide y luego ya en casa, si acaso, lo rehago y le perfilo cara y ojos...

Pero resulta que no, que al fin y al cabo un vuelo transocéanico te deja en la miseria, destrozado, y total por qué iba a currárselo más, si el nocillismo sin cuartel y la mutancia afterpopera exacerbada ya hasta justifican entregar las moleskine a las imprentas.



Medallones de Zofia Nalkowska

El horror en diferido


Finiquita uno las ochenta páginas de estos Medallones en el poco ferrocarril que separa dos estaciones de media distancia, por un poner. En su defecto cualquier sala de espera de sanidad pública también haría esas veces. Es la suya una inconfundible arquitectura de sprint, de punto y final y se acabó y no se te ocurra buscarme ni en las contrarrelojes ni en la media montaña, así que mucho menos en la escalada. Un destapar el tarro de las esencias única y exclusivamente cuando está todo hecho. Apuntillar la faena sobre el doler y el sufrir y el sudar de los otros... Aunque quizá estoy siendo severo. Sólo quizá.





Es ésta, por tanto, lectura que destaca, ante todo, por su complexión asténica y frugal, todo y que aún no sé decirme si se asimila como postre o bien como aperitivo. Creo que más bien lo segundo. Difícil sentir este libro como otra cosa que una nota al margen, a pie de página, dentro del enorme edificio de la literatura del exterminio. De modo que sí, uno podría sentir la llamada, querer saltar desde Medallones a otros importantes libros del genocidio si es que aún no conocía la Trilogía de Auschwitz de Primo Levi, La escritura o la vida de Semprún, Sin Destino de Kertesz o Una mujer en Birkenau de Smaglewska, la lista sería larga... Pero muy difícilmente se sentirá a gusto andando el camino inverso.

Publicado en 1946, al calor del recién descubierto horror de la solución final, Medallones es un constructo tan al tiempo pseudoperiodístico como pseudoliterario, edificado a partir de los sumarios instruidos por la Comisión de Investigación de los Crímenes Hitlerianos, de la que Zofia Nalkowska, autora del libro, formó parte. Nalkowska edifica su discurso sobre diminutas estampas embebidas de un horror en el que el lector —este lector—, no obstante, jamás llega a identificarse, quizá porque Nalkowska fue testigo de los hechos en tercera persona y a posteriori, nunca víctima de los mismos, y ese detalle, cuando estamos hablando de la literatura del genocidio, es esencial. La primera persona del torturado singular se impone.

Así las cosas, el valor de un libro como Medallones, tan distanciado del centro del horror —a pesar de su loable intención primera—, cuando ya presenciamos y sentimos en carne propia el verdadero centro de la oscuridad y del absurdo a través de Primo Levi, no puede ser sino el de curiosidad histórica y poco más. Lo que en 1946 fue necesaria denuncia, en 2010, visto lo visto, andado lo leído, es ruido y redundancia. La edición en castellano del libro de Nalkowska, por tanto, parece llegar demasiado tarde al lector español, sus páginas envejecieron definitivamente en todos estos años, se antojan superadas.





Texto publicado originalmente en Galatea.cat el 16/11/2009


febrero 04, 2010

Todo lo demás es porno

Me pregunta S. que si me volvió a dar por ahí, a si volví a escribir algo se refería, ya saben, actualizar y todo el rollo; que si ya me podía dar por perdido definitivamente para el blogogallinero o qué coño estaba pasando conmigo; que si tenía en cuenta qué imagen estaba dando de mi persona tener en primera plana tanto tiempo a Hitler con el lagrimal abierto, tal que si fuese humano y demás tremendismos. Que si basta ya de este silencio y esta indolencia, en suma, como si en verdad me hubiesen de quitar el sueño aquellos que no sabiendo leer entre líneas piensan que toda imagen ha de ser por fuerza como su sentido de las vidas —no sólo la suya, también las de los demás, tiene cojones—, esto es, contumaz y monosémica. O lo que es lo mismo, como si el problema lo tuviese yo en lugar de ellos... Acabáramos.

Pero es cierto, me debo un momento fuera de este mundo patibulario en el que el rigen bifrontes tanto la ley del más mentecato como la irregular cadencia de los intestinos. Cinco minutos aquí y veinte allá para asuntos y entremeses prohibidos en el manual de instrucciones de los adictos al meridiano de la tibieza. Benditas anormalidades, rarezas, exangües ilusiones cuyo soslayo me diezma a la par que me posterga. En este caso la responsabilidad es sólo mía, lo reconozco.

Otro tema bien distinto es que de un tiempo a esta parte, no sé cómo demonios, recala por aquí puntual gente que sabe apreciar, dejando huella además, lo que me desconcierta no poco, justo cuando yo ya me siento ajeno a cualquier solución de continuidad y/o escape, pero en fin, les agradezco la molestia y les aprecio los parabienes. Si algún día alcanzo a recucitarme o bien sobreseerme quizá sus ojos pacientes lo contemplen y en ese preciso entonces exclamarán: ¡¿pero qué coño?!

Conque a la mierda un poco todo, supongo que algunos comprenderán.


enero 06, 2010

Portraits of Adolf


Der Bannerträger ("The Standard Bearer")
de Hubert Lanzinger (1935)


"Nunca he olvidado la impresión que me produjo Hitler al entrar en la sala. Yo había visto al Führer una vez, en la primavera de 1939, en un gran desfile militar organizado con motivo de la visita del príncipe regente de Yugoslavia. Mi regimiento participaba en ese desfile y yo estuve a unos treinta metros de la tribuna donde se encontraba el Führer. No hacía niguna falta ser nacionalsocialista para dejarse impresionar por su fuerza, su dinamismo y su vitalidad. Ésta era la imagen que yo conservaba, reforzada por las que ofrecían los noticiarios y los periódicos. La persona que se presentaba ante mí aquel 23 de julio de 1944 no se parecía a aquélla. Ya no era el "Füher del Reich de la gran Alemania combatiendo por su destino", sino un hombre de cincuenta y cinco años con aspecto de anciano, encorvado, jorobado, con la cabeza hundida entre los hombros, el rostro muy pálido, los ojos apagados y la piel grisácea. Caminaba despacio, arrastrando la pierna izquierda, y tenía una herida leve en el brazo como consecuencia del atentado. Guderian se encargó de las presentaciones. Con una sonrisa fatigada, me tendió una mando blanda mientras murmuraba unas palabras de bienvenida. Me quedé estupefacto. El héroe celebrado por la propaganda del régimen era una ruina. ¿Cómo era posible? Con el paso de los meses, empecé a entenderlo. En aquel momento, tuve la impresión de estar contemplando una figura de cera. Me dije que el Reich estaba regido por una ruina humana".

En el Búnker con Hitler
Bernd Freytag Von Loringhoven
(en traducción de María Pons Irazazábal)

Hitler, la novela gráfica (Gekiga Hitler), de Shigeru Mizuki (1971)

enero 02, 2010

Watch TV

Volvió el frío y volvió el viento. Son las cinco y casi media de la madrugada. Creo que soporto bien el frío. Pero odio el viento. Claro que morir de frío es una de las peores muertes que puedo imaginar. Otra que tira para atrás es morir ahogado. El viento aquí nunca es noticia, forma parte del pan nuestro, de los que vivimos por aquí, o mejor: de los que habitamos esto. Se utiliza la palabra "vivir" con demasiada alegría. He encendido la estufa. Me estaba helando. Me gusta el frío, sí, pero qué le voy a hacer, soy de gen meditarráneo. Querría más norte en las venas, ser más escandinavo, que no inglés. Danés, noruego, sueco. Finés no, que ya bastante afán suicida acarreo de serie... El viento ahora ya no se escucha apenas, pero ha pegado duro todo el día. Hay que estar atento y cerrarle la puerta en las narices antes de que se te cuele dentro. Si no, estás perdido. Te vuelves loco. Te vuelve loco. Más que del revés, te vuelve del envés la cabeza. Como un calcetín. Un cerebro detonado. Las circunvoluciones fuera de tiesto: espagueti-western, Sam Peckimpah. Por eso hay que domarlo, de alguna manera, al viento; zafarte de su aliento vampiro. Por eso quiero que sea el principio de un relato que empieza y acaba en Philip K. Dick: a uno de los personajes, de buen inicio, lo despierta el viento. El viento contra las ventanas, asiendo del gañote a las persianas, zarandeándolas. Luego está el tema de las distopías que vienen. Lo que es un absurdo, porque nunca se entra ni se sale de la utopía negativa. Todo allá afuera —y acá dentro— es distopía y es tránsito y es feísmo. Locos de atar y para que nos encierren. Por el viento que sopla, por el tiempo que se escapa. No la distopía que vendrá ni la utopía que pudo ser, sino la heterotopía que somos... Otra cosa para el apunte: desde ayer no hay publicidad en la televisión pública, según parece; por lo que Agustín Fernández Mallo debe andar de luto. Requiescat in pace, sí. Pero queda telecinco y queda antena tres, y también la cuatro. Y, cómo no, queda la sexta, ella y sus presentadoras, tan reguapas, y cada una con su par de tetitas, tan pien puesto. A mí es que lo afterpop debe haberme pillado tarde. Soy de la vieja escuela. Así que donde haya pechuga no me pongas al negrito del africa tropical. Que me rebelo.


Solomon Kane El Puritano en el año 2010

Sombras de Robert E. Howard (1):


Cubierta original de The Sword of Solomon Kane, nº 3 (enero 1986)


"En el fondo de los sombríos ojos de Kane había comenzado a relucir una luz brillante, como un fuego mágico que resplandeciese bajo inmensas capas de frío hielo gris. La sangre fluyó más rápida en sus venas. ¡La aventura! ¡La dramática atracción del vivir peligrosamente! Sin embargo, Kane no era consciente de tales sensaciones. Le pareció que expresaba con toda sinceridad sus sentimientos cuando dijo:
—Tales sucesos han de ser obra de alguna potencia demoníaca. Los señores de las tinieblas han desatado una maldición sobre la comarca. Precisaréis de un hombre fuerte para combatir a Satanás y a su poderío. Por eso iré yo, ya que he desafiado a ambos en más de una ocasión."
"Skulls in the Stars"
(Weird Tales, enero 1929)
Calaveras en las estrellas, relato de Robert E. Howard
en traducción de Javier Martín Lalanda



Solomon Kane de Neal Adams para Kull and the Barbarians nº 1 (mayo 1975)

enero 01, 2010

¡¡¡Tolkien sin adulterar, tío, que yo paso de metadonas!!!



Miren por dónde, por una vez, y sin que sirva de precedente, el tal José Mota dio en el clavo...


diciembre 30, 2009

Si la mochila ajusta...

Ya ven, perdiendo el tiempo con el Photoshop en lugar de dormir las horas que a uno le pide el cuerpo. Les invito a hallar las diferencias que, a la vista está, no llegan a siete...




Imagen: José Ortiz, 1986



¿Y total para qué? Para perpetrar barbaridades... Como de costumbre.

diciembre 27, 2009

Emiten Piratas del Caribe 2, o lo que es lo mismo: La Disney méandose en William Hope Hodgson


1) Artículo sin desperdicio de José Ramón Vázquez en Prospectiva: ¿Steampunk, Retrofuturismo o CF Vintage... Quién da más?


"Al rebufo del éxito que está cosechando el steampunk han aparecido dos nuevas visiones retrofuturistas, que cambian la energía que mueve la tecnología imposible y, por supuesto, las constantes propias del escenario. Quizá las más pujantes hoy día sean el clockpunk (en la que los mecanismos de relojería y las invenciones de Leonardo son de uso cotidiano en el Renacimiento) y el dieselpunk (radicado en el periodo de entreguerras con el art-decó y las dictaduras nazi y stalinista, aunque en amplio sentido podría entenderse obras como Mad Max dentro de la definición), aunque de acuerdo a este espíritu y clasificación no es descabellado que un futuro surjan términos como atomicpunk (del que la saga de videojuegos Fallout sería un claro exponente) o stonepunk (encabezado por Pedro Picapiedra y su uso de dinosaurios como objetos tecnológicos de uso cotidiano)."

No hay nostalgia peor que añorar lo que jamás sucedió
José Ramón Vázquez

2) A través de El Sitio me entero de que el fantasma de las navidades futuras se adelantó una barbaridad y se nos llevó al gran Dan O'Bannon, guionista de un montón de películas grandes del moderno fantástico; Alien, Dark Star, Muertos y enterrados, Heavy Metal, Lifeforce, El regreso de los muertos vivientes, Invasores de Marte (1986) y Desafío total, entre otras.


3) Sombras de Edgar Allan Poe (1):



y 4) Fragmento (literal) para la saca: Alimentar la mente de Lewis Carroll, Gadir Editorial, 2009.




diciembre 25, 2009

De cuando tenerlos bien puestos no era políticamente incorrecto...



En la navidad más que en cualquier otro calendario se hace bueno el dicho aquél, ése que canta: a cada cerdo le acaba llegando su San Martín... Miren si no lo de Berlusconi el otro día, ¡zas!, en la boca; y ahora lo del Sumo Padre Ratzinger, besando el suelo, sí, la lona, pero a lo bestiajo y en modo involuntario. Está claro que en Italia están que lo tiran, que andan con la iconoclastia por las nubes y hasta los cojones de mamonadas, con ese afán de navidulear el mundo que ya les dio allá por el 45, cuando colgaron a Mussolini y la Petacci a curarse al sol en plan pernil camisa negra con denominación de origen. Pena que hoy día para darle a los tiranos y demás impresentables de turno lo suyo, sin por ello caer hasta los restos en la casilla del talego, previamente se habría de desatar una guerra, mundial a ser posible, con mucha profesión de barbaridades explosivas y sangrientos sinsentidos, abundante en crímenes contra la humanidad y demás genocidios. Y no parece estar el horno para semejantes bollos, aún... El tema, empero, no es tanto saber que antes o después, cabronaco o no, hideputa o no, te van a acabar dando pasaporte. La cuestión reside más en qué clase de jamón se va a convertir uno. No sé ustedes pero yo me siento cada vez más perro verde, más extraterrestre, alienado y ajenado y exógeno de todo cuanto se suele convenir por vida, por existencia, por mundo. Me la suda un poco todo y me resbala todo un mucho. De ahí, por supuesto, el largo silencio, este inescribir de prácticamente dos meses que fue hasta ahora y aquí, que aquí y ahora tengo el mal gusto y el indecoro de destruir. Espero me excusen el ripio y la cursi eufonía, este finolis esteticismo barato y de marca blanca, si les confieso que al menos el tiempo lo empleé en la mayor salud que puede haber, esto es, leer cosas chulas, de bien ponderar, que a nada bueno conducen, cierto, que a ninguno salvarán de la quema, pero que ahí están. Como Berlusconi-Nosferatu, que ahí lo tienen también, está visto, ardiendo en deseos de ponerse a las órdenes de la autora de cul(t)o por excelencia, la de los chupasangres fashion, Stephenie Meyer: de aquí a seis meses disponible en sus librerías y la próxima Pascua en sus pantallas... Qué bonito es el mundo sin el olor del napalm por la mañana... ¡y qué soplagaitas!