Resistencia en el flanco débil

junio 09, 2010

¡Yo amé a una Mujer Tigre Vampiro!

Así a grandes rasgos, el final de Vampire Circus es el comienzo de Monster Squad, ¡y que viva el homanaje!: tan pena es que Fred Dekker no sobreviviese a Robocop 3 como que la Hammer tampoco lo hiciese a la década de los 70. Todo eso que perdimos. Más o menos...

Vampire Circus es una cosa demente y sin sazón que sólo se puede aguantar en pie, mal que bien, si se la defiende desde ese repóker de imágenes tremebundas y el par de secuencias de sicalíptica antología que la postulan, aún hoy, como un pequeño bizarro tesoro dentro del panteón filmográfico fantastique. Le perdona uno, pues, su total desbarajuste en el ritmo y en el montaje, la esquizofrénica ilación de los mimbres argumentales, así como la tibieza mantecosa de gran parte de su propuesta formal, en su mayor parte ya risible en aquel lejano 1972, todo eso se le perdona, como digo, aunque sólo sea por paladear ese prólogo made in Hammer, adulteresco y pederástico, pura y esencial lección psicológica del comportamiento de la humana turba; aunque sólo sea por la escena del baile sexual animal animamuertos, con esa mujer tigre, esa tiger woman hasta las trancas de tetas al aire y polvos implícitos en todos y cada uno de los poros de su desnuda y pintada piel; aunque sólo sea por ese coraje iconoclasta de mostrar a mujeres, niñas púberes y señoras de, todas ellas ahítas de ninfomanismo, sedientas de esa lefa vampírica que si bien no conduce a la vida eterna sí al menos es el camino del folleteo padre, el Polvo entre los Polvos.


¿Mujer Tigre en época de celo? ¿Caracono?

Vampiros con una sota de bastos por tranca de un lado, mujeres con la bilirrubina felátrica por las nubes del otro, y en medio los humanos maridos pueblerinos, cornudos, ultrajados, con la pichulina hecha fosfatina, heterónimo de gorrión. Y como colofón, para aderazar semejante ensalada de pornopatía, un circo de freaks mugrientos, encabezados por el forzudo carapalo David Prowse, futuro Darth Vader para los restos.




Adaptación al cómic de Vampire Circus a cargo de Brian Bolland y Steve Parkhouse

(The House of Hammer nº 17, febrero 1978)


Lo mejor de la Hammer, Cushings aparte, fue siempre el rojo vivo de la sangre y lo generoso de los escotazos. Ninguno de estos elementos falta en Vampire Circus, todo y que estén al servicio de una película endeble y mediocre que convierte uno en degustable a base de ilusión y fiebre de bragueta. Con ese título y semejante planteamiento uno hubiese preferido algo de más empaque, una suerte de híbrido entre La Feria de las Tinieblas de Ray Bradbury y la Feria de Monstruos de Berni Whrightson y Bruces Jones. Pero a falta de pan buenas deben ser, por fuerza, un par de tiernas y golosas madalenas... Digo yo.






3 comentarios:

  1. Y sí, ya sé que la Mujer Tigre no era vampiro, pero es que sí no no me cuadraba el título del post.

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  2. Debo decir que ando muy cojo de hammerismo setentero. Pues no tendría que videar y videar para descubrir estás cosas. Suerte que anda usté por aquí. Por cierto, tiene un aire joseluismorenesco el tígrido baile ¿no?

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  3. ¿Baile?, ¿qué baile?, no sé, usted sabrá, yo únicamente me fijé en las madalenas.

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