Resistencia en el flanco débil

diciembre 02, 2012

Hemon y sus mentiras (Pesares & Coyundas)



   Aleksandar Hemon nos muestra varias polaroids de lo largo de su vida. En forma de cuento. Polaroids narrativas. La mitad de cada yo —cada él— de sus cuentos es verdad. Otros tres cuartos son mentira. Las cuentas no salen, ya lo sé, pero, señores, esto es literatura... Me importa un bledo conocer qué mitad es verdad y qué tres cuartos son mentira, a mí lo que me interesa es cómo asienta la mezcla en el paladar. Y la mezcla sabe bien las más de las veces y bastante de puta madre en un par o tres de tentativas. Así que el saldo no está nada mal.


   El Hemon de «Amor y obstáculos» es un yo mitad autobiográfico y tres cuartos trola que se pasa el tiempo y las páginas ansiando mojar el churro mientras intenta enchufarle al personal un cuento o poema o ensayo o affaire literario titulado "Amor y obstáculos". Dicho cuento o poema o ensayo o affaire literario, sencillamente, no existe, se lo saca Hemon de la chistera para darse coba mientras busca la hendija de la las féminas y tantea la oportunidad de meter su churro dentro. De ahí, suponemos, la cerradura en forma de corazón de latón de la tapa del libro, todo un hallazgo erótico-subliminal invocando el coito ya desde la portada, pero sin tener, en útima instancia, el coraje de titular la cosa con honradez («Follar sin obstáculos»), porque vete tú a pensar qué dirá la gente, y además la de ventas que se van a perder. Qué avispados, maeses editores, ay que ver...

   Todo lo cual para distraer su atención, no la atención de ustedes, no la atención del lector, sino la del propio Hemon, distraer a sus sosias diversos, sus yoes polaroid, del que el escritor siente su verdadero e íntimo castigo, su drama vital auténtico, que no es la falta del follar, tal y como, aviesos pensadores, podríamos imaginar, nada más lejos y menos priápico; que, antes bien, es más un complejo de culpa como un castillo en los Cárpatos, porque cuando los Balcanes saltaron en pedazos él estaba en los Chicagos, de modo que su particular guerra fratricida el hombre tuvo que chupársela entera en diferido.

   Y es que definitivamente el «Heart of Darkness» conradiano no es lo mismo leído que vivido, conque quizá sí, quizá mejor no pensar más en ello, todos mis hermanos de sangre allí, haciéndose picadillo, y yo aquí, tan lejos, tan a salvo, sin otra cosa mejor que hacer que emborronar infolios o pantallas con mis trolas sicalípticas. Mejor así, mejor olvidar tanta pena, tanto dolor, mejor seguir escribiendo para follar...

 



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