Resistencia en el flanco débil

julio 25, 2009

Quiet Post in the Western Front



El verano es tiempo de barbecho bloguesférico, más que nada de andar pateando la Red de arriba abajo a la caza y captura de ese vuelo por un euro que nos lleve de aquí y nos traiga, tasas incluidas, de cualquier ninguna parte. Nos quite de este calorazo indecible y nos meta en otro aún mayor, las más de las veces cocotero y tropical y orillado de malarias. Pero sarna con gusto no pica, dicen, así que la picada de un mosquito malayo hasta las trancas de fiebres supongo que tampoco. De ahí que uno pueda sentirse aquí y ahora como en casa, con poco o ningún temor de asfixiar al respetable con la insana peste de sus recién quitadas zapatillas. ¿Acaso alguien anda transitando estos alrededores?... Y es que hay pies y sobaquinas y alientos que son peores que cien cajas de Pandora, mas no hay qué ni hay problemática cuando no hay universo del otro lado, que toda la basca ha regresado al mundo real por tres semanas, regalándose una tregua más que merecida de tanta ciberpamema y tanta virtuhostia.

Yo, en cambio, escribir, lo que se dice escribir, escribo poco, nada y menos y cuarto y mitad de lo que me pide la muela del juicio que me dejé en no sé qué placenta, pero algo escribo, con todo, y ese algo es esto, esta basura que sostiene lo justo mi cordura al tiempo que apuntala mi indolencia: cada cual se automedica la maldición como buenamente puede y le parece y mi bolsillo no da para grandes exhibiciones antibióticas ni estupefacientes, pero para papel y lápiz y café todavía me alcanza.

Lo que es una pena es que pudiendo ser tantos seamos tan pocos, y de esos pocos, tantos tan contundentemente malos. Tanta medianía me da de arder... Escribir fue siempre cosa proselitista, eclesial y de derechas, cosa de ricos, vamos, que fueron a quienes únicamente se les enseñó la letra, sin sangre además, que ésa, la sangre, corrió toda de cuenta de la soldadesca garrula y el campesinado analfabeto. Con el tiempo y los siglos y la mucha hemoglobina sembrando barros conseguimos dar la vuelta a todo aquello, pero luego vino la ESO y vino Operación Triunfo y después aún vinieron Risto Mejide y sus condenados libros, y a partir de ahí sí que ya se hizo el acabóse... En plena era de las telecomunicaciones prima el volumen de datos transmitido y se premia la velocidad de transmisión, pero la calidad de la información transimitida ya no es un valor. Teniendo la capacidad de comunicarnos en tiempo real con un fulano que está en nuestras antípodas para decirle que estamos bien, que somos felices y comeremos perdices, va y le mandamos un jodido smiley sonriente... ¡Pero qué coño!

Será que me estoy haciendo mayor y retrógado y cuando no me duele el coxis me duele la rabadilla —que viene siendo lo mismo aunque no sea igual—, que ésta ya no es realidad para viejos, pero cada carta en mi buzón que no es una factura se me antoja pica en Flandes y cada correo electrónico que no es un maldito telegrama me parece una exquisitez de la mayor clase. Las contadísimas excepciones no dan lugar para abrigar ninguna esperanza pero sí al menos han de ser una digna lectura mientras agotamos la espera.

Llegará el día, lo sé, en que sellos y libros y plumas estilográficas sean sólo meros objetos de coleccionismo, pero para ese entonces espero haber muerto hace mucho, y mi biblioteca y mi correspondencia y todos mis bártulos de escritura arderán después de mí... Eso si es que mis herederos no se las dan de Max Brood y me hacen la púa malvendiéndolo todo a un trapero o a un Boba Fett de la cultura.




julio 05, 2009

Last Lap



Relee uno lo que escribió de madrugada, ya entrando el alba, después de seis o siete horas de sueño de cuarenta y ocho, los ojos desorbitados, el estómago inyectado de tristeza, y no sabe bien adónde mirar, dónde esconderse, gachas las orejas. Vergüenza y pudor y vértigos en lo grutesco del córtex. Duda si darle o no al botón de "borrar entrada"... Tanta impúdica exhibición de los arrestos no es de recibo. Pero qué coño, uno es lo que es, todos cuantos es, pese a quien pese, empezando por su propio sentido del ridículo. Que me jodan. Que les jodan a ustedes también. Aquí no se cambia ni se quita una condenada línea. Al fin y al cabo nadie entra aquí obligado y encima no les cobro entrada... Las impecables fachadas para aquellos que todavía tengan esperanzas de pervivir.

Pero mola, de repente todo el mundo es ballardiano. Me cago en Dios. Mejor tarde que nunca, supongo... Video y revideo el clip de Depeche Mode y me pongo cachondo. El Arte de la Destrucción. Qué tan grande inmisericordia. Se me hace el colmillo baba pavloviana y me viene a las mientes Klaus Kinski mordiéndole la carótida a la Adjani fuera del set de rodaje —¿Han leído ustedes Yo necesito amor?—. Se me eriza el sistema cavernoso. Este mundo es una afiladísima y prístina patada en los cojones escocidos. Inmarcesible como una cicatriz cauterizada a hierro y fuego. Me da igual que Dave Gahan y sus chicos llamen a esto "Wrong", yo lo llamo "El asesinato de un esbirro de mierda considerado como una carrera de automóviles en cuesta descendente". O mejor que un esbirro: un director de banco. Ahí sí que sí. Me han ganado. Bravo bravo. Bien.

Y no crean que no me doy cuenta, que últimamente estoy de un hijoperra que tiro de espaldas, excesivo e hiperbólico incluso hasta para mí, con lo que yo he sido. Brindo por eso también. Cuando sea que NeoTokyo esté a punto de volver a reventar, Ayrton y yo estaremos allí para marcarnos una bravas.











junio 15, 2009

Ayer Lee Marvin me encendió un pitillo antes de morir


A estas alturas ya el oxígeno es un lujo que mi nómina no puede permitirse; mi ego, por supuesto, hace meses que declaró suspensión de pagos. También asume uno que el Everest es más ficción y leyenda y literatura que roca asesina. Es lo que tiene no llegar ni a mileurista. Espejismo para hoy que ha de ser la gazuza de mañana. También está el hecho, la asunción, el tener por la mano que la poesía es el caballo de batalla de todos aquellos que quieren mostrar sin mostrarse, o lo que es lo mismo, decapitar sin descabalgar, o lo que es lo mismo, no arriesgar más que lo justo. Y sin riesgo no hay victoria, dicen los tópicos, ya saben, esa moneda de cambio entre poetas, politicastros, peripatéticos y no, es decir, todos los otros, que somos nosotros y el resto, los de más allá. Incluidos los muertos.


Por eso a mí que no me saquen de la infantería. Me faltan el cerebro y sobre todo el rancio abolengo para cualquier otra putada que no sea la carne de cañón. Morir matando ya sería el último escalón de mi techumbre. A mí trabajos finos que no me endilguen, que tengo los dedos como morcillas de Burgos.


Hubo un momento del día en que se dio la circunstancia de que fueron las once de la mañana y yo todavía no había probado bocado. Subsané eso en cuanto me fue posible. Cabe decir que el café me sentó de muerte, una patada de sarna con gusto justo y directa a la boca del hígado. Cuando fui canijo el café de bar sabía casi siempre al infierno que tenía que saber. Hoy día tienes que gastarte en cafeterías cinco mil del ala, de las de antes, antes de probar algo digno de llamarse achicoria. A lo demás que te sirven ni siquiera lo puedes llamar mierda. Insultas a la mierda si lo haces.


De repente me siento mayor. No voy a decir que anciano, pero mayor. Ni ajado, ni usado. Sólo mayor. Dos pasos por delante de la ionosfera y lo siguiente es Marte, inalcanzable, imposible, la cuadratura del círculo del vaso sobre la mesita de noche, pero físico, así que no se sabe nunca. Houston, ahí tienen un jodido problema... Ustedes, no yo. A partir de aquí suelto amarras y que les den. ¡Manejo las cuerdas! A ver cómo explican esto en el Departamento de Gastos. Que se les ha extraviado una misión. Que les renunció un poeta en pleno vuelo, justo rebasada la atmósfera va el tío cabra y se les hace mayor.


En los oídos: Tiger in the Sun. The Cult. De cuando se hacía música. De cuando se servían cafés. Sigue sonando a esa suerte de inmortalidad de segundos, cuando ni siquiera el tiempo se atrevería a sacarte de la siesta, mucho menos rozarte con la yema de sus huesos descarnados. ¿Tiene yema un dedo escarnado? Joder. Incluso diría más: ¿se le puede llamar dedo a un dedo descarnado? He aquí un error de bulto que ningún poeta con posibles cometería. Pero queda bien. Por lo menos ahora, dentro de cinco minutos o tres líneas vayan ustedes a saber.


Ahora voy y les hablo de ustedes y la voz en tinta me sale esquiva y como silueteada, más de individuo sin sombra de duda que lo alumbre o que piensa que tiene el cielo de su parte. Es por lo de antes, nada grave, cosas de la edad, se vuelve uno mayor de un día para el otro y ya se cree en la potestad y la prerrogativa de empezar a repartir tostón a todo quisqui con sus batallitas de salón. Pero sí, qué coño, un muchísimo hasta aquí, ustedes no lo ven pero yo lo estoy señalando, así, hasta aquí, hasta los mísmísimos, hasta la mismísima de dejarme el pellejo en batallas que a nada conducen. De defender posiciones que a nadie importan tres carajos. Medallas de sangre y rabia y cretino cinismo es lo único que he ganado hasta hoy. Pretendérselas de Alonso Quijano perdido de la chaveta y afrontar gigantes vaporosos en el aire está bien hasta cierto punto o edad teñida de prodigios enardecidos. Y queda bien en el curriculum sólo si te sabes vender muy bien, que no es mi caso. El ego no es lo mío, no lo ha sido nunca. O mejor dicho: mi ego no se me da tan bien. Todo son renuncias.


Pero está Marte, Marte rojísimo, bello, deletéreo, mortal, inalcanzable e imposible, pero físico, tan real como cualquier derrota y más apetecible que todas las victorias. Eso y que si se me presenta Curro Jiménez y me suelta: "¡La escritura o la vida!", le digo que la bolsa, a ver si entre el shock por la respuesta desusada y el ser un tío sin estudios superiores, el ponerse a urdir conjeturas con los dedos, voy y me escaqueo, ahueco el ala de allí antes del primer trabucazo.


Ustedes, ninguno, me comprende, eso ya lo sé y lo doy por consumado, pero yo me entiendo y con eso tiro millas, me basta y sobra para arrasar Cabo Cañaveral de un petardazo intestino. Miguel de Cervantes también comió judías pintas y sufrió sus consecuencias. Como el que más.

junio 09, 2009

Poor Brother Maginot




Tanto frío esta noche en la superficie de las sábanas
todas las ventanas abiertas
sístole y diástole achicando oscuridad...


Y aquí lo dejaría si no me hubiese declarado
en guerra contra el haiku
artículo último de la pornomoda
artero zurullo pseudocrepuscular
ya al alcance de cualquier meapilas
como ahora Jiménez Losantos
por un poner
¡y ya es ejemplo!


Tanto tiempo en primera línea de frente
sintiendo el asco y la mierda llover
chuzos de punta sobre el yelmo imposible
sorteando la muerte
afrontando la debacle
el rictus cansado
encarnizada la boca
el alma torcida; hierro de espino
para acabar dando ojos a tamaño absurdo:
cualquier hermano de sangre rebanado
por la metralla de la cagada de un buitre semejante...
¡definitivamente no!
no es de recibo


Quizá mejor alzar los brazos
y entregar las armas
darse a la buena vida de la renuncia
escribir poemas que sólo entenderé yo
o no volver a escribir siquiera
combatir tanta dantesca imbecilidad sólo con silencio...


Eso y cagarrinas eternas para quien gaste su dinero
–casposo pelele inmoral–
en semejante truño... Por supuesto.




marzo 12, 2009

Los caídos de Telemark


El que espera desespera y eso no hay quien lo revierta por más que suene a tópico. La noche me confunde, como a todos, aunque sólo yo entre cuantos conozco no sé dónde me dejé olvidados los cascos, los auriculares, o sea, y ahora no puedo escuchar música sino a un medio gas que ni arrastra ni envilece ni me tuerce el nervio paroxístico. Debería irme a dormir y dejar todo esto en paz, pero tengo ratas en el tuétano royéndome parte de lo que no está escrito y cuarto y mitad de lo por escribir. Conque lo echo fuera antes que darlo a perder aun asumiendo que escribirlo y perderlo es todo uno y casi casi lo mismo. Soy un agujereado casco de combate enterrado en la nieve, eterna y silente.

Hay quien me dice que mientras siga escribiendo como lo hago no va a haber nunca más de un par de locos que me sigan y yo pienso que está bien así, que para qué congregar más audiciones si esto es todo lo más de lo que me veo capaz y para conferencias y ruedas de prensa no estoy ni estaré nunca, porque me puede la dictadura de la ajena mirada y porque ya uno se conoce y se sabe más bien justito de prodigios, todos de boca para adentro, que ni lucen ni dejan lucirse.

Me lee, pese a todo, quien debiera o no quiere entender. O cree que no puede, que le es superior. Lo que es una pena. La tragedia del miedo. Y me lee también, lo más probable, quien tuvo y no retuvo por no apostar, por no arriesgar. Su drama es peor, porque es el de la cobardía, para cuya mordedura no hay más antídoto que el jarabe de lápida. Sírvase frío.

Y en lo general hay que estar de enhorabuena porque vuelve a estar disponible en las librerías Semmelweis de Céline, opúsculo cabrón cuya frugal lectura recomiendo a todo aquel que opine que lavarse las manos constantemente es conducta propia de obsesivos compulsivos. Ya veréis ya...

Y en lo particular añadir tan solo que aunque aquí cada vez todo parezca más baladí más sentido tiene y con peor idea está colgado, que nada es porque sí ni gratuito, que todas y cada una de mis palabras vienen a cuento de algún qué, y que os dejo por hoy, que es ya a todos vuestros efectos mañana. Hasta los cabrones como yo necesitan dormir de tanto en cuando.

Buenos días, pues.



marzo 10, 2009

Inoculado


Las circunstancias de la gracia
los movimientos del corazón
la dureza del exterior
sé que mis pesadillas liquidan galaxias
allá donde la luz es distopía...
Tal fue la letra pequeña del contrato
que jamás se me dio a firmar

enero 27, 2009

La Biblioteca Von Krolock




No te diré que no añoro

El invierno

Su mar de hielo y nieve ingobernables

La piedra helada y desnuda

En las paredes

De imposible arquitectura

Rezumando humedad gótica

Y el fuego encendido a todas horas

Alimentándose de una leña más vieja que la propia vida;

Preternatural



La última vez que la luz

Del sol

Me quemó la cara

Verdún era una balsa de muerte

Hoy la oscuridad ha invadido el día

Noche eterna para todos

Llueve

En todo momento llueve

La piel de los Replicantes exuda una ligerísima

Fragancia a rebotica con la lluvia



Tengo todo el tiempo del mundo

Para leer

Y hace décadas que no compro libros

Pueden aún encontrarse en el mercado negro

Únicamente releo

Peor que sentirse viejo es saber

Que no habrá tiempo para llegar a muerto

Hace tiempo que todo se impregnó de la acre peste

Del déjà vu

Me sé de memoria todas las páginas

Conozco todas las miradas

Incluida la tuya.



Así que no temas

Sólo será un poco de tu sangre

Lo justo para hacerte mía...

enero 26, 2009

Alégrame el día...





REFLEJOS SOBRE UNA SMITH & WESSON CROMADA



Me cago en la poesía colibrí
Droga blanda manufacturada para hipoglucémicos
&
Me cago en sus editores/camello
Accionistas mayoritarios de Azúcares d’España! (S.A)
&
Me cago en los productores/apicultores de versos (jamás “poetas”)
Del tipo: “amor, amor... ¿dónde te has ido?”
“te aguardo melancólica y núbil en el lago desolado de mis sentimientos”
&
“leyendo novelas de Danielle Steele y del Highlander travieso” (Yum!, Yum!)




Nietzsche hizo filosofía con el martillo antes de dejarse en el intento
la chaveta y un mostacho de invierno nuclear
&
Yo vengo dispuesto a impartir “poética” con la parabellum
Hostias a diestro y siniestro
&
Partirme la cara, si hace falta, con el próximo tiñalpa de diseño
Que pretenda enchufarme a Bécquer o Neruda en formato SMS
¿Cómo puede haber cretino nacido de hombre y mujer
que ose loar la innata belleza de una realidad que convive con Ana Rosa Quintana?
&
Que ensalce la vida, que cante al amor, que clame pasión...
¡Cuando no hay día que no te planten en los morros a la ínclita Obregón!



Habitamos un orbe mastuerzo y gañán,
Pestífero como una patada en los huevos
Pues sólo cuando te doblas sobre tus gónadas recién pisoteadas (una vez más)
Desciendes de “esa” manera al suelo
En el que siempre, sin excepción, te aguarda una caca de perro.




Esto es ser poeta en un mundo
En el que Antonio Gala sigue siendo súper ventas
Hedor a manos llenas...