Resistencia en el flanco débil

enero 22, 2026

En busca de un personaje (1961), de Graham Greene




    Este libro es el diario que llevó Greene en su viaje a un lazareto del Congo belga como preparación/inspiración para su novela "Un caso acabado". En sí mismo, no tiene mayor interés que el de leer a Graham Greene reaccionando, por reflejo negativo, al absurdo que supone la escritura. Novelista ya ampliamente reconocido, Greene no hace más que recibir durante todo el viaje las más variopintas peticiones de escritorzuelos o aspirantes a serlo: ¿Por qué a todo el mundo le da por escribir? Greene acaba haciéndose siempre esta o preguntas similares... No es para menos... Escribir... Qué absurda monomanía... Y escribir del escribir, ya ni te cuento. ¿Será por el afán de posteridad connatural a una razón que se sabe condenada a su disolución? ¿Será por el connatural afán del individuo a darle la murga, la serenata y el tostonazo al resto de sus semejantes? Sea por lo que fuere, se ha escrito y se sigue escribiendo demasiado... Peña que no tiene nada que decir, escribiendo; peña que no sabe expresar lo que tiene que decir, escribiendo; Peña que ya escribió todo lo que tenía dentro, escribiendo; Peña que tenía cosas que contar, pero que nunca supo ni jamás sabrá cómo carajo hacerlo, escribiendo... Es de locos.

    Me queda la vaga esperanza de que ahora que vivimos la era del influencer y el bocazas tiktoker, el espacio aéreo de la escritura se vaya poco a poco liberando de una pizca de tanto ruido, no en vano escribir, aunque sea mal y sobre nada, es y será siempre mucho más difícil y laborioso que simplemente darle al botón de grabar y desovillar el terror de la sin hueso.

    Por lo demás, pese a que no son muchos los escritores a los que se me antoja necesario leerles absolutamente todo, hasta las servilletas con su lista de la compra, Greene me sigue pareciendo uno de ellos.  

 

 

enero 11, 2026

Cómo ser Bill Murray (2016) de Gavin Edwards

 

 


 

    Curiosa forma de biografía, confeccionada a base de anécdotas en las que Bill Murray es la salsa picante que lo mueve todo, supuestamente reales todas ellas, aunque ve tú a saber qué hay en cada una de verdad o de apócrifo. Libro extraño, porque el autor juega a vendérnoslo como "de autoayuda", pero hay que pensar que no es más que otro chiste, porque de lo contrario no cuela; para empezar, porque resulta difícil creer que todo lo que se nos cuenta pasó como se nos cuenta y todos los personajes implicados se tomaron lo que pasó como se nos cuenta que se lo tomaron; y para continuar, y aun suponiendo que todo pasó y se encajó como se nos cuenta, para un lector, digamos, "europeo", el conjunto no tiene ni la mitad de gracia de la que se pretende... Pese a todo, ojalá Bill Murray fuese de verdad al menos la mitad del retrato que de él se nos hace, y la gente pudiésemos también aplicarnos el cuento del "murray's way of life" esa misma mitad a nuestras propias vidas, sin duda el mundo sería un sitio mejor de lo que es.

    Libro extraño, como decía, que en Estados Unidos se publica porque en Estados Unidos la palabra extraño no es ningún impedimento para nada que tenga que ver con el ámbito comercial, y aquí en España la única editorial que realmente podía sacarlo, que es Blackie Books, no sólo lo publica sino que hasta lo reimprime varias veces, fenómeno que es aún más extraño y bizarro y que, dentro de mi cabeza recalcirota sólo se explica porque Blackie Books es de las pocas editoriales en este país que puede permitirse vender muchos libros más por lo cuqui de su presentación que por el libro mismo, lo que no me parece ni bien ni mal, no es más que otra forma de estrategia para no echar el cierre.

    El problema en este país, como siempre, no es que la peña compre libros, sino que se los lea, y una vez pasas por caja a la editorial le tendría que importar bien poco qué hagas con el libro. Su estrategia acaba ahí.

    Pese a todo, yo me lo he leído, supongo que un buen montón de peña acabó leyéndoselo también. Yo lo leo porque se lo debo a Murray, que fue el motor de dos de las películas que, en diferentes momentos de mi vida, más veces he visto, los Cazafantasmas y la del Whisky japonés. Gracias.

    Leído hoy, leído ahora, cuando Murray también ha caído en la pira sagrada de la cancelación sumaria, cuando seguramente ya en Estados Unidos todas las copias han sido también quemadas, adquiere una insospechada y del todo paradójica dimensión que no deja de ser, al tiempo y en sí misma, un chiste malo que hasta el propio Murray habría quizá aplaudido desde la oscuridad de su arrepentimiento.

 

 

enero 01, 2026

Punzadas de fantasmas (2010), de Hirokatu Kihara y Junji Ito

 


   Qué raro título es punzadas de fantasmas. Punzadas. Luego lees el epílogo del autor en el que explica, entre otras cosas intrascendentes, por qué el editor decidió que la cosa se llamase "punzadas" y aún lo entiendes menos. Parece que el concepto viene a ser —o mi cerebro retarded entiende que viene a ser— las historias de fantasmas estas, insertándose a picahielo en tu cocorota para no poder salirte de ellas nunca jamás. De los jamases. Es decir: de repente, en mitad de la noche, te despierta un pinchazo que te crió a la altura del hígado. ¿Qué ha sido eso? ¿Un pedo extraviado o un fantasma?.. Nunca lo sabrás del cierto. Bizarrías del imperio del sol naciente.

   Por lo demás, tenemos aquí un buen puñado disfrutón de historias mistéricas y weirdosas del amigo Kihara —en realidad quién lo conoce—, ilustradas por el gran Junji Ito. No son historias de terror. Cuidado. Son historias que ocurren antes de que empiece el terror, justo en esos extraños segundos y/o abruptas disrupciones de energía en las que el otro mundo consigue rasgar el tejido de nuestra ordinaria realidad y nos guiña el ojo.

   La historieta final a cargo de Junji Ito lo explica bien. Terror y horror y casi me cago encima del susto es lo que viene después, cuando en lugar de hacer como si no hubieras visto nada y aguardas con la mirada gacha a que el tejido de la realidad se remiende, le devuelves el guiño a las tinieblas... Ahí sí que ya empiezan tus problemas. Estás marcado. Para un siemprejamás en el que muy probablemente no has de durar demasiado...


Pepping Toom:

 

Junji Ito, Viaje de graduacion en verano (en Punzadas de fantasmas)


El intituto (1991) de Solano López y Ricardo Barreiro,

 

     

   Tomito rústica  de erotismo fluffer y ponofilfa gauchesca recopilatorio de historias anteriormente aparecidas en revistas guarrix de La Cúpula. Nos explica una historia como de mujeres empoderadas avant la lettre...

    Hay un instituto victoriano para señoritas que hace las veces de tapadera para una secta. La dicha secta rinde culto a Ishtar, diosa sumerio-asirio-babilónica, y puede incluso más adjetivos que ahora no me vienen... La tal Ishtar es diosa de la guerra. Diosa del Amor. Diosa de la Fertilidad. Y Diosa también de la coyunda, por supuesto. Las sectarias aspiran al retorno del Matriarcado. Las sectarias aspiran a la emasculación del Patriarcado. Luego sabemos que toda esa palabrería no es más que un pretexto para sacar cochino dinero, lo de siempre... Asistimos al duro aprendizaje de Lilian Cunington, que es como la Paul Atreides de Ishtar en la Tierra. No sabemos si su poder le alcanzará para liberar Arrakis, pero sí, desde luego, le da para destruir el Instituto, con su Institutriz Führer y todas sus sectarias feminazis dentro. Mola.

    Como a los argentinos librepensadores lo de las dictaduras es una herida que les duele mucho, les sangra siempre, no les deja dormir ni hacer la digestión, Barreiro y Solano no dejan aquí de hacer su pequeño alegato antifascio, por mucho que al fin y al cabo no estén haciendo más que un tebeo de tetas.

   Hoy día, treinta años después, su interés es ante todo y sobre todo antropológico, pues, como ya sabemos, en estos tiempos de cancelación que nos ha tocado vivir hacer un tebeo de tetas podría catalogarse directamente como trabajo de riesgo...

   A nivel de fantastiqueverso y ominosidades, tiene poderes psi y telequinesis venusina. También se sacan de la manga el Necronomicón. Cómo no, siempre el Necronomicón... Hay también un pseudo hunchback-de-Notredame, que hace las veces de chiste interno y sutil (o no tan sutil, depende de quién tenga que reírlo...). Ah, y hay también la típica mansión envuelta en la tormenta primero, y en purificadoras llamas después: toda alma nacida bajo el influjo mágico de la casa Usher sabe que allá donde haya un casoplón gótico y maldito yéndose al carajo, siempre hay que estar.

   Además, por lo visto, tuvo continuación con el Dr. Jekyll y Jack el Destripador de por medio, ahí es nada...

   La Special Guest Star de todo el asunto, aunque sea por omisión, es, por supuesto, Leopold von Sacher-Masoch, quien sin duda habría firmado la novela. Si hubiese nacido en tiempos de Lovecraft. O aún mejor: de Jodorowsky. Suerte para todos que ninguna de las dos...

Pepping Toom:

 
Francisco Solano López, El instituto (1991).


diciembre 06, 2024

Incidente en Green Round (The Green Round, 1933) de Arthur Machen

 


    Novela tardía y probablemente no del todo conseguida, habida cuenta su carácter alimenticio, «Incidente en Green Round» de Arthur Machen tiene, sin embargo, dos puntos fuertes que por sí solos la deberían justificar ante un buen lector de literatura fantástica.

    De un lado, la idea de un personaje que es seguido a todas partes por un ser de dudosa apariencia y más que aviesas intenciones. Un ser que todo el mundo percibe excepto el propio protagonista, del cual dicho ente se ha convertido en maligna sombra...

    Del otro, la imagen terrorífica de un amigo que de repente, entre parpadeo y parpadeo, justo ante nuestros ojos petrificados, se convierte en una forma de horror indescriptible para acto seguido desaparecer en una oscuridad llena de pavor. Un segundo de horror tan potente como para colapsar una vida de puro terror. Y después la pregunta... ¿Una pesadilla? Pero... ¿estaba soñando realmente? No podría asegurar ni una cosa ni la opuesta.

     La clave de la mejor ficción de horror es precisamente esa sombría frontera de incertidumbre, no poder estar cien por cien al cabo de la seguridad de ninguna imagen ni de ningún pensamiento, pero tener que afrontar los extremas sensaciones que los acompañan.

    Cuando terminamos «Incidente en Green Round» no tenemos la seguridad de si la tenebrosa compañía que acosa a Lawrence Hyllier, su protagonista, provenía del mundo de lo sobrenatural o del fondo de su mente enferma de lecturas, pero sospechamos, no sin un ápice de inquietud recorriéndonos el espinazo,  que el miedo, fuere cual fuere su fuente, podría llegar a ser tan fuerte y tan poderoso como para traspasar el umbral que separa la carne de la pesadilla. Y una vez hecho carne... ¿Dónde esconderse?

 

 



noviembre 04, 2024

La estancia oscura (The Dark Chamber, 1927) de Leonard Cline

 


 

     La estancia oscura a la que alude el título es la desmemoria. O el sueño reparador. La desconexión necesaria para mantenerse a este lado de la cordura. Sin la capacidad de dormir y olvidar nuestro cerebro podría, tal vez, recordar a la perfección todos y cada uno de los momentos de nuestra vida. Y no sólo eso. Rememorar y retrotraer todas las vidas y formas de vida que nos precedieron desde al albur de los tiempos. En tales circunstancias, ¿acaso no estaríamos a un paso de la Divinidad? De una monstruosa e insostenible Divinidad, por otro lado...

    En mi cabeza le doy vueltas al chicle de si ésta es o no una novela de terror, ya ni siquiera me planteo la encrucijada de si es o no una buena novela, que no lo es, por supuesto, por mucho que agradase a Lovecraft, y a veces lo elástico del chicle me alcanza hasta para pasear por la incertidumbre de qué destino hubiese tenido este libro si al solitario de Providence no le llega a dar por hablar bien de él... Obviamente tiene elementos que, mejor aprovechados, habrían dado para una gran novela de horror ontológico. Desde luego, si Cline hubiese sido un escritor más competente, muy probablemente «La estancia oscura» no habría necesitado de los parabienes de Lovecraft para acumular lectores a sus espaldas, se habría defendido por sí misma.

    Su problema principal es querer tocar demasiados palos, y si hay un género que no perdona la dispersión, ése es sin duda el terror. La historia gana y pierde impulso en la misma medida que su narrador, Fitzalan, se va dejando llevar por diferentes impulsos y meandros: ahora el miedo, después el deseo, el amor entre medias, una pizca de culpa por aquí, otro de hálito creador frustrado por allá, para volver en última instancia al horror primero y al amor redentor después. Y la cosa no se sostiene porque ninguna de esas emociones acaba teniendo ni la suficiente fuerza ni el suficiente protagonismo.

    Aunque semejante amalgama no termine de cuajar, sin embargo, mantiene aciertos lo justo notables para acabar sosteniendo el libro en pie. Estoy pensando en la propia mansión, Mordance Hall, que, a la manera de la mítica casa Usher, acaba reflejando en su soledad y lobreguez finales la decadencia moral de sus disolutos moradores; por supuesto pienso también en Richard Price, hombre de acción convertido en decrépito monstruo debido a su inveterada obsesión por el ejercicio de la memoria; pienso en ese enorme edificio de tres plantas incrustado en la roca, que sirve de almacén a los recuerdos y archivos de Price, un hombre que lleva 35 años sin vivir la vida porque decidió que su única prioridad debía ser recuperar la esencia y la fotografía exacta de los 40 que ya había agotado; pienso incluso en el fiero y negro perrazo, Tod, trasunto de muerte ya desde su mismo nombre, pero que, inopinadamente, nos guarda alguna que otra sorpresa para el final.

    No obstante, el verdadero hallazgo de «La habitación oscura» es el contraste entre exterior e interior, o la acción corrosiva del tiempo sobre el espacio, con su abanico de estaciones, todas ellas, empero, disfrazadas de invierno, ovillándose sutilmente sobre una mansión que no conoce la luz eléctrica y a la que, poco a poco, se le van apagando todos los fuegos, hasta dejarla congelada de frío y de desolación. Incluso cuando finalmente la primavera llega y se produce el deshielo, ya es tarde, el invierno persiste, su humedad ha calado en la casa, pudriéndola, y sus ocupantes han enfermado fatalmente, de frío, de locura y de desamor.

    Resulta curioso, pues, que Leonard Cline no fuese capaz de legarnos una buena novela de horror acorde a su tiempo, pero sí en cambio un bello retablo gótico de extraña atmósfera, en pleno siglo XX, cuando ya se suponía que todos los castillos azotados por la tempestad estaban gozando de su más que merecidos años de jubilación.

 

 


 

octubre 30, 2024

El Enigma de las Palabras Muertas (Dying Words, 2006) de Shaun Hutson

 



    El primer enigma de la cosa ésta es cómo coño un libro que en shakespiriano se intitula "Dying Words" se acaba traduciendo en quixotesco como «El Enigma de las palabras muertas», la responsabilidad de esta sandez, como sabemos, fue indirecta pero enterita del ínclito Dan Brown. 

    Otra cosa que ni se entiende, por marciana, es que novela semejante saliese al mercado español bajo el auspicio de Minotauro, lo que demuestra, junto con otros no menos marcianos títulos de su catálogo en aquellos años (muchos de ellos, como éste que nos ocupa, en su Colección Hades), lo perdida que anduvo la dirección del sello en los años que sucedieron a la compra de la mítica editorial del gran Paco Porrúa por parte de Grupo Planeta.  

    El resto de sandeces, es decir, la novela entera, fue toda ella, sí,  culpa directa de Shaun Hutson. Que quién coño es Shaun Hutson. Pues Shaun Hutson es y será siempre el autor de la novela que nuestro querido Juan Piquer Simón convirtió en la truñopeli de las babosas asesinas: «Slugs. Muerte Viscosa». Si no sabes de qué peli te estoy hablando, amigo mío, no sé en qué dilapidaste tu adolescencia, pero tengo claro que videoclubs no pisaste ni uno...   Por lo demás, quién sabe, algún día puede que hasta me le lea la novela y todo.

    La que sí leí fue ésta, "Dying words", que es una cosa bastante mala y bastante reaccionaria, pero me interesaba la idea central de la trama, del enigma de marras, y que, en resumiendo, viene a exponer que, en ciertas circunstancias, la escritura puede cobrar vida, cuerpo, carne y sangre y, ya puestos, las más homicidas y sanguinarias intenciones.

    Al margen de esta idea, que me parece lo mejor y prácticamente lo único salvable del libro, uno asiste con cierta sonrisa cómplice a los pequeños ajustes de cuentas para con la industria editorial que Hutson va perpetrando a lo largo de sus páginas. No conforme con irse ventilando, uno a uno, y de las formas más cafres y gore imaginables, a un editor, un crítico literario y una relaciones públicas (editorial), Hutson guarda el peor de los finales para Frank Denton, un escritor de terror superventas que dejaría en pañales al gran Sutter Cane de John Carpenter. Cuesta muy poco imaginarse el estudio de Hutson mientras escribía esta novela, con la cara de todo un Stephen King sonriente colgando de la pared, a modo de diana, y seis o siete dardos perforándole los ojos miopes...

    Otra cosa muy interesante que le encuentro a perder el tiempo escribiendo sobre estos libros de mierda es que tirando del hilo del internete me topo con cosas surrealistas y del todo psicotrónicas, como que al bueno Shaun Hutson, a parte de encargarle la novelización UK de "The Terminator",  le invitaron también a meter la cuchara en escrituras mercenarias tan chachis como novelizar pelis de la Hammer:  "Twins of Evil", "The Revenge of Frankenstein", "X The Unknown"... 

    Joder. Ganarte las garrofas haciendo eso es muchísimo más divertido que escribir tu propia mierda. ¿O qué? 

      


"Slugs, muerte viscosa", de Juan Piquer Simón


octubre 26, 2024

Carcoma (2021) de Layla Martínez

 


    Vaya por delante que este me parece un libro trascendente, no sólo por su valor intrínsecamente literario, que es mucho, también y probablemente incluso más por la altura de su vuelo como fenómeno más allá del puro texto. Optar a ganar el National Book Award con esta pequeña novela de terror, probablemente el mayor galardón de las letras estadounidenses, no es ninguna minucia. Porque se trata de una primera novela. Porque su autora cuenta sólo 37 años. Obviamente, porque el libro está escrito en lengua no inglesa. Porque transcurre en una Cuenca profunda que allá, en las Altas Américas, ni siquiera es topónimo que pueda calificarse de antípoda, aunque en realidad, y a la postre, comprobaremos que no sucede en lugar ninguno. Y, sobre todo y final, porque, al menos en apariencia, es un libro de género, y se vende como tal, aunque nuevamente a la postre esta adscripción podría cogerse muy con pinzas.

    «Carcoma» es la historia de un matriarcado maldito. La historia de cuatro mujeres, cinco en realidad, porque la Casa es también mujer, y probablemente la madre y semilla de toda la estirpe, esclavas del odio, que las roe por dentro hasta consumirlas, hasta dejarlas en el frágil y podrido esqueleto, como la carcoma del título. Mujeres atrapadas en una una casa también maldita, que no las suelta sino es para hacerlas desaparecer en el limbo, ya que ni siquiera muriendo podrán escapar a su yugo espectral.

    El libro de Layla Martínez habla de la extorsión silenciosa, y de cómo su inmediata consecuencia, el odio, escanciándose gota a gota en el interior de sus protagonistas, acaba tomando cuerpo y sangre en forma de venganzas, magia negra y horror sobrenatural. La extorsión del patriarcado. La extorsión de las clases pudientes. La extorsión del paisaje vaciado. Y, cómo no —y para variar, ya tardaba, siempre lo mismo...—, la extorsión de los vencedores de una guerra civil que lo impregna todo de indecencia, y son esta Tierra y este suelo contaminados de ignominia y vergüenza, sobre los que se asientan los cimientos de una casa cuya sombra arrojará desgracia tan adentro como afuera de sus paredes durante generaciones.  

    Como decía al principio, no le puedo poner ni un pero al libro, creo que hace muy bien todo lo que pretende y, por supuesto, ha conseguido muchísimo más de lo que seguramente imaginaba, obviamente si una historia traspasa fronteras de la forma que ésta lo ha hecho es porque toca las teclas adecuadas, y la música suena bien en muchas cabezas.

    Diferente es que mi cabeza está ya muy trastornada, y cuando yo me asomo a este libro, ante todo y sobre todo, es porque se trata de una historia de casa maldita no anglosajona, y cuando termino el primer capítulo, maravillado, diciéndome que al final hasta va a ser verdad que lo es, de auténtico terror, con su casa maldita y todo, ¡y en castellano ibérico nada menos!, nada de lo que viene después está al nivel de las expectativas suscitadas.

    Habrá que seguir buscando... En Daria Pietzrak. Quizá...

 

 


octubre 20, 2024

Y su sonrisa desligará el Universo (And her smile will untether the Universe, 2017) de Gwendoline Kiste

   


    Noto que me he hecho y sorprendido viejuno, por ejemplo, en que no alcanzo a columbrar en qué insospechado momento o transición de segundos una gran parte de la literatura de terror, horror o simplemente «de miedo» que yo conocía, derivó en llamarse y etiquetarse  como Weird Fiction o Ficción Extraña, tal que así, en un abrir y cerrar de ojos, y al siguiente parpadeo lo que pasará es que estaré ya fiambre, tiesito y en la caja, aunque falta por saber si me alcanzará la vida en muerte para levantar mis huesos machucados de la sepultura y vagar por las noches estirándole al durmiente personal de la manta...

    En esta colección de cuentos de Gwendolyn Kiste, finalista de un Bram Stoker —que se llevaría Joe Hill—, hay también un buen puñado de fantasmas, fantasmas weird, pero sobre todo hay un buen puñado, aún mayor, de mujeres weird, mujeres extrañas, raras, insólitas, también excepcionales, por qué no, pero ante todo muy solas, y sólo hasta cierto punto bastante desamparadas, víctimas de una sociedad demasiado normal, para la que no están hechas, ni lo estarán nunca, y debe ser por este determinismo que casi todas las mujeres de Kiste acaban huyendo, desapareciendo o abandonando voluntariamente un mundo cuyo propósito último fue siempre el de asimilarlas antes que comprenderlas, o siquiera, al menos, darles un poco de espacio.

    Son 14 cuentos. By Dilantando Mentes Editores (Great Weird descubrimiento...):

    

    «Algo prestado, algo azul»: La protagonista de este relato da a luz pájaros en lugar de bebés. He aquí un hecho bastante raruno, ¿cierto? El marido la abandona, claro, eso lo primero. La sociedad la margina y la inunda de maledicencias, eso lo segundo. A la humana sociedad no le gusta que las mujeres paran otra cosa que bebés. Sin plumas. Sin Pico. Bebés sonrosados y lo más normales posible. Y no es que la humana sociedad le haga ascos a los freaks, eso ya lo sabemos, pero sólo los tolera si es que están bien vigilados y contenidos y generan sus buenos ingresos. Como en los circos. En la televisión. O en yutub. Se me ocurre. El caso es que la protagonista de este relato quiere poder educar a sus hijos, sus pájaros de sus entrañas, sus polluelos. Pero la humana sociedad eso no lo quiere ver ni en pintura. Y esto sólo se explica, entiendo, porque la humana sociedad aún no ha ideado cómo convertir semejante anomalía en dividendos... A mí los pájaros me dan mucho respeto, porque siempre veo en ellos el dinosuario que fueron. Si miro atentamente la foto de la autora de estos cuentos creo que sí tiene un poco jeta de pájaro... 

    «Las diez cosas que hay que saber sobre las diez preguntas»: La siguiente gran pandemia tras el covid será la gente que decide desaparecer de este mundo. Se las pira, sin más. Sin duda es gente juiciosa que por fin ha llegado a la verdad esencial de que esto no hay quien lo soporte, para qué esperar la muerte cuando puedes sencillamente esfumarte y ya. Pero para la gente que se queda en este valle de lágrimas ése aún es un plato difícil de tragar. Sobre todo si quien desaparece es tu media naranja... Este no sé si cuento o manual de instrucciones explica la historia de dos amigas que aspiraban a ser algo más que amigas, pero el poder atractor del Absurdo se mete por medio...  El suicidio entendido como extinción silenciosa —a la par que juiciosa.

«Un réquiem en una bañera»: Otra que se suicida. A la Kiste le pone mucho escribir el suicidio. La que se quita de en medio ahora es la hermana de la narradora, quien para no perder lo último que le queda de su hermana, pues no se le ocurre otra cosa que conservar la bañera llena de su sangre una vez retirado el cadáver. Litros de lirismo malsano que sólo pueden darse en norteamérica, donde, ya se sabe, cualquier persona con la justa sensibilidad poética puede permitirse el lujo de sacrificar uno de los baños de la casa para convertirlo en altar.

«Todas las manzanas se han marchitado hasta volverse grises»: Es la reescritura malevolente del cuento de Blancanieves. Me ha gustado mucho este cuento. Sobre todo la nada sutil y del todo clara voluntad de la Kiste de no crear un solo personaje masculino que no sea un cretino hijo de puta. Funny.

«El hombre que habita en el sagrario»: Este cuento son las cartas de amor de una adolescente al fantasma que habita en su armario, sagrario, mueble sueco o qué se yo... El fantasma no le hace ni puto caso, pero ella sigue erre que erre con su devoción espectral-platónica... Los años pasan y la chica se hace mujer. Deja domesticar su esencial y salvaje alma femenina por las convenciones de la sociedad patriarcal. O lo que es lo mismo y aún peor: se convierte en esposa. Y aún peor o lo que es lo mismo: se deja preñar por un hombre (ése sucio animal)... Es demasiada presión para una niña que siempre quiso vivir la magia del amor con un espectro. Así que no le queda otra que emprender la huída hacia adelante, metiéndose en el sagrario, armario, ikea item, o yo qué sé qué oscuras maderas...     

«A ver si me encuentras, mami»: Uf, este cuento no sé. Los cuentos de menos de 4 páginas son casi siempre un tiro en el pie. Menos cuando los firmaba Fredric Brown... Y aún te diría que hasta cuando los firmaba Fredric Brown... Hay una madre. Y una hija. La hija desaparece. O se la llevan. El caso es que la madre la perdió de vista y la Kiste le lee la cartilla. Por haberse dejado sustraer a la niña y por haberse dejado embarazar, eso sobre todo... Por suerte es una cartilla corta... Filfa.

«Audrey llega de noche»: Otro gran cuento de fantasmas con final, aunque no del todo inesperado, bastante satisfactorio. Comenzamos a entrever los estilemas de la autora, a saber: amigas muy amigas o hermanas muy hermanas que acaban separadas; el hombre como mal necesario; el hombre como mal innecesario; el hombre, ese sucio animal; la maternidad es una esclavitud; el matrimonio es una trampa; nosotras lo valdremos siempre, aunque nos suicidemos mucho... He de reconocer que cuando el fantasma de Audrey se trepa a la cama de la narradora da un poco de cague.

«Un campamento de verano de cinco días»: Distopía. En un futuro no muy muy lejano, a las niñas rebeldes las llevan a un campamento para lavarles el cerebro a base de drogas y dieta keto. Si no te portas bien no te vuelven a dejar probar los hidratos de carbono en tu puta vida... Las protagonistas son un par de hermanas hermanísimas, por supuesto también amiguísimas. Una de ellas es rebelde y lo otra es sólo lista. Ni que decir tiene que la segunda salva el culo a la primera y el Gran Hermano te Vigila es engañado y abre, finalmente, el grifo de los macarrones a la boloñesa y el pan blanco...

«Una piel dulce como la miel»: La visión y versión de la Kiste sobre el vampirismo no podría ser otra cosa que una banda de, ¿lo adivináis?, amazonas outsiders de la noche que sacrifican hombres (esos sucios animales), para arrancarles la piel a tiras y, literalmente, hacerse con ella unas mascarillas integrales. A todo esto, y por el mismo precio, también nos brinda una historia de amor tóxico y otra de amor verdadero en poco más de 15 sanguinolentas páginas. Muy outré.

«A estas alturas, probablemente me habré ido»: Conste en acta que sigo pensando que la mayoría de cuentos de menos de 4 páginas son y serán un tiro en el pie. Pero el agujero en la alpargata que deja éste es muy divertido...

«A través de la Tierra y el Cielo»: No sé, supongo que será porque soy hombre (ese sucio animal) y se me argumentará, con razón, que en esta cuestión no puedo ser muy objetivo, pero cansa ya un poco tanto tópico negativo de la masculinidad. Querida Gwendolyn, reguapa, me tienes que no sé si lanzarme a las vías del tren o reservar quirófano  para una emasculación...

«Las princesas en sus torres»: Deconstrucción del cuento de Rapunzel de los Grimm. Obviamente, como no podía ser de otro modo en Kiste, el salvador enamorado de la princesa encerrada en la torre también es mujer. Celebración Queer. Tan bella como instrascendente (sobre todo a mis ojos de hombre —¡sucio animal!—, ya un poco harto de tanta androfobia).

«Y su sonrisa desligará el Universo»: Junto con el siguiente y último de la serie, el más logrado y vivo relato del libro. Una pequeña delicatessen a caballo entre la pesadilla surrealista, el tributo cinéfilo y el horror ontológico. Aunque en el posfacio se menciona el libro «Parpadeo» de Theodore Roszak como clara referencia, yo no puedo dejar de pensar en el «Arrebato» de Iván Zulueta. Todos te añoramos, Sharon Tate...

«La novia de Lázaro»: Cada alma en este mundo tiene sus fantasmas, mayores y menores, y está claro que entre los grandes miedos de Gwendolyn Kiste la palma se la lleva el pavor a sentirse encadenada y domesticada. Todos sus cuentos, de algún modo, versan sobre frágiles pájaros, frágiles pájaras en puridad —y perdón por el chiste tan malo, pero era inevitable—, que pierden su belleza y su esencia, y en el camino también la vida, al verse privadas de la libertad y las alas de su libre albedrío, si es que semejante cosa en verdad existe... No es de extrañar, pues, que la última mujer de Kiste en este libro sea una Ícaro que se prende en llamas para no seguir eternamente esclava de una jaula de oro, la del matrimonio, la de la vida normal a un hombre unida, demasiado cómoda, y por demás inconcebible.

 



 


octubre 15, 2024

Más tenebroso de lo que piensas (Darker than you think, 1948) de Jack Wiliamson

 

 


    Muchos años yo detrás de un queriendo y no pudiendo acometer esta novela. Seguro que si hubiese albergado en mí el poder de transformarme por las noches en un perrancano lobisome de los infiernos, como sí hace su protagonista, me la hubiese ventilado en menos de lo que se tarda en levantar la pata y marcar de meados esa farola de ahí...

    En principio esta novela es una reescritura del mito licantrópico. O un esclarecimiento. Un vestir el mito a la luz del siglo XX, que, en cierto modo y si me apuro, acaba siendo en esencia un teñirlo de blanco con agua oxigenada hasta dejarlo casi exangüe. 

    La luz de la razón del siglo de la violencia y de la era atómica dice, por ejemplo, que el hombre lobo, el hombre bestia, nuestra Hyde mitad, tan potente y latente como irracional, puede reducirse a leyes de matemática y enunciados de antropología. Not bad.

    Jack Williamson, escritor eminentemente de ciencia ficción, intenta con la figura del lobo hombre un poco lo mismo que hizo Richard Matheson en «Soy Leyenda» con el vampiro, pero sólo le sale a medias, es decir, que le sale la mitad en la que es competente, que es la de la ciencia, pero fracasa en la del terror, porque con el terror lo que sucede es que no basta con saber escribir y medio dominar el explicarse, hay que tener un algo más en el tarro de las esencias, que es la alquimia dificilísima del escalofrío, al alcance de no tantos.

    Que a pesar de este doble suspenso en atmósfera y capacidad para la inquietud la historia se lea tan bien como se lee, no debe entenderse sino como una gran virtud dentro de su estrecho fracaso.

    El hecho de que «Más tenebroso de lo que piensas», vistos los resultados, no pueda ni deba servirnos como cuento de terror, no es óbice para que no asumamos con una nada sutil sonrisa socarrona el quizá mucho más terrorífico subtexto —por tan ineluctable verdad—que emerge de esta historia, y que no es otro que hasta en el reino de los Superhombres, los Superlobos, las Superbestias y los cualesquiera otros Supermesiánicos Elegidos, los hombres proponen y las mujeres disponen. Así que nada nuevo bajo el sol de la dictadura de las feromonas...