Curiosa forma de biografía, confeccionada a base de anécdotas en las que Bill Murray es la salsa picante que lo mueve todo, supuestamente reales todas ellas, aunque ve tú a saber qué hay en cada una de verdad o de apócrifo. Libro extraño, porque el autor juega a vendérnoslo como "de autoayuda", pero hay que pensar que no es más que otro chiste, porque de lo contrario no cuela; para empezar, porque resulta difícil creer que todo lo que se nos cuenta pasó como se nos cuenta y todos los personajes implicados se tomaron lo que pasó como se nos cuenta que se lo tomaron; y para continuar, y aun suponiendo que todo pasó y se encajó como se nos cuenta, para un lector, digamos, "europeo", el conjunto no tiene ni la mitad de gracia de la que se pretende... Pese a todo, ojalá Bill Murray fuese de verdad al menos la mitad del retrato que de él se nos hace, y la gente pudiésemos también aplicarnos el cuento del "murray's way of life" esa misma mitad a nuestras propias vidas, sin duda el mundo sería un sitio mejor de lo que es.
Libro extraño, como decía, que en Estados Unidos se publica porque en Estados Unidos la palabra extraño no es ningún impedimento para nada que tenga que ver con el ámbito comercial, y aquí en España la única editorial que realmente podía sacarlo, que es Blackie Books, no sólo lo publica sino que hasta lo reimprime varias veces, fenómeno que es aún más extraño y bizarro y que, dentro de mi cabeza recalcirota sólo se explica porque Blackie Books es de las pocas editoriales en este país que puede permitirse vender muchos libros más por lo cuqui de su presentación que por el libro mismo, lo que no parece ni bien ni mal, no es más que otra forma de estrategia para no echar el cierre.
El problema en este país, como siempre, no es que la peña compre libros, sino que se los lea, y una vez pasas por caja a la editorial le tendría que importar bien poco qué hagas con el libro. Su estrategia acaba ahí.
Pese a todo, yo me lo he leído, supongo que un buen montón de peña acabó leyéndoselo también. Yo lo leo porque se lo debo a Murray, que fue el motor de dos de las películas que, en diferentes momentos de mi vida, más veces he visto, los Cazafantasmas y la del Whisky japonés. Gracias.
Leído hoy, leído ahora, cuando Murray también ha caído en la pira sagrada de la cancelación sumaria, cuando seguramente ya en Estados Unidos todas las copias han sido también quemadas, adquiere una insospechada y del todo paradójica dimensión que no deja de ser, al tiempo y en sí misma, un chiste malo que hasta el propio Murray habría quizá aplaudido desde la oscuridad de su arrepentimiento.

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