Este libro es el diario que llevó Greene en su viaje a un lazareto del Congo belga como preparación/inspiración para su novela "Un caso acabado". En sí mismo, no tiene mayor interés que el de leer a Graham Greene reaccionando, por reflejo negativo, al absurdo que supone la escritura. Novelista ya ampliamente reconocido, Greene no hace más que recibir durante todo el viaje las más variopintas peticiones de escritorzuelos o aspirantes a serlo: ¿Por qué a todo el mundo le da por escribir? Greene acaba haciéndose siempre esta o preguntas similares... No es para menos... Escribir... Qué absurda monomanía... Y escribir del escribir, ya ni te cuento. ¿Será por el afán de posteridad connatural a una razón que se sabe condenada a su disolución? ¿Será por el connatural afán del individuo a darle la murga, la serenata y el tostonazo al resto de sus semejantes? Sea por lo que fuere, se ha escrito y se sigue escribiendo demasiado... Peña que no tiene nada que decir, escribiendo; peña que no sabe expresar lo que tiene que decir, escribiendo; Peña que ya escribió todo lo que tenía dentro, escribiendo; Peña que tenía cosas que contar, pero que nunca supo ni jamás sabrá cómo carajo hacerlo, escribiendo... Es de locos.
Me queda la vaga esperanza de que ahora que vivimos la era del influencer y el bocazas tiktoker, el espacio aéreo de la escritura se vaya poco a poco liberando de una pizca de tanto ruido, no en vano escribir, aunque sea mal y sobre nada, es y será siempre mucho más difícil y laborioso que simplemente darle al botón de grabar y desovillar el terror de la sin hueso.
Por lo demás, pese a que no son muchos los escritores a los que se me antoja necesario leerles absolutamente todo, hasta las servilletas con su lista de la compra, Greene me sigue pareciendo uno de ellos.

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